RESUMEN
Al padre Alonso lo conocí una noche en 1992, cuando ingresó al salón de clases, mientras impartía docencia sobre Historia Crítica Dominicana, en el Edificio EPC de esa Alama Mater. Entró al aula y se sentó en el rincón a su izquierda en el salón. A seguidas interrumpí mi discurso y le sugerí tomar la palabra, porque sabía que era el señor Rector, debido a que siempre andaba por el recinto mirando y, con su afable personalidad saludaba como iguales a profesores y estudiantes.
Ese fue mi primer semestre como profesor de Ciencias Sociales, gracias a la doctora Celsa Albert Batista, entonces Vicerrectora Académica, quien tuvo a bien recomendarme con el departamento correspondiente.
El padre Alonso se quedó en el rincón del aula y observó mi docencia con detenimiento durante casi media hora. Al día siguiente recibí una llamada al teléfono de la casa desde la rectoría, para que pasara a conversar con el señor Rector. Estuve temprano, una hora antes del inicio de las clases, y allí, tuve el placer de intercambiar con una personalidad extraordinaria de la que iba a aprender muchas cosas importantes de la vida y de la academia en sentido global.
Desde ese momento inicia una gran amistad, que pronto me llevó a conocer a Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, impresionante personalidad, de quien hasta entonces no tenía referencias objetivas, solo lo conocía de oídas.
Gracias a Ramon Alonso, varios años después, desarrollé grandes trabajos para la academia católica en sentido general, porque me recomendó para trabajar los papeles normativos, los programas y las teorías de las carreras que se impartirían en la futura Universidad Católica del Este (UCADE), organización que estructuré, desde el nombre, bandera y escudo, hasta todo lo referente a las normas y documentación.
Gracias a él, también trabajé la documentación para convertir al Instituto Católico de Barahona en universidad. Antes habíamos trabajado dos importantes Maestrías, verdaderos iconos de la formación académica, se trata de la Maestría en Planificación y Gestión de la Educación y la Maestría en Docencia y Gestión Universitaria, pasamos meses buscando datos y adquiriendo libros en distintas librerías nacionales e internacionales. Alonso era un verdadero rector, entregado 24/7 a la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD).
Era un hombre de profunda fe en Dios y de entrega total a sus dos oficios, el cura de párroco y el de rector. Por ambas cuestiones se preocupaba y buscaba cómo hacer mejor a la Iglesia y a la Universidad. Como vicerrector de Planificación y Desarrollo, me alentaba a crear nuevas carreras, especialidades, diplomados y maestrías. En sus tiempos la UCSD era un ágora en la realidad académica y oasis para escudriñar y mejorar la forma de impartir docencia. Todos los meses era obligatorio para los directivos, sentarse a reflexionar un libro importante, con él como moderador, haciendo las preguntas pertinentes como si se tratara de una clase para medir una lectura comprensiva.
En tiempos de Alonso, el profesorado ganaba poco, como siempre en todas las universidades, la diferencia era, que el rector se percibía como un abnegado servidor que servía a todos, sin distinción ni favoritismos.
Era un constante enseñante y caminante de la indagación, que inspiraba. Por ello, cada profesor era un motivado captador de estudiantes y cada egresado, se transformaba en un vocero de las cosas positivas de su Alma Mater.
¡Loor a ti, maestro indispensable, compañero de tantos!
Por: Francisco Cruz Pascual.
