El nuevo camino

Por Manuel Hernández Villeta

La segunda mitad del siglo 20 se caracterizó por las dictaduras en toda América Latina. La expresión de protesta contra los militares  calificados de gorilas fue la lucha armada, dando inicio esta faceta con la revolución cubana, y  las FARC como grupo guerrillero.

Los gobiernos dictatoriales, en una mezcla de civiles y militares, contaron con la anuencia de los Estados Unidos, hasta que algunos, como el caso de Trujillo, se tornaron inaceptables, y se procedió a decapitar al tirano.

Con el surgimiento de la revolución cubana, cambió la perspectiva de la lucha contra las dictaduras y los gobiernos de fuerza. Se pensó en el establecimiento de guerras de guerrillas, y sobre todo en su llamada máxima expresión que era el foquismo.

Fuera foquismo urbano o rural, se esperaba  que un puñado de hombres, un grupo muy  reducido, fuera el germen embrionario  de la revolución,  y el  que pasó a paso iría ganando seguidores y adherencias del pueblo. Había una gran desventaja entre los militares y los civiles, y la mayoría de estos movimientos fueron exterminados sin llegar a sus postulados de liberación nacional.

Los dominicanos fueron participes en esos movimientos guerrilleros, comenzando con la expedición del Movimiento de Liberación Dominicana, del 14 de junio de 1959, y pasando luego del golpe de Estado a Juan Bosch con los levantamientos  rurales, ahogados en sangre, del Movimiento Popular Dominicano, y después del Catorce de Junio de Manolo Tavarez Justo.

La revolución de abril del 1965 fue la demanda del pueblo de retorno a la Constitucionalidad  sin elecciones. Luego del fracaso y los efectos colaterales de los gobiernos del doctor Joaquín Balaguer, se dio el experimento de Playa Caracoles, dirigido por Francis Caamaño.

En el caso de Colombia, uno de sus principales focos guerrilleros fue el movimiento M19. De corte nacionalista, con cierta independencia de los bloques comunistas de esa época, liderados  por la Unión Soviética y China, combatió a las fuerzas armadas y los paramilitares, hasta que sus principales dirigentes comprendieron que ese no era el camino, y se decidieron por la legalidad y la participación en elecciones.

Hoy esa visión ha dado sus frutos. Un exgerrillero del M-19 es el presidente electo de Colombia. Ganó en la primera vuelta, pero al no obtener los votos necesarios, fue a una segunda ronda. Este movimiento de la neo-izquierda logró concitar el respaldo de sectores del centro democrático, hasta recalcitrantes de derecha.

Gustavo Petro es el nuevo presidente de Colombia. Presenta una renacer de la esperanza. Una muestra de que hay que trillar nuevos caminos, ahora de paz, de concertación y de búsqueda de soluciones a la marginalidad, la exclusión, el hambre, la miseria extrema y la represión. Saludamos su triunfo. Un firme ejemplo de que ahora el camino para llegar al poder se apoya  en el corazón del pueblo, y no en el cañón de los fusiles. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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