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3 de enero 2026
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OpiniónJabes RamírezJabes Ramírez

El legado sanitario de Aileen Decamps; cómo una joven regidora revolucionó la salud municipal

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En un país donde parte del ejercicio político cosiste en el exceso de ofertas que difícilmente se cumplen, donde la clase política suele ser acusada de promesas de campaña que posteriormente se olvidan en el poder, la regidora Aileen Decamps ha marcado una diferencia que no debe pasar desapercibida. Su propuesta en la creación de un Banco de Sangre Municipal y fomentar una cultura de donación voluntaria en Santo Domingo Este, inicialmente una promesa electoral, se ha convertido en un hecho concreto. Sentando un precedente poderoso sobre el valor del compromiso político autentico, de la mano de una nueva camada de gestores jóvenes.

Un Banco de Sangre Municipal no solo debe verse como un proyecto que materializa una promesa cumplida, sino como un estándar que eleva lo que debería ser el ejercicio del poder local; una herramienta de transformación colectiva con impacto directo en la vida de las personas. En una sociedad en la que miles enfrentan dificultades para acceder a sangre en situaciones críticas, la creación de un sistema municipal de donación altruista representa un avance extraordinario.

Aileen Decamps encarna una nueva generación de liderazgo joven que no teme pensar en grande, pero que también propone sobre la base del análisis con rigor que ameritan las propuestas sociales. Con sensibilidad, formación y visión institucional, esta joven regidora ha demostrado que la juventud no solo aporta frescura, sino también capacidad para resolver problemas estructurales que muchos políticos han ignorado por décadas, aun dentro del plano de si veteranía. Su iniciativa va más allá de un simple servicio. El proyecto de la conformación de un Banco Municipal de Sangre es un dispositivo de cambio en el marco conductual de la sociedad, basado estrictamente en criterios solidarios.Uno de los grandes aciertos del proyecto

es su articulación institucional. Involucra al Ministerio de Salud Pública, universidades, organizaciones comunitarias y centros educativos. Además de la participación de ONG, las cuales también representan una lucha viva frente a la comunidad necesitada de recursos para la adquisición de sangre. Debemos entender la propuesta sobre la dimensión de un sin número de articulaciones que fomentan la modernización del Estado mismo, involucrando a todos los actores sociales en la construcción de un sistema de salud que aporte iniciativas inclinadas al sentimiento de humanidad comunitaria. También, incorpora una fase piloto con estudios de viabilidad, asegurando que el proyecto se implemente con fundamentos sólidos y no como simple improvisación política.

En el fondo, esta propuesta se alinea con los estándares internacionales en materia de medicina transfusional y acceso equitativo a la salud. Está en sintonía con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre donación voluntaria y gratuita de sangre, y con políticas públicas que países avanzados han aplicado con éxito. La adopción nacional de esta iniciativa implicaría un salto cualitativo para la República Dominicana en términos de cobertura, prevención y resiliencia sanitaria. Esto sin contar con la intención de generar cambios en la cotidianidad de las comunidades.

El valor sociológico de esta iniciativa es otro pilar importante. Un Banco de Sangre Municipal no es tan si quiera una posibilidad teórica si la iniciativa no fomenta de fondo que existan variables que estimulen la donación voluntaria dentro de la comunidad. El proyecto organiza clubes donantes, educa en las escuelas y reconoce públicamente la voluntad solidaria de sus participantes. No solo salva vidas, sino que armoniza la convivencia ciudadana, sembrando valores altruistas, responsabilidad comunitaria y empatía. Pilares dentro de la construcción de una ciudad más justa y cohesionada.

El sistema de salud dominicano, tan frágil ante emergencias y con una demanda constante de sangre no satisfecha, encontraría en esta política un respiro, además de transicionar a otro nivel. Un banco de sangre local puede significar la diferencia entre la vida y la muerte de cientos de pacientes cada año. Ayuda a la descongestión de los hospitales, reducir costos familiares y garantizar un acceso más justo a transfusiones. Es una conquista para el sector salud que este tipo de emprendimientos comiencen a ganar espacios en el dialogo político de nuestro país. Puesto que, va de la mano con la visión de modernización del actual gobierno del presidente Luis Abinader.

Lo logrado por la regidora Aileen Decamps no es un acto aislado, sino un ejemplo de cómo la juventud política puede redefinir el sentido de la función pública. Su caso invita a cuestionarnos como sociedad, y preguntarnos acerca de la cantidad de jóvenes que existe con esta vocación de servicio. Nos hace mirar nuestro alrededor, y comenzar, incluso a tener más expectativas con nuestros gestores. La juventud no consiste únicamente en un rostro nuevo, sino que es el conjunto de esfuerzos que hace una masa política en aras de entender de forma más concreta la sociedad donde se desenvuelve y a la que le toco servir.

La réplica de este modelo en otras demarcaciones y llevarlo al nivel nacional no debería ser una opción, puesto que es un clamor social con carácter de urgencia. Porque una sociedad que garantiza el acceso seguro y gratuito a la sangre es una sociedad que se toma en serio la vida y los derechos humanos. Y porque políticos como Aileen nos recuerdan que el ejercicio del poder consiste en desplazar hacia la comunidad el auxilio necesario. Prometido desde el momento cero, aun con siendo la regiduría un proyecto virgen; divulgado de manera oportunidad desde una campaña en sus inicios, y hoy día se convierte en un marco de salud que se enfoca en la salud comunitaria, desde una óptica preventiva, solidaria y estructural. Enhorabuena para Aileen Decamps.

Por Jabes Ramírez 

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