RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- El INTEC (Instituto Tecnológico de Santo Domingo) está de fiesta, celebrando en grande sus 50 años de vida. La celebración, especial por demás, señala no solo una larga trayectoria sino también, y sobre todo, un horizonte vasto y luminoso.
Lo que falta por andar es mucho más de lo ya andado. El porvenir es más fuerte que el pasado. Así, la academia es más presente que pasado, pues afronta los grandes desafíos de hoy como encaró los de ayer: con plena determinación y compromiso social. Hay muchas razones que dan impulso a esa casa de estudios superiores.
En efecto, este medio siglo arroja un gran inventario de calidad, tecnología, investigación, creatividad e innovación. Pocas universidades han sido tan productivas como el fecundo INTEC.
Estas cosas, y muchas otras, son repasadas con entusiasmo por el rector de la academia, Julio Sánchez Maríñez, acompañado del vicerrector Académico, Arturo Del Villar, y de la directora de Comunicación Institucional, Carmen Matos. Los tres dialogaron fluidamente con Persio Maldonado, director de El Nuevo Diario, y con el periodista Ling Almánzar.
En ese escenario Sánchez Maríñez se siente en confianza: está frente a su viejo amigo don Persio. En un momento quiere estrecharse con el otro entrevistador: le pregunta su nombre, quiere sembrar confianza. Él se expresa con firmeza y por momentos acude al vicerrector, que lo asiste con respuestas firmes y nítidas.

El gran Intec
El rector, sacerdote de la enseñanza, apunta que el INTEC tiene unos 6 mil estudiantes. El noventa por ciento de ellos recibe clases presenciales; el diez por ciento restante las recibe a distancia, gracias a las fabulosas alas de la tecnología.
Del Villar, vicerrector Académico, subraya que desde la pandemia INTEC aumentó su matrícula universitaria.
Hay carreras, dice él, que se prestan más que otras a la magia tecnológica. Algunas son más ‘duras’ y físicas que otras: las ciencias fácticas, las ingenierías. Por ejemplo, la mecatrónica exige ejercicio y manejo físico: un laboratorio. Otras áreas -ciencias sociales, humanidades, pedagogía- son más dóciles a la simulación tecnológica.
Sin embargo, para Del Villar todas las asignaturas podrían impartirse a distancia, en modo remoto. Es un optimista convencido de las estupendas bondades de la tecnología.

Hablando de pandemia, Sánchez Maríñez dice que la virtualidad debe mantenerse pero con mayor calidad y cobertura. Él sabe que la tecnología pedagógica llegó para quedarse, pero debe ir sobre ruedas cada vez más seguras y modernas.
Ha sido un reto desafiante, para docentes y estudiantes. Los docentes, con acompañamiento y capacitación frecuente han asumido esta nueva experiencia, aprendiendo así a manejar las herramientas tecnológicas que tenían en sus manos.
Los dos académicos reconocen que la conectividad es frágil en muchos puntos del país, pero a la vez son optimistas y creen que ese problema puede resolverse. Lo que ahora preocupa podría ser cosa del pasado en cuestión de unos años.
INTEC cerró en abril de 2020. En agosto de 2021 intentó la presencialidad total, frenada en enero de 2022 por la poderosa ómicron. Fue efímero ese bache: el INTEC, imparable y potente, está abierto de par en par. Los abrazos volvieron a las aulas.

Sánchez Maríñez fue su vicerrector de Investigación y Vinculación entre 2008 y 2012. Se fue, rigió el Isfodosu y en enero del 2020 regresó, esta vez con más fuerza pero con la misma humildad. Es un gran varón de la educación.
Sencillamente, «elite académica»
Entre el 15 y el 19 por ciento de los estudiantes vienen de provincias (Salcedo, Bonao, Santiago, San Pedro, Azua, La Romana) y viven con familiares o en los alrededores de la academia, bien en Los Jardines del Norte, bien en Galá.
El rector invitado reconoce, pero no comparte, la existencia de la cacareada percepción de que INTEC es «una universidad de riquitos». Se empeña en borrar esa errada apreciación: apunta que hay más de 3 mil estudiantes becados por el programa de INTEC con los Estudiantes Sobresalientes y el Crédito Educativo.
Hay más: la universidad asume el costo financiero de las facilidades de crédito para los beneficiarios, que tienen una gracia de hasta 6 meses después de graduarse.

No es todo: entre los brillantes estudiantes que fueron a la Nasa hay dos de Villa Faro y uno de Sabana Perdida, lo que arroja una muestra de la diversidad socioeconómica del INTEC.
Lo que sucede es esto, según él: La academia ha creado una «élite intelectual» que poco o nada tiene que ver con el abismo social y económico. Son variadas las fuentes educativas de la matrícula universitaria: colegios de alta y baja gama y otros como Fe y Alegría, La Salle y Babeque.
La mayoría de esos centros educativos son gestionados por monjas, curas, salesianos. La diferencia con escuelas públicas es una sola: la gestión educativa. Esto es lo que marca la brecha grande entre la calidad de la enseñanza pública y la privada.
Los graduados en ciberseguridad son absorbidos inmediatamente por el mercado laboral; es más, no pocas empresas se los disputan con ofertas tentadoras. Esto lo aporta el vicerrector Del Villar.
Mejoras hasta el fondo
El INTEC fomenta las inversiones conjuntas: las ha hecho, entre otras compañías, con Eaton y con Adiplast, que montó en el campus universitario un laboratorio para mejorar la industria dominicana del plástico.
El Gobierno destina alrededor del 0.60 % del PIB a educación superior. La UASD absorbe la mayor parte de ese pastel. Esa partida se revela insuficiente.
Por ello Sánchez Maríñez quisiera la creación de un nutrido fondo especial y público para las universidades privadas. Pudiera ser financiamiento blando, pagadero a largo plazo y/o con servicios socialmente útiles. Por cierto, ¿para que le serviría al INTEC ese fondo?
Para invertir en investigación productiva y en la instalación y expansión de laboratorios, responde él. Por ejemplo, orquestar un sofisticado laboratorio de ingeniería costaría unos 15 millones de dólares.
No es todo: también se crearía la carrera de tecnología de alimentos con tres o cuatro laboratorios, para complementar así las ofertas académicas de industria y tecnología. Se redondearía aún más la plantilla universitaria.
La academia desearía estímulos fiscales y apuesta a un fondo concursable. El Fondocyt es toda «una bendición», pero escaso e insuficiente, según Sánchez Maríñez.
De paso sale a relucir la Red Universitaria por el Avance de la Educación Dominicana (Runed), con cinco universidades: INTEC, UNIBE, UNAPEC, UNPHU, PUCMM, cuyos rectores se reúnen periódicamente. Hay plena armonía entre ellos.
Una fábrica de inventos
El INTEC es una fábrica de inventos y novedades. Los genios de esa academia son muy inquietos y creativos: satélites, robots, avances biomédicos, son muestras palpables de innovación.
Del sargazo están fabricando platos sostenibles y biodegradables. Dos jabones están en proceso de producción: uno a partir del sargazo y otro a partir de la cáscara de arroz. De la cáscara de arroz también están elaborando plywood.
Sánchez Maríñez despliega las prioridades de su gestión: mantener y optimizar la enseñanza virtual, currículums actualizados y anticipadores, más proyectos de investigación, mayor vinculación empresarial e industrial, estudio de la movilidad urbana para encontrar soluciones concretas y promover, por ejemplo, la prevención de accidentes.
Actividades de medio siglo
El acta de bautismo del INTEC se hizo el 9 de marzo de 1972, y su estreno docente fue el 9 de octubre de ese mismo año. Siete meses bastaron para abrir una gran institución universitaria, que ya va cumpliendo 50 años. Mientras más vieja, mejor. Mucho mejor. Hay que celebrarlo con estas actividades:
-Graduación en mayo y otra venidera.
-La Semana Científica, donde se presentan avances, creaciones innovadoras, etc.
-Feria En Tecnología, donde los estudiantes -en compañía de sus profesores- muestran sus proyectos de grado, en mecatrónica, salud y otros campos.
-Almuerzo con invitados, sector empresarial, algunos conferencistas.




