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18 de febrero 2026
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OpiniónLEONARDO CABRERA DÍAZLEONARDO CABRERA DÍAZ

El Ocaso de la Mística, la política puro negocio

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RESUMEN

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​En política solemos confundir al dirigente con el líder.

El primero se forja con desempeño y entrega; el segundo nace con ese «sello natural» que marca la diferencia.

Mientras el dirigente gestiona, el líder inspira una certidumbre que convierte sus palabras en banderas de lucha.

​José Francisco Peña Gómez, por ejemplo, poseía el liderazgo de masas más vibrante.

Su camino al poder fue truncado por conspiraciones y prejuicios, y su ausencia dejó un vacío que el PRD no ha podido llenar.

Esto demuestra que, sin un líder de su estatura, las organizaciones tienden a la fragmentación, perdiendo esencia y presencia.

​Joaquín Balaguer fue el pragmático por excelencia.

Dueño de una oratoria convincente, entendió la política como conveniencia y no como justicia.

El tiempo terminó dándole la razón al «Caudillo»: su liderazgo era personalista y no admitía herederos.

Hoy, sus discípulos han reducido al PRSC a un partido rémora que sobrevive a la sombra del poder de turno.

Al final, el partido parece haberse ido a la tumba con él, dejando solo seguidores sin rumbo en busca de acuerdos de subsistencia.

​En cambio, Juan Bosch apostó a la ética y la disciplina.

Construyó una estructura que sus discípulos llevaron al éxito, hasta que la ambición esa «manzana de Eva» los transformó y los empujó a la división.

Hoy, muchos prefieren ser como Absalón, buscando la corona del rey sin el escrúpulo de recordar que el rey era su padre: aquel David que en su niñez fue pastor de ovejas.

​Recuerdo la anécdota de un líder comunitario que, en medio de una crisis, le dijo a su equipo: «No estamos aquí para gestionar problemas, estamos aquí para inspirar soluciones».

Esa frase se convirtió en el lema de su movimiento y les dio la fuerza para superar cualquier obstáculo.

​Hoy abundan los excelentes dirigentes con recursos y discursos técnicos, pero escasean los líderes que logren esa conexión mística con el alma del pueblo.

La gestión ha sustituido a la mística, y la conveniencia inmediata ha desplazado a los principios.

Hoy ni siquiera se guardan las formas; a simple vista, la política se ha vuelto un negocio.

​Con Dios siempre, a sus pies.


​Por Leonardo Cabrera Diaz

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