ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
2 de enero 2026
logo
OpiniónLasey Batista DíazLasey Batista Díaz

El juego de la imagen en la era del Super Bowl

COMPARTIR:

Si hay algo que he aprendido tras años de observación, es que no hay nada como una buena disputa pública para poner en el mapa a dos grandes personalidades, y el mundo de la música no es la excepción. Tal es el caso de Kendrick Lamar y Drake. Lo interesante de este «beef, enfrentamiento o tiradera» (como usted le quiera llamar) es que es un claro ejemplo de cómo la comunicación corporativa puede aprovechar las rivalidades para catapultar marcas. Pero, y ojo con esto, ¿cuál es el precio de jugar con fuego?

Empecemos por lo básico: Kendrick y Drake no solo son artistas, son marcas. Kendrick, con su mensaje de conciencia social y autenticidad, contrasta con Drake, el rey del pop-rap emocional y comercial. Esta diferencia ha alimentado su rivalidad y marcado su posición en la cultura pop.

¿Qué pasa cuando estos dos monstruos del entretenimiento se cruzan? El «beef» entre ellos es una batalla por el dominio de la percepción pública, algo que las marcas de entretenimiento saben manejar muy bien. ¿Lo sabías? Las tiraderas no son solo una forma de mostrar habilidades líricas, son también un ejercicio calculado de atracción mediática. Pero claro, como todo buen «show», hay riesgos involucrados. En ocasiones, el público puede volverse en contra, y no siempre el drama resulta ser la jugada maestra que se espera.

Aquí entra lo que vimos en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl más reciente. La relación entre música, marcas y eventos masivos como este no es nueva, pero la forma en que los artistas gestionan su imagen en estos espacios refleja cómo ha evolucionado la comunicación corporativa. Uno de los grandes riesgos es el daño a la imagen personal. Y si hablamos de Drake, la tiradera de Kendrick no fue solo un golpe de micrófono, sino una maniobra calculada para desestabilizar. Si bien en un primer momento el drama puede generar atención, las consecuencias a largo plazo pueden ser perjudiciales.

En mi caso particular, como latina que no está muy familiarizada con el mundo del rap más que con lo que se vuelve muy comercial, conocía a Drake y su música por algunas colaboraciones con artistas latinos. De Kendrick Lamar solo lo había visto en algunas premiaciones sin profundizar ni en él ni en su música. Sin embargo, luego del Super Bowl desperté ante el fenómeno K-Dot (su nombre artístico antes de usar su nombre real) quedando impresionada por el trabajo realizado, que aún semanas después sigue generando conversación. Incluso descubrí que hasta un Pulitzer tiene.

Los grandes escenarios como el Super Bowl tienen un poder único para proyectar imágenes y consolidar el status de las estrellas o incluso destruirlas. En este caso, el impacto sobre Drake no vino de su participación en el evento, sino de cómo la controversia entre Kendrick Lamar y él, explotó en ese contexto. La mención indirecta a las acusaciones contra Drake se magnificó debido a la gran audiencia del Super Bowl, haciendo que millones de personas asociaran su nombre con la polémica. Aunque las acusaciones no se han confirmado, estas no dejan bien parada su imagen, y siempre quedará la duda de si es verdad o no lo que se le imputa. Incluso, para muchos que tal vez no sabían de la rivalidad (que fue mi caso), esa mención fue lo único que escucharon de él, creando una asociación dañina que afectó su imagen pública. Esta mención no solo opacó su influencia, sino que lo colocó en una posición vulnerable ante una audiencia global, posiblemente ajena al conflicto.

Volviendo al tema en cuestión, este fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos. En Latinoamérica también hemos sido testigos de cómo las disputas públicas entre artistas se convierten en herramientas de posicionamiento y marketing. Un claro ejemplo es el enfrentamiento que tuvieron Residente y J Balvin en 2020, dos de las figuras más influyentes del reguetón y el rap en la región. A pesar de que muchos vieron la disputa como algo personal, lo cierto es que alimentó el ciclo mediático y reforzó la imagen de los artistas sin llegar a extremos.

Lo que ambos casos tienen en común es la capacidad de los artistas de usar la rivalidad para visibilizar sus posiciones artísticas y fortalecer sus marcas. La tiradera, en ambos lados, no fue solo un choque de egos, sino un acto consciente de mostrar quién domina la narrativa en el espacio musical global.

Al final del día, el poder de la comunicación es innegable. Ya sea que estés escuchando a Kendrick Lamar gritar su mensaje desde el escenario del Super Bowl o a Residente desafiar a J Balvin con cada verso, lo que importa es que el entretenimiento nunca ha sido tan consciente de su impacto en la construcción de la narrativa colectiva. Así que, si algo hemos aprendido, es que hoy en día, hasta un «beef» puede ser un trampolín para consolidarse como una superestrella global. Pero, ¿a qué costo, realmente? Porque cuando se juega con fuego, se puede quemar uno mismo.

Escrito por: Lasey Batista Díaz.

 

Comenta