RESUMEN
América Latina se ha visto inmersa en la destitución de varios de sus mandatarios en los últimos años, en agosto del 2016 la presidente de Brasil, Dilma Rousseff fue destituida por el senado, de igual forma en septiembre del 2015 el presidente Otto Pérez fue acusado de corrupción y se vio obligado a dimitir luego que el senado iniciara un proceso de destitución, en el 2012 el presidente Fernando Lugo fue destituido en Paraguay, y en el 2018 sucedió lo mismo con el vicepresidente Jorge Glas en Ecuador, aunque la peor parte la ha llevado Perú, donde ha destituido tres presidentes en apenas cuatro años: en marzo del 2018 fue destituido Pedro Pablo Kuczynski, en noviembre del 2020 el congreso destituyo al presidente Martin Vizcarra y en el 2022 por la misma vía fue destituido Pedro Castillo, y en las próximas semanas podría correr la misma suerte la vicepresidente Argentina, Cristina Fernández.
Estas acciones han sido apoyadas por intelectuales y expertos constitucionales de la región, llamándolo muestra de modernización política y fortalecimiento de la democracia.
Pregunta de rigor: ¿es esto muestra de institucionalidad y fortalecimiento de nuestras democracias?
La visión de los constitucionalistas de la región es la de un estado liberal por encima de todo, el estado de derecho debe primar y evolucionar, a veces en detrimento del estado democrático, al mismo tiempo los que abogan por esto le llaman democracia a su liberalismo, cuando no es la misma cosa.
Desde sus inicios el liberalismo tuvo tres objetivos fundamentales:
- Político-cultural: separación de la iglesia y el Estado (estado laico)
- Económico: La no intervención del Estado en asuntos económicos (estado mínimo)
- Político: La limitación del ejercicio del poder, y para esto separaron el Estado en tres poderes y crearon normativas que establecieron fronteras a cada poder (estado de derecho).
Mientras que la democracia es poder del pueblo, soberanía popular, igualdad política y social, decisión de las mayorías en los sistemas electorales, una forma de gobierno en la cual el poder no está en manos de uno o de unos cuantos sino de todos o la mayoría.
Por eso Bobbio concluye que, “el liberalismo se refiere al papel jugado por el Estado en relación con la regulación del poder, y la democracia se refiere a la forma en que se distribuye el poder; a la capacidad del pueblo para intervenir en las decisiones tomadas, la igualdad política de participación y la prevalencia de la regla de la mayoría dentro de los sistemas electorales”.
Con la construcción de argumentos jurídicos para destituir presidentes elegidos directamente por el pueblo (lawfare), hemos visto como se ha modernizado y fortalecido el estado liberal en la región, mientras se ha debilitado el estado democrático, y siendo tan importante el equilibrio de estos dos elementos en nuestras democracias liberales, debemos empezar a reflexionar sobre los hechos antes mencionados, porque el liberalismo sin democracia es el estado ideal para que la minoría gobierne a la mayoría.
POR RANDY ESTRELLA
