ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
11 de enero 2026
logo
OpiniónJavier FuentesJavier Fuentes

El país no soporta el tripartidismo: Un tercero se hunde

COMPARTIR:

A pesar del proceso de inestabilidad post ajusticiamiento de Trujillo (1961-66). El sistema político de la República Dominicana ha demostrado una verdad estructural: de no soportar tres partidos mayoritarios a la vez. Aunque el escenario electoral este poblado de múltiples siglas, alianzas y candidaturas, la historia política ha sido clara en su veredicto: siempre dos fuerzas se consolidan y el tercero en discordia termina hundiéndose, desplazado o absorbido.

El primer intento serio, después de Trujillo, de estructuración electoral democrática se dio con la figura de Viriato Fiallo por la Unión Cívica Nacional -UCN- y Juan Bosch -PRD- (1962).

Sin embargo, el liderazgo reformista de Joaquín Balaguer y la rearticulación del PRD desde el exilio consolidaron, a partir 1966, un bipartidismo de hecho: Partido Reformista (PR) en el poder, y PRD en la oposición. En ese periodo, aunque emergieron fuerzas como el MIDA de Augusto Lora o el Movimiento Popular Dominicano (MPD), Partido Revolucionario Social Cristiano, PQD, MCN, PDP, etc…

Ninguna pudo escalar a la condición de fuerza mayoritaria.

El PRD asumió el poder en 1978 con Antonio Guzmán, seguido por Salvador Jorge Blanco en 1982. A pesar del regreso triunfal de Balaguer en 1986, el PRD siguió siendo su principal contendor. En ese contexto, Juan Bosch, tras haber abandonado el PRD en 1973, fundó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que durante más de dos décadas operó como fuerza terciaria.

Fue en 1990, a raíz de la fragmentación en Bisd y PRI del PRD, y su crisis interna prolongada, cuando el PLD logró consolidarse como una segunda fuerza emergente. En 1990, el PRD retrocedió, quedando en tercer lugar, pero 1994, le tocó al PLD, y en 1996, gracias a una alianza coyuntural con el PRSC (el “Frente Patriótico”), Leonel Fernández ganó la presidencia, iniciando así veinte años de hegemonía morada.

Durante ese ciclo, el PRD mantuvo su peso como segunda fuerza, a pesar de sus divisiones internas y el PRSC absorbido.

La historia volvió a repetirse cuando el PRD se fragmentó definitivamente y dio lugar, en 2014, al surgimiento del Partido Revolucionario Moderno (PRM), que logró ganar las elecciones presidenciales del 2020. El PLD, tras dos décadas en el poder, cayó víctima de su desgaste, escándalos de corrupción, luchas internas y pérdida de conexión con la base. Ese año, Leonel Fernández —ya escindido del PLD— participó con su nueva organización, la Fuerza del Pueblo (FP), logrando un tercer lugar con alrededor del 9%. Muchos lo subestimaron.

Pero en los cuatro años siguientes (2020–2024), la FP creció de forma orgánica, territorial y política, mientras el PLD continuó su declive. Para las elecciones de 2024, aún bajo una gran alianza electoral encabezada por la FP —compuesta por antiguos colosos como el PRD, el PLD, el BIS, el PQDC, entre otros—, el PLD no logró superar el 10 % de los votos, y la FP se consolidó como la principal fuerza opositora.

Es decir, que dos partidos tradicionales —el PRD, ya extinguido, y el PLD, en proceso de ser engullido por la FP— reafirman la tesis planteada en el artículo.

Aunque un partido participe en una gran alianza, si no cuenta con respaldo real, será parte del proceso, pero marginal en la suma electoral.

Casos anteriores lo confirman: Jacobo Majluta, con el PRI, nacido del PRD y Fernando Bogaert del PRSC, con la UD, este originario del PLD.

En el caso de Majluta logró una presencia significativa en 1990, pero en 1994, su partido desapareció electoralmente. Y la UDC, no pone huevo y ni canta como gallo.

Lo mismo ocurre ahora con el PLD: su inclusión en la alianza opositora no impidió su desplazamiento por la FP. De modo que, aunque en las elecciones de 2024 haya existido un bloque opositor diverso, solo dos partidos concentraron más del 80% del voto nacional: el PRM y la FP. El PLD —al igual que el PRD, el PRI o el Reformismo en su momento— han sido desplazados del espacio mayoritario y han entrado en una fase de irrelevancia operativa.

El sistema dominicano tiene una naturaleza absorbente: dos polos se disputan el poder y el tercero, aunque momentáneamente relevante, termina siendo fagocitado. Ni alianzas tácticas, ni liderazgos carismáticos pueden romper esta lógica sin base social sólida ni estructura territorial efectiva.

A menos que se produzca una reforma profunda de la cultura política y del sistema de representación, el país seguirá operando bajo una estructura de poder dual. El ruido de los múltiples partidos no cambiará el hecho central: solo dos contendientes concentran la fuerza, el financiamiento, el arraigo y la capacidad real de alternancia.

En conclusión, la historia de los partidos dominicanos muestra un patrón claro y persistente. El PRSC fue desplazado y extinguido. El PRD ha desaparecido. El PLD está siendo devorado y al mismo tiempo absorbido.

La Fuerza del Pueblo y el PRM marcan hoy las nuevas fuerzas que dominan el espectro político. Y aunque mañana puedan cambiar los nombres o los colores, la lógica seguirá invariable: en República Dominicana, el tercero se hunde y en este momento histórico le  toca al PLD.

¡Eso es así, compañerito!

El autor:

Vive en el Bronx. N.Y.

Ex Catedrático Uasd.

Politólogo, especialidad en Administración Pública

Lic. en Teología.

Maestría en Escritura Creativa.

Maestría en Derecho y Relaciones Internacionales.

Por Javier Fuentes

Comenta