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20 de febrero 2026
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OpiniónNelson De Los SantosNelson De Los Santos

El nuevo mapa político de América Latina: Lula le pone la tapa al Pomo

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RESUMEN

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El quinquenio 2015 – 2020 de América Latina se caracterizó por una fuerte ola de gobiernos conservadores llevados al poder de la mano de los Estados Unidos con una extraordinaria y bien orquestada campaña mediática anticorrupción (la campaña contra los sobornos de  la multinacional Brasileña ODEBRECH); la cual acompañada de una no menos poderosa maquinaria jurídica,  le sirvió para desplazar del poder a los líderes de los gobiernos progresistas y sus descendientes que dominaron el espectro político de la región alrededor de la primera década y media del presente siglo.

Sin embargo,  al parecer ese proceso se le ha venido progresivamente revirtiendo en los últimos dos años con una fuerza tal, que no solo se ha limitado a restablecer en el poder a parte de esas  fuerzas políticas desplazadas y perseguidas, y fortalecido las que ya se habían mantenido a capa y espada,  sino que  en la actualidad  países tradicionalmente  dominados por gobiernos conservadores o de centro derecha como México, Chile, Colombia y Perú, entre otros, están bajo regímenes independientes del poder hegemónico tradicional. Extendiendo la tendencia a países de Centroamérica como Costa Rica y  Honduras, entre otros.

Tal vez el más perseguido y desacreditado  de todos esos políticos, lo fue Luiz Inácio Lula da Silva del Brasil, hasta el punto que fue condenado y encarcelado por la maquinaria jurídica brasileña que inició con  el famoso escándalo “Lava Jato”,  que dio origen a la persecución “anti corrupción”.   De manera que con su triunfo electoral del pasado domingo,  Lula le pone la tapa al pomo.

No cabe dudas, la historia está demostrando que el legado político de reivindicación social, de los  “desprestigiados” Chávez, Lula, Héctor Kirchner, Correa y Evo, entre otros parece que  impactó positivamente a sus naciones. A pesar de sus  errores y desviaciones y con sus diferencias de matices ideológicos y de estilos de gobernar  (y que bueno que así haya sido), sus  programas de gobierno dieron de probar y  abrieron el apetito de reivindicación social, libertad y oportunidades de progreso de sus respectivos pueblos.

Esa experiencia contagió a otras naciones vecinas. Y ahora son más los países    que están llevando al  poder gobiernos independientes de las  oligarquías locales y extranjeras que le  han dominado desde su fundación, con la esperanza de encontrar el modelo económico, político y social, que mejor se ajuste a las necesidades de progreso y bienestar de las grandes mayorías. No cabe la menor duda. América Latina, como ha afirmado el presidente Petro en varias ocasiones,  está buscando su propio destino, pero debe buscarlo en el marco de la cooperación y unidad de sus naciones.

De ahí la importancia del triunfo de Lula en Brasil. Puesto que  su dimensión  mundial y  su carismático liderazgo regional son incuestionables. Precisamente así reportaba el presidente electo en su cuenta oficial de Twitter el día siguiente de su proclamación: “Ayer hablé con docenas de jefes de Estado. Todos quieren ampliar las asociaciones y trabajar junto con Brasil en el comercio, las cuestiones climáticas y los principales problemas mundiales. Estamos volviendo al mundo.”

¿Será entonces  que volverán a retomar vigencia los mecanismos de integración regional y subregional como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) o la Comunidad  de Naciones Latinoamericanas y Caribeñas (CELAC)? O más aún ¿volveremos a escuchar en los foros regionales propuestas como la iniciativa de Chávez para la creación de un Banco y una moneda única para la región, con miras a reducir la dependencia del dólar norteamericano en las transacciones internacionales?

Resultaría  bien  paradójico que estos procesos integracionistas y estos discursos de independencia  económica comenzaran a cobrar fuerza en esta región tratada históricamente como su patio trasero por parte de Estados Unidos,  precisamente en momentos que el   vecino  del norte, se encuentra enfrascado en una costosa  guerra contra  Rusia y China en la lejana Ucrania,  por la primacía mundial de su imperio y la defensa  de su moneda y sus intereses económicos, políticos y militares en el viejo continente y en el mundo.

 

Por Nelson De Los Santos P.

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