ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
21 de marzo 2026
logo
OpiniónAmerfi CáceresAmerfi Cáceres

El mofongo tiene nombre, y no necesita traducción

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

SANA AL MUNDO

Que Guinness World Records haya reconocido un logro relacionado con el mofongo debería haber sido motivo de orgullo. Y lo fue, hasta que supimos que el nombre original del plato fue sustituido por otro “más internacional”. Una decisión que, lejos de ser un simple detalle logístico o lingüístico, representa una falta de respeto hacia la cultura gastronómica caribeña y, especialmente, hacia la dominicana y la puertorriqueña, donde el mofongo es símbolo de identidad.

Cambiarle el nombre a un plato típico no es una decisión inocente. No se trata solo de “hacerlo más comprensible” para el público global. Es una forma de suavizar, de adaptar lo auténtico para encajar en un molde impuesto por otros. Pero, ¿por qué siempre debe ser lo nuestro lo que se adapta? ¿Acaso alguien en Guinness decidió llamar al sushi “rice roll” para que se entendiera mejor? ¿Tradujeron la paella como “Spanish rice mix”? No.

Entonces, ¿por qué el mofongo no puede llamarse mofongo?

Este tipo de decisiones son reflejo de una tendencia global a blanquear, suavizar o transformar todo aquello que no suene “familiar” al oído anglosajón. Es la misma lógica que convierte nombres de personas en apodos más “fáciles” de pronunciar en otras lenguas. Pero los nombres tienen poder. El mofongo, además de ser una mezcla deliciosa de plátano frito majado con chicharrón, ajo y caldito, es también un testimonio de historia, migración, herencia africana, creatividad criolla y resistencia cultural.

No se trata de un simple plato. Se trata de preservar lo que somos. Cambiarle el nombre es como negarle el acta de nacimiento a una tradición. Y eso no debe ser aceptable. Porque si aceptamos eso con el mofongo, ¿qué sigue? ¿Vamos a rebautizar el sancocho como “tropical stew”? ¿El mangú pasará a ser “plantain mash”? ¿Hasta cuándo permitiremos que lo nuestro tenga que disfrazarse para ser valorado?

El mofongo se llama mofongo. Quien quiera saborearlo, que también aprenda a pronunciarlo. Así como aprendemos a decir lasagna, quiche o cappuccino sin problema alguno.

Guinness cometió un error, y lo mínimo que podemos hacer es alzar la voz para corregirlo.
Porque defender el nombre del mofongo es también defender nuestra cultura.

La autora es periodista, locutora, Lic en Leyes, Empresaria y líder comunitaria.

Por Amerfi Cáceres

Comenta