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14 de febrero 2026
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OpiniónVíctor Manuel PeñaVíctor Manuel Peña

El juicio a Lula

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

El mundo le ha estado dando seguimiento al espectáculo de la justicia brasileña en relación con el caso Lula.

Este caso ha sido insertado o encartado por la fiscalía y la justicia brasileña dentro del esquema de corrupción privado-público conocido como Lava Jato, versión Odebrecht.

Odebrecht y Petrobrás están en el centro de este tinglado de corrupción privado-público.

Este caso de corrupción privado-público ha extendido sus efectos violadores de la ley penal a varios países de América Latina, en los que se han instrumentado expedientes acusatorios contra funcionarios públicos, legisladores y empresarios privados.

Es natural que los expedientes instrumentados en el marco de este complejo esquema de corrupción privado-público se localicen en el ámbito de la jurisdicción penal.

Pero no importa cuál sea el ámbito de la jurisdicción estará reglamentado por ley la materialidad del derecho, el procedimiento a seguir, el debido proceso y las garantías procesales establecidas constitucionalmente.

O sea que cualquiera que sea el imputado tiene derecho a una serie de prerrogativas, debido proceso y garantías procesales, y cualquiera que sea el tribunal y cualquiera que sea el juez tienen que respetar de manera obligada, porque son derechos y garantías que la Constitución y las leyes le asignan a cada ciudadano.

Entremos en el procedimiento penal y el debido proceso. No es posible privar de libertad a un imputado o condenarlo a prisión si no hay pruebas contundentes, irrefutables y fidedignas.

Ningún juez ni ningún tribunal pueden condenar a prisión a un imputado por inferencias o por meras deducciones.

Lo anterior significa que el razonamiento deductivo o inferencial no puede ser utilizado en justicia para condenar a nadie.

“El yo digo y el yo creo” no son pruebas en ningún tribunal y en ningún país del mundo.

En base al “yo digo y al yo creo” nadie debe ser condenado o privado de la libertad, uno de los derechos fundamentales más esenciales en la vida de los seres humanos de la civilización y de la modernidad.

Si la justicia condena a un imputado en base al “yo digo o al yo creo” está cometiendo un gran crimen, una gran injusticia.

Luiz Inácio Lula da Silva, un gigante de la política en Brasil y en América Latina, cumplió en lo esencial con el programa de reformas sociales que prometió al pueblo en los dos mandatos de gobierno del 2003 al 2011: combatió de una manera muy efectiva el problema de la pobreza, sacando de los escombros de la pobreza a 50 millones de brasileños, popularizó la educación universitaria incorporando a los negros, redujo la desigualdad social mejorando la distribución y la distribución del ingreso, en fin, Lula llevó a cabo la empresa de la transformación económica y social de Brasil, a tal punto de situar a este país en el exclusivo club de los países desarrollados del mundo.

Aunque Lula combatió la corrupción en sus dos gobiernos, lo cierto es que la lucha contra la corrupción debió haber sido más trascendente y efectiva tanto en el Estado como en el Partido de los Trabajadores –PT-.

Sin embargo, no obstante la grandeza de su liderazgo y de sus ejecutorias, lo cierto es que ningún presidente ni expresidente está por encima de la ley, por lo que en el marco del debido proceso y del respeto al derecho de defensa, si se prueba en juicio que un presidente o expresidente ha violado la ley (o cualquier ciudadano que sea), específicamente la ley penal, lo correcto es que asuma las consecuencias de la violación a la ley.

¡Ése no ha sido el caso de Lula: ha sido privado de libertad en base a presunciones, inferencias y deducciones, no ha sido valorada ni ponderada una sola prueba que lo incrimine realmente!

La acusación penal contra Lula se basa en “lo que dijo o no dijo” Marcelo Odebrecht.  Si los jueces del Tribunal Supremo de Brasil condenaron a Lula en base a lo que dijo o no el expresidente de Odebrecht, y así fue, eso significa que los jueces no solo negaron totalmente su condición de jueces, sino que mandaron al abismo o desterraron totalmente todos los vestigios y asomos del derecho probatorio.

Pero lo cierto es que el juicio a Lula, que inició hará unos años y que concluye extraña y aparatosamente ahora en el inicio de la campaña electoral para elegir al nuevo presidente y al nuevo vicepresidente de la República, no ha sido un juicio penal bajo el esquema establecido por la Constitución y las leyes adjetivas, sino que ha sido un juicio politiquero que han tratado de ocultar bajo el parapeto o la sombra tenebrosa de la justicia.

Y la tapa al pomo se la puso el jefe de la Defensa en Brasil: amenazó al Tribunal Supremo de que la Defensa intervendría en la política si Lula no resultaba condenado a prisión.

 

¡O sea que el Tribunal Supremo terminó enviando a Lula a la cárcel por amenaza, presión, orden o mandato del jefe del Ministerio de Defensa de Brasil!

¡Ésa ha sido una puñalada trapera al Estado de derecho en Brasil!

Michel Temer, presidente de ocasión muy cuestionado en Brasil, ha sido acusado por jueces y fiscales de haber cometido actos de corrupción, enrolado en el caso Lava Jato y de Odebrecht, sin embargo no ha caído ni va a caer preso.

¡Una justicia parcializada no es justicia!

El plan orquestado por los sectores dominantes de Brasil y sectores extraterritoriales vinculados a Estados Unidos, y del cual es ariete o firme punto de apoyo la justicia, busca enterrar a Lula en la cárcel para evitar o tratar de evitar que éste sea candidato a la Presidencia y que llegue por tercera vez a la más alta posición del Estado brasileño en las próximas elecciones a celebrarse en este año.

Las preferencias electorales, reflejadas en todas las encuestas que se han hecho hasta ahora, favorecen ampliamente a Lula para que llegue nuevamente a la Presidencia de Brasil.

La justicia, al convertirse en punto de apoyo de este macabro y antidemocrático plan, se coloca al margen de la verdad, de la razón, del derecho y de la justicia.

De esa manera la justicia brasileña se convierte en enemigo a muerte del Estado de derecho, de la democracia y de la seguridad jurídica, y se descarta a sí misma como órgano jurisdiccional llamado a intervenir activamente en la construcción del equilibrio, de la cohesión de la sociedad y de la estabilidad del orden público.

Pero una cosa es el juicio politiquero de la justicia y otra cosa es el juicio político de la sociedad.

Lula ha perdido el juicio politiquero de la justicia, pero ha conquistado y ganado con grandes honores, como todo un gigante de la historia, el juicio político de la sociedad.

Y ese juicio político de la sociedad,  presente en cada manifestación de apoyo de las masas trabajadoras, de los sectores populares, en las encuestas, en la opinión pública sana e independiente, en fin, ese potente, moral y moralizante juicio político de la sociedad está acompañando permanentemente a Lula en la efímera prisión que guarda en Curitiba.

¡Hay un volcán terrible que está tomando cuerpo en Curitiba como consecuencia y expresión viviente del tremendo contraste entre la verdad y la mentira, entre la justicia y la injusticia, entre la razón y la no razón, entre el derecho y el no derecho, que está y estará presente en cada instante vivido por Lula en las estrechas paredes de la cárcel!

¡Todo parece indicar que esa ergástula no resiste a Lula preso!

¡Lula es pueblo, Lula es nación, pronto las masas trabajadoras y el pueblo de Brasil, podrán acelerar la erupción del volcán y reventar las paredes de la cárcel en Curitiba y revertir el asunto colocando en prisión a los que sí han cometido grandes crímenes en nombre de la justicia!

¡Cuántos crímenes se han cometido y se viven cometiendo en nombre de la justicia que permanecen y han permanecido impunes!

He aquí un extracto de algunas de las ideas expuestas por Lula en el breve, sustancial e histórico discurso que pronunció antes de entregarse a la policía federal de Brasil:

“Cometí el crimen de poner pobres y negros en las universidades, pobres comiendo y viajando en avión.  Por ese crimen me acusan.  Yo soñé, si ese es mi crimen, seguiré siendo un criminal…..El fiscal dice que no tiene pruebas pero tiene convicciones.  Que guarde sus convicciones para sus cómplices.  Lo que no se dan cuenta es que cuando más me atacan más crece mi relación con el pueblo brasileño….  El golpe no terminó con Dilma. El golpe solo terminará cuando ellos consigan que yo no pueda ser candidato.  Su sueño es la foto de un Lula preso.  Van a tener un orgasmo múltiple con mi foto preso…..La muerte de un combatiente no para la revolución…..Los poderosos podrán matar una, dos, cien rosas pero jamás podrán impedir la llegada de la primavera”.

¿Cómo es posible que jueces y fiscales tuvieran “convicciones” sin tener pruebas de la acusación penal contra Lula?

¿Cómo es posible que fiscales y jueces formaran sus “convicciones” a partir de suposiciones, presunciones, inferencias y deducciones?

La materialidad del derecho probatorio en particular y del derecho penal en general fue sustituida por la subjetividad de jueces y fiscales.

Sencillamente, eso es totalmente imperdonable e inaceptable.

La historia, la moral y el pueblo absolverán a Lula.

¡La primavera llegará con la liberación del hombre que ha sido condenado injustamente en Brasil!

*El autor es economista y abogado.

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