RESUMEN
Francisco fue el primer papa jesuita y el primero de Latinoamérica. Ese solo hecho lo convierte en un papa histórico que rompió el paradigma del papado de la Europa católica y apostólica. Pero, como era de esperarse, Francisco no se quedó anidado en esa trascendencia porque rompió modelos ancestrales y enfrentó con valentía a muchos de los problemas de la Iglesia que la hacían ver desde el ojo popular como elitista y encubridora de los pecados de algunos cardenales, arzobispos, obispos, curas y diáconos.
Francisco fue un papa para recomponer la Iglesia, por eso luchó a favor de los pobres y en contra de la guerra.
Según su visión, llegó al Vaticano desde “el fin del mundo” y lo hizo para librar batallas por la humanidad, la equidad y la ética de un modo sencillo, humilde y esencialmente cristiano.
Desde su investidura, esa luminosa tarde del 13 de marzo del 2013, Francisco se convirtió en el papa 266 de la historia de la Iglesia y del mundo. Lo hizo sobre la conmoción de una sorpresiva y enigmática renuncia de un personaje religioso que se convirtió en papa sobre una estela intelectual impresionante, porque Benedicto XVI tiene un aval impactante de acumulación de conocimiento eclesial y religioso como pocos en la historia vaticana.
Francisco a secas, sin más, enarbolando las proezas de San Francisco de Asís se ha convertido en el papa de las reformas.
Simplemente Francisco. Desde su gallarda humildad fue el primer papa que no nació en Europa, pero, arribó a ella desde América del Sur, allende los mares del Vaticano para picar la marea interior de la Iglesia, armar algunas controversias, provocar a algunos cardenales y “escandalizar” al conservadurismo intestino del clero. Su gran legado fue luchar por abrir la Iglesia al contexto social del mundo contemporáneo de la generación Alfa.
Quiso colocar piedras angulares de transformación por una Iglesia involucrada, misionera, compasiva y empática. Francisco se marchó a los brazos del creador desde un afán infinito por legar una Iglesia esforzada por no condenar, procuradora de integración y acompañamiento.
Su liderazgo le destaca como un ser autentico, cercano, sin complejos para andar junto con los pecadores, cual lo hiciera Cristo. Su liderazgo no buscó ensalzamiento, porque demostró la grandeza de la humildad de proceder con la altura de la sencillez y en ensanchamiento moral que proviene desde las entrañas de la austeridad.
Francisco amó a los marginados, a los menospreciados y buscó cercanía con la gente.
Francisco fue un papa sin la vanidad que produce el orgullo y el éxito pleno del hombre común, se convirtió en allegado, rompiendo el paradigma del papado tradicional. Francisco no se rindió, se enfrentó a sus quebrantos y ejerció su papel hasta el fin de sus días sin tapujos, legando una estela que representa la dignidad de su trabajo convencido de que “Dios observaba” su esfuerzo.
Francisco bendijo al mundo el domingo de ramos, enalteciendo a la multitud que se presentó a escuchar el servicio, conmovida por su voz que temblaba a ritmo de una respiración forzosa.
Francisco nos dio su ‘’hasta luego” con la gallardía de siempre para que le recordemos altivo, listo para sacrificarse por su cruz, la misma cruz de Cristo.
No escatimó esfuerzos por dejarnos su modelo enérgico, desde la fragilidad de su cuerpo débil lanzando su último grito por la paz y por un mundo más humano.
Por: Francisco Cruz Pascual.
