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14 de marzo 2026
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OpiniónPadre Manuel Antonio García SalcedoPadre Manuel Antonio García Salcedo

El órgano más importante de toda persona humana

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RESUMEN

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En búsqueda de la salud integral.

Sin lugar a duda, el corazón del ser humano es su misma identidad, su centro, el lugar donde residen sus sentimientos, emociones, recuerdos, posibilidades, deseos, intenciones y metas que alcanzar. Su mismo yo, su propia identidad y su norte. En un estudio realizado de acuerdo con la mejor filosofía académica de estos tiempos, el Papa Francisco nos ha dado la encíclica Dilexit Nos acerca del amor humano y divino del Corazón de Jesucristo.

El amor y la amistad de Jesucristo provienen de su corazón abierto. El término corazón es un símbolo literario que indica a la vez lo más profundo, íntima y referencial de la persona humana. Contrario a esto es la mentalidad superficial sin sentido y esclavizante insaciable de esta sociedad comercial que conformamos.

El “corazón” en la cultura griega clásica refiere a la persona y a sus decisiones en totalidad. El hombre no es una ramificación de funciones sino una unidad vital desde la cual decide de acuerdo a sus responsabilidades. La problemática antropológica de la angustia, la confusión, la desesperanza, la desilusión han de encontrar solución en el corazón humano si en él reside la verdad, si es auténtico, real, enteramente propio,

La verdad en el corazón humano lleva al hombre a conocerse a sí mismo. Si se nutre de mentira y apariencias la maldad y la perversidad lo dirigirán. En el corazón de toda persona está el proyecto de vida para sí y para todos los que le rodean. Pero si el corazón está lleno de mentiras y carece de fundamentos sólidos y honorables será un destructor lleno de falsedad.

El Papa Francisco recurre a su bagaje de jesuita para darnos unos puntos tan propios de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola para orientar y cultivar nuestro corazón con las preguntas decisivas: quién soy realmente, qué busco, qué sentido quiero que tengan mi vida, mis elecciones o mis acciones; por qué y para qué estoy en este mundo, cómo querré valorar mi existencia cuando llegue a su final, qué significado quisiera que tenga todo lo que vivo, quién quiero ser frente a los demás, quién soy frente a Dios. El llamado después de responder a estas preguntas es volver al corazón.

El Papa aborda temas de actualidad como la inteligencia artificial, el algoritmo, el mundo líquido y otros tantos más.

El corazón del hombre es el lugar en que se hace la síntesis de la vida, la visión total y panorámica en un mundo tan fragmentado y parcializado en los extremos opuestos como el nuestro. Un mundo donde todo es pasajero, no fundamentado y de pura apariencia llamativa, es llamado en la actualidad y con razón, líquido. El corazón no debe vivir al ritmo de las tecnologías, de los medios de comunicación, y los ruidos de la confusión. Su rango es la interioridad. No un consumidor serial que vive de la novedad y llamativo del momento, ni de aquello que se le impone desde fuera. A esto se le llama falta de corazón.

La sociedad líquida devalúa a la persona con el idealismo y con el racionalismo individualista.

Las ideas “claras y distintas” y el conocimiento de uno mismo deben hacer síntesis y no coexistir por separado, razón por la que este mundo está enferma. De lo que se carece es del amor, sino el corazón estará devaluado, no madurará a falta del cuidado. Al final de la vida sólo valdrá el amor.

En este primer capítulo de la encíclica papal llamada NOS HA AMADO en relación al Sagrado Corazón de Jesús, se recurre a la filosofía más acabada de la relacionalidad, del diálogo entre el tú y el yo, la persona misma y el Otro, que nos permite la sana relacionalidad entre nosotros y con Dios mismo, quien nos hace la persona que somos. Nadie puede ser persona en plenitud sin relacionarse correctamente con los demás. Esta interacción le llevará una y otra vez a pensar en quien es totalmente trascendente a sí mismo y aún mayor. Es posible creer y conocer a Dios y encontrar un orden regulador, razonable y beneficioso para todos y cada uno en esta existencia.

La inercia y la sensualidad bestial de los gustos y placeres no son el sentido de la vida. El corazón da acogida y da el abrigo del hogar. Una persona desconfiada y distanciada, que reside en sí misma. Las acciones bajo el dominio político del corazón derrotan la agresividad y los deseos obsesivos. El bien mayor, la fortaleza, la inteligencia y la voluntad avivan el latido del corazón.

La ciencia no agota la síntesis que hace el corazón humano. Es solamente un algoritmo. Esta filosofía del corazón o antropología filosófica con sus exponentes más notables, San Agustin, San Buenaventura, Martin Heidegger, Karl Rhanner S.J. y otros nos hablan de la realidad plena del corazón o el amor que es trabajar no para sí mismo sino para los demás. De esta manera es que nuestro corazón se deja templar, armonizar y unificar como silenciosa voz.

Nuestra intención es seguir compartiendo en próximas entregas este escrito que aporta tanto crecimiento y certeza a la hora de entender nuestra condición humana, su sentido y propósito, y no vegetar sin rumbo o devorando lo que esta a nuestro paso.

Por Padre Manuel Antonio Garcia Salcedo. Arquidiócesis de Santo Domingo

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