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21 de febrero 2026
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OpiniónJosé Peña SantanaJosé Peña Santana

El país solo avanza cuando se gobierna con visión de Estado

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RESUMEN

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Una lectura histórica del desarrollo dominicano demuestra que el país avanza cuando se gobierna con visión de Estado y retrocede cuando rompe la continuidad institucional.

El desarrollo sostenido no es producto de la improvisación ni del relevo constante de agendas. El país ha avanzado cuando las políticas públicas se han concebido como un proceso acumulativo y cuando la infraestructura y la institucionalidad han respondido a un proyecto de nación y no a intereses circunstanciales. Ese patrón no es reciente; atraviesa nuestra historia y los momentos de mayor transformación coinciden con períodos en que las decisiones trascendieron el discurso y se tradujeron en ordenamiento del territorio, reglas estables y obras con vocación de permanencia.

El ordenamiento ha sido condición del progreso, desde antes de la fundación de la República, el territorio comenzó a ordenarse con planificación. Para el año de 1502, Nicolás de Ovando reorganizó Santo Domingo con una traza urbana regular y un asentamiento institucional permanente. Aquella ciudad planificada no fue un gesto ornamental, sino una decisión política que permitió continuidad administrativa y proyección.

En el siglo XX, durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, el país conoció ciclos de gran infraestructura estatal, se produjo una reorganización material del Estado que dejó una huella material significativa en la organización territorial. Más adelante, el doctor Joaquín Balaguer desarrolló una política sostenida de obras públicas que configuró el paisaje físico del país y consolidó buena parte de la infraestructura vial e hidráulica que aún sostiene áreas importantes del desarrollo nacional.

Sin embargo, es en la etapa democrática reciente donde la idea de un proyecto de nación compatible con institucionalidad, modernidad, planificación y apertura alcanzó verdaderamente mayor coherencia. Los gobiernos del doctor Leonel Fernández integraron infraestructura, modernización del Estado y reforma institucional dentro de una misma visión estratégica.

La transformación urbana de Santo Domingo, el Metro, los corredores viales, la expansión de edificaciones judiciales y educativas, así como la proyección internacional del país, respondieron a una lógica de Estado moderno, orientada a crear capacidades permanentes y no soluciones episódicas.

Por eso, las grandes infraestructuras, aunque ejecutorias de una gestión, ciertamente son, activos nacionales. Son patrimonio del Estado y exigen continuidad técnica, mantenimiento, expansión y evaluación permanente. Cuando se interrumpen por razones de coyuntura, el país no solo pierde eficiencia; pierde dirección.

La lección histórica es clara. La nación no se edifica negando lo construido, sino acumulando, corrigiendo y continuando. El momento exige retomar una cultura de Estado que coloque la planificación por encima de la coyuntura y la continuidad por encima del cálculo político.

Cuando el Estado tuvo proyecto, la República Dominicana avanzó. Cada vez que lo sustituyó por proyectos personales, tuvo que empezar de nuevo. Esa es una enseñanza que el presente no debería ignorar.

La nación se declara en sus símbolos, y se consolida en sus obras.


Por: Jose Peña Santana.

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