• Porque la universidad es otra cosa
“Toda verdad ignorada prepara su venganza.”
— José Ortega y Gasset
En la historia del pensamiento humano, la filosofía ha sido la fuente nutricia de la crítica, la reflexión y el cuestionamiento de las certezas absolutas. Sin embargo, a lo largo del tiempo también se ha visto empañada por prácticas de exclusión y marginación que contradicen su misma esencia. El llamado ostracismo filosófico constituye una de estas paradojas: la tendencia a excluir, invisibilizar o silenciar a quienes, desde otras corrientes de pensamiento, buscan aportar perspectivas nuevas al diálogo intelectual.
Este fenómeno no es nuevo. Desde la antigüedad, muchos filósofos han experimentado algún tipo de destierro simbólico o real: Sócrates fue condenado a muerte por incomodar con sus preguntas; Giordano Bruno fue ejecutado por sostener visiones cosmológicas que rompían con el orden establecido; y en tiempos más recientes, corrientes enteras han sido relegadas por no ajustarse al canon académico dominante.
Lo preocupante es que el ostracismo filosófico también se manifiesta en la actualidad, cuando determinados líderes del pensamiento prefieren preservar su hegemonía antes que abrirse al diálogo plural. La filosofía, que debería ser la más hospitalaria de las disciplinas, se convierte entonces en un terreno de disputas de poder, donde se teme a la integración del otro y se pierde de vista que el verdadero avance surge del contraste respetuoso de las ideas.
Reflexionar sobre esta práctica excluyente es indispensable. Todo pensamiento filosófico, en mayor o menor medida, suma y contribuye a hacer crecer el acervo humano. Negar la voz al otro o condenarlo al silencio empobrece tanto al excluido como al excluyente, porque debilita la riqueza de la diversidad intelectual.
Superar el ostracismo filosófico exige cultivar la apertura, el diálogo interdisciplinario y la conciencia de que ninguna corriente tiene el monopolio de la verdad. La universidad, en tanto espacio privilegiado del pensamiento crítico, debe ser la primera en garantizar que toda voz filosófica tenga lugar, y que la discrepancia no se convierta en condena.
Quizás sea oportuno recordar que la filosofía no avanza en soledad ni bajo hegemonías cerradas. Su fuerza está en la confrontación respetuosa, en la suma de perspectivas y en la capacidad de reconocer que el otro, con sus diferencias, siempre tiene algo que enseñarnos.
En toda corriente del pensamiento, los conceptos filosóficos juegan un papel interpretativo que garantiza una complementariedad de crecimiento entre las distintas ciencias del pensamiento. Ninguna de ellas debe ser excluida si aspiramos al crecimiento permanente de la filosofía.
“La verdad no pertenece a nadie; solo puede emerger en el diálogo libre de coacciones.”
— Jürgen Habermas
Por Dr. Pablo Valdez
