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15 de febrero 2026
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OpiniónFlorentino Paredes ReyesFlorentino Paredes Reyes

El muro, es un templo a la ignorancia

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RESUMEN

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Desde que el presidente Luis Abinader inició, el 20 de febrero de 2022, ante la presencia de fotos, muchas fotos, la construcción de la ¨verja perimetral¨ que separará a República Dominicana de Haití y que todos llamamos ¨muro¨. fui de los pocos que alcé mi voz y mi pluma, para alertar sobre el fracaso de esa obra.  Mis motivaciones, fuera de ser antipatrióticas o pro-haitianas, surgen del más profundo análisis, a una obra que tiene fecha de inicio, no así, de conclusión.

Quienes arengaron la construcción de ese proyecto, desconocen por completo los accidentes geográficos, las cuencas hidrográficas, la extensión territorial de la frontera y la relación histórico-económica que ha primado entre los pueblos fronterizos desde 1634.

Estamos de acuerdo que la República Dominicana no puede cargar en sus hombros la crisis haitiana, pero asumir por cuenta propia los costos de ese muro, beneficioso para ambos países, es una acción casi igual al asumir el tema haitiano. Sinónimo de parafrasear el conocido refrán: ¨la cura sale más cara que la enfermedad¨.

Esa obra, debió contar con el consenso de ambos países y con la firma de un tratado que frene el flujo migratorio de esa nación a suelo dominicano.

Un territorio sin custodia, como sucede en Haití, es camino abierto para aquellos que deseen ingresar al nuestro, sin tener las sanciones que estipule un convenio previo. No es responsabilidad de nosotros repatriar a los haitianos, sino de sus autoridades impedir la migración ilegal, como lo hacen todos los países mínimamente organizados. Las autoridades haitianas no frustran grupos de migrantes como hacemos nosotros con los viajes ilegales hacia Puerto Rico con nuestros nacionales. Hacen caso omiso a las oleadas de sus nacionales que abandonan su territorio, sin importarles que con cada grupo se desintegran como nación y hacen más irreversible su penosa situación.

Con casi 390 km de línea fronteriza y al ritmo actual, esa obra sería concluida en el año 2400, siempre que los fenómenos naturales y los conflictos sociales de ambos países no ralenticen su proceso. Para entonces, los primeros tramos de esa majestuosa tarea habrán sido borrados por los pasos de miles de inmigrantes que a diario y bajo la complicidad de los nuestros, se animen a darle una brincadita.

Mientras un nacional haitiano represente unos cuantos pesos al que facilite su entrada a nuestro territorio, no habrá muro que valga. Mientras su mano de obra represente un alivio al empresario de la construcción y al industrial azucarero, serán bien recibidos en territorio dominicano.

El tiempo, que todo lo borra o hace recordar a conveniencia, sea el que de la razón a quienes promueven   la edificación del muro como forma de frenar el trasiego de haitianos a suelo dominicano. Yo por el momento me aferro al hecho histórico para asegurar que esa obra representa una pérdida de tiempo y dinero al actual gobierno que, por seguirle el juego a gente que no conocen un pelo de historia, proponen cualquier salivazo tísico, como cura medicinal. Soy de pensar que, el muro fronterizo, es un templo a la ignorancia.

 

Por: Florentino Paredes Reyes

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