«Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación inevitablemente chocará con el imperio norteamericano.» Hugo Chávez Frías
Partiendo de la situación actual del régimen chavista, que parece distar de la gloria que tuvo con el comandante Chávez, podría decirse que dejó al peor de los sucesores por la falta de recursos humanos para sustituirlo ante su inminente marcha al misterio.
Esta ha sido la excusa para tratar de limpiar la imagen del arquitecto de la destrucción institucional de Venezuela.
Han ejercido a la perfección la tesis de Lenin explicada en su obra El Estado y la Revolución, respecto a la destrucción del Estado para imponer la revolución.
Tal como lo pronosticó el difunto Carlos Andrés Pérez, víctima de la intentona golpista del 4 de febrero de 1992. De aquella frase cito: “Por ahora”, que dio rienda suelta al resentimiento que surge de la lucha de clases y que venía acumulado desde el Pacto de Puntofijo, el cual rigió el quehacer político venezolano hasta la victoria electoral de Chávez en 1998.
Triunfos que no lograron silenciar a la oposición venezolana, con excepción de su pírrica victoria del referéndum del 2007, cuando los venezolanos dijeron “no” a la propuesta de reforma constitucional, y luego el triunfo electoral en las elecciones congresuales del 2015, autoría de Ramón Guillermo Aveledo, a la sazón secretario general de la extinta Mesa de la Unidad Democrática (MUD).
Luego, la dictadura chavista, con su nuevo líder, Nicolás Maduro, o con las directrices desde las sombras de Diosdado Cabello, apostó a la división de la oposición entre los actores del momento: Henrique Capriles, Leopoldo López, Julio Borges, Ramos Allup y Manuel Rosales. Solo María Corina Machado comprendió que los venezolanos necesitaban esperanza y que no daban para más ante un régimen represivo.
Inhabilitada por una sentencia condenatoria que impedía su candidatura, apostó a unificar a la oposición y endosar su respaldo electoral a Edmundo González, quien venció a Maduro en las urnas, pero la dictadura estafó nuevamente a los venezolanos.
La gran diferencia entre el pasado opositor y María Corina Machado es que ella asumió la consigna “hasta el final”, la cual ha creado la coyuntura geopolítica actual que tiene al mundo como espectador.
Los portaaviones estadounidenses, los cohetes contra las lanchas del cartel de los soles, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) autorizada para operar en territorio bolivariano y la declaratoria del Departamento de Estado norteamericano calificando al cartel encabezado por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello como organización terrorista evidencian que la dictadura instaurada por el difunto Chávez tiene los días contados.
Haciendo memoria, recordamos las risas que provocó en la Asamblea Nacional el hijo de Maduro al afirmar que, si el imperio del norte invadía Venezuela, los fusiles de la revolución llegarían a la Quinta Avenida de Nueva York. La valentía acabó al ver a su padre cantar Imagine de John Lennon y escuchar a Cabello decir, con gran pesar, que nadie puede intervenir ante “el señor de la guerra”.
La realidad es que desde Elías Jaua, Delcy y Jorge Rodríguez hasta Diosdado Cabello han tratado supuestamente de entregar a Maduro ante la posibilidad de establecer una comisión de transición, como ocurrió en nuestro terruño luego de la Revolución de Abril y el gobierno interino de Héctor García Godoy. Parece que el presidente Trump solo desea la salida de la mal llamada revolución bolivariana.
Cada día más cercado, sus aliados naturales, como Cuba y Petro en Colombia, quien afirmó que Marco Rubio desea verlo con el pijama naranja y además está envuelto en un escándalo de alianzas con la disidencia de las FARC para extender su mandato mediante el terror, como ocurrió recientemente con las bombas en una estrategia al estilo de Pablo Escobar en el sangriento 1989, tampoco pueden sostenerlo. En Nicaragua, los pseudos sandinistas a la cabeza del dictador Daniel Ortega están cada día más aislados.
Lula da Silva ha dado la espalda a sus aliados naturales porque sus acciones son indefendibles. El difunto Pepe Mujica también, y el kirchnerismo vive su peor momento ante la gestión gubernamental de Javier Milei.
Mientras tanto, Rafael Correa, después de sus diez años al frente del Poder Ejecutivo de Ecuador, desde el 2017 ni siquiera ha podido volver a su país. Su partido nuevamente perdió las elecciones, esta vez ante Daniel Noboa, y en el 2021 Guillermo Lasso venció a su candidato, Andrés Arauz.
El régimen represivo de Maduro está totalmente aislado.
Lo interesante es que, aparentemente, la administración Trump trataría de hacer un “bateo y corrido”, como se dice en el argot beisbolista. Así lo afirmó en el programa 60 Minutos el senador republicano por Florida, Rick Scott, al sostener que después de derrocar la dictadura de Maduro, su objetivo sería la instaurada por Fidel Castro el primero de enero de 1959 al derrocar a Batista desde la Sierra Maestra y penetrar en La Habana.
De igual forma, el último embajador estadounidense en la ahora cerrada embajada norteamericana en Venezuela, James Story, en el mismo programa mencionado anteriormente, aseguró sin titubear que el régimen chavista es una organización criminal disfrazada de gobierno.
De ser cierto, ¿qué podrían esperar los sandinistas y Gustavo Petro, que ya tiene su barba en remojo?
Solo el tiempo podrá responder, pero parece ser que el ocaso del chavismo es el principio del fin del mal llamado socialismo del siglo XXI en la región.
Mientras todo esto ocurre, el Kremlin y la República Popular China, protectores de Maduro, han guardado silencio ante los acontecimientos.
Henry Kissinger, en su libro China, revela desde cuando existen las relaciones ruso-chinas. Mientras el emperador chino rechazaba a Inglaterra, dando paso a la ruta de la seda y al tráfico de opio, los rusos ya tenían relaciones desde la firma de los tratados de Nerchinsk de 1689 y Aigun de 1858. Luego, el conflicto entre Rusia y Japón por la lucha por Manchuria y el acuerdo de Portsmouth de 1905 dio paso a un conflicto entre los hoy aliados y competidores de Estados Unidos. Finalmente, la ideología uniría nuevamente a rusos y chinos con la Unión Soviética dirigida por Stalin y el camarada Mao Zedong encabezando la revolución cultural china, hasta el revisionismo de Gorbachov, criticado por Zedong.
En la actualidad, esta alianza milenaria ha sido reeditada por Vladimir Putin y Xi Jinping, quienes asumieron la protección del narcoestado de Nicolás Maduro. Ahora han optado por el silencio, abandonando a los chavistas.
Mientras los gigantes que ya no protegen a Maduro y su claqué optan por callar, los gobiernos de la región, con excepción de Cuba, México, Nicaragua y Colombia, han apoyado el retorno de la democracia en Venezuela.
Desde los expresidentes Álvaro Uribe, Andrés Pastrana, César Gaviria, Laura Chinchilla, Vicente Fox y muchos otros, incluso han condenado el silencio de otros exmandatarios de la región, como Ernesto Samper, aliado del régimen de Maduro.
Incluso la dura crítica de Vicente Fox al expresidente Leonel Fernández por su apoyo a Maduro. El silencio ante la ignominia chavista tendrá consecuencias ante la historia.
Ante esta realidad, solo han podido apelar a los comandos revolucionarios que utilizan para reprimir a los venezolanos y a unos pseudos milicianos para tratar de contrarrestar la artillería yanqui, que los supera por mucho.
Es inminente la caída de la dictadura chavista. Para el futuro inmediato de Venezuela, el fragmento del libro de Eliades Acosta 1963: De la guerra mediática al golpe de Estado explica a la perfección lo que se vislumbra. Cito: “Regresar a la democracia es siempre más difícil que abandonarla. Para abandonarla, basta un dictador; para regresar a ella hace falta nada menos que un estadista.”
Sin lugar a duda, la inevitable caída de Maduro en los días venideros será un golpe de efecto favorable para la administración Trump.
Mientras Maduro baila su sencillo “No war, peace”, suena un tic tac. Aparentemente pocos de su camarilla en Miraflores quieren quedarse para el boom.
Pero, ante los absurdos de Maduro, los venezolanos esperan por minutos el retorno a la democracia.
Nicolás Maduro dentro del marco de sus deficiencias cognitivas, pasará a formar parte de un listado de los dictadores venezolanos, como fueron Cipriano Castro que obtuvo el poder con el triunfo de la revolución liberal restauradora y al caer enfermo, fue derrocado por el golpe de Estado de su vicepresidente, Juan Vicente Gómez quien asumió el régimen hasta su fallecimiento en el año 1935 y la dictadura militar de 1948-1958 que sucumbió en las manos de Marcos Pérez Jiménez, quien huyó al exilo al ser derrocado en 1958. El régimen chavista fue la concepción de Hugo Chávez quien murió en el poder y su supuesta revolución bolivariana acabó en las manos de Maduro y Cabello.
La pregunta obligada, ¿cuál será el final de Maduro, exilio o cárcel?
Creo prudente concluir con la siguiente frase del Libertador Simón Bolívar. Cito: “Yo espero mucho del tiempo: su inmenso vientre contiene más esperanzas que sucesos pasados, y los prodigios futuros deben ser muy superiores a los pretéritos.”
Por: Jesús M. Guerrero, hijo.
