RESUMEN
La materia prima de las naciones en términos humanos es el conjunto del pasado, presente y futuro. Nuestro presente consiste en la consecución de eventos del pasado que traen consigo expresiones en el presente que nos son fáciles de apreciar. La sociedad actual no es más que la suma de un pasado materializado que interacciona de forma transitoria hacia el futuro. Nuestro problema como nación es el no entendimiento de la dialéctica social en términos de evolución, lo que nos lleva a la concentración única del presente. Enfocarnos en el presente por el mero hecho de la existencia del mismo desemboca en conflictos mal entendidos. Todo lo que tenemos hoy es el evento consecutivo del ayer, y lo que tendremos en el mañana es la interacción del ayer, sumado al hoy y convertido en algo apreciable para el después. El desconocimiento de esto es lo que nos impulsa a mal entender a la juventud de nuestro país.
El ministerio de la juventud es considerado por muchos un intento fallido; una buena idea mal implementada; tal vez para muchos simplemente una mala idea. No es para menos, cuando la convicción de nuestro país nunca se ha enfocado en la visión, sino en el juzgar los efectos del presente desconociendo sus causas; desconocemos que el presente es un efecto, no una causa. La juventud, en términos de percepción se quedó atrapada en ese limbo. Se estancó para nuestro entendimiento, y posiblemente lo mejor que podemos hacer por ellos es el flaco favor de la crítica negativa ausente de propuestas. Sin embargo, existen desconocidos más conocidos en la materia que los que muchos pudieron predecir. Un ministerio tiene como razón de ser la canalización de las necesidades de su colectivo, siendo un representante del mismo ante las autoridades. Los ministerios son relatos organizacionales que conforman una cantidad especifica de individuos que se supone comparten una misión en común. El problema llega cuando ni hay misión ni existe nada en común.
El común en este caso se llama el joven. La cuestión se trata de reencontrarse con ese común. Encontrando ese común se conforman misiones nuevas, entendidas sobre la base de una realidad. La juventud no es enteramente un antro de perdición como muchos la catalogan; posiblemente con sus razones. La juventud es el efecto de haber sido olvidada como variable común dentro de aquellos que tienen responsabilidad de establecer misiones; lastimosamente se convirtió en la disonancia entre la misión y lo común. Es precisamente aquí donde encontramos el fallo de una institución que perdió las variables hasta un punto de no reencontrarlas, o al menos eso pensábamos. El ministerio de la juventud es un canalizador de expresiones que necesitan ser atendidas, necesidades que ameritan ser escuchadas y de acciones que deben proceder en virtud de articular lo anterior mencionado. Hasta hoy, es posible que haya llegado quien conozca las deficiencias y no las aborde con prejuicios negativos. Posiblemente estemos frente un individuo con las intenciones de protagonizar ese reencuentro y marcar una pauta que deberá ser continuada y mejorada para superarse en el tiempo.
Juventud con “B” de barrio fue un sonido negativo para una gran mayoría, producto del mal entendimiento al conceptualizar el barrio. Lo que muchos ignoran es que el presente del que hoy gozamos se conjugo en el mal llamado barrio, como muchos lo interpretan. Un error interpretativo es capaz de hacer morir una causa completa; aniquilar una generación sin ningún tipo de sentido. En nuestro país, el significante barrio nos trae malos recuerdos por nuestra visión limitada como sociedad. Los barrios son las expresiones de la mayoría como sociedad, puesto que, si nos hacemos un análisis introspectivo, nos daremos cuenta que la irresponsabilidad de quienes dirigen la nación se aposenta en eso que hoy llamamos el barrio. Sin embargo, con una intención de cambio, el ministerio de la juventud quiere señalarnos nuestro error en materia conceptual. El ministerio de la juventud, con su actual cabecilla, quiere restregarnos que si existe una vía de entender a la juventud bajo una óptica distinta.
Juventud con “B” de barrio es una cara distinta a lo que conocíamos del ministerio. No se trata de becas y de aplausos; de marketing y propaganda; de buenas relaciones públicas y comunicación efectiva. El efecto se logra cuando la causa se alinea hacia la dirección correcta. Ha llegado, al parecer, una persona capaz de interpretar de forma distinta, y traer al dialogo la razón de ser de la institución. Dicha razón, se trata de acercar el ministerio a los jóvenes y no al revés. Juventud con “B” de barrio es una iniciativa loable que busca interpretar a los jóvenes de forma distinta y posiblemente a la organización misma, ya que busca en la población ser ella quien hace el primer acercamiento. Con esto no debemos entender que la juventud solo está en los barrios, sin embargo, es posible que los que necesiten más si se encuentren ahí. Aplaudo la iniciativa del actual ministro Carlos Valdez, augurándole éxitos y suerte en este programa. Ojalá esta pauta nos deje una huella con la podamos pensar a los jóvenes de manera distinta, entendiendo que muchas veces son más las victimas que los victimarios. El joven es el resultado de su medio ambiente social, y no una configuración fortuita. Dicho esto, tengamos presente otros preceptos cuando hagamos juicio de los mismos. Esperamos como nación que esta iniciativa rescate, al menos los que aún son salvables, ya que nos guste o no, los del presente estaremos en manos de los del futuro; el futuro es esa juventud.
Por Jabes Ramírez
