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27 de marzo 2026
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OpiniónAna Mercy Otañez G.Ana Mercy Otañez G.

El inquilino que decide por ti

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RESUMEN

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Quinto Piso

Hay una versión de nosotros mismos que evitamos mirar. No aparece en las fotos, no se menciona en las sobremesas y, definitivamente, no forma parte del discurso que construimos para presentarnos ante el mundo. Pero está ahí. No solo habita en nuestro interior, sino que, a menudo, toma el mando.

La sombra observa en silencio y espera. Es esa voz interna que duda cuando el camino está despejado; la que nos frena justo en el umbral del éxito; la que susurra, incansable, que «aún no estamos listos».

Esa oscuridad no es ausencia de luz, sino el sedimento de lo que no hemos querido procesar: miedos no resueltos, heridas abiertas e inseguridades que aprendimos a disfrazar de «prudencia». A veces, incluso, es un orgullo que se refugia tras el silencio o la reacción impulsiva.

El peligro real de este inquilino es que sabe camuflarse. Se viste de lógica, de control o de una falsa madurez bajo el lema del «así soy yo». Cuando dejamos de cuestionar esas conductas, se instalan. Y lo que se instala, termina gobernándonos.

Vivimos convencidos de que elegimos con libertad, cuando en realidad muchas veces solo reaccionamos desde la carencia o desde lo que dolió. ¿Cuántas decisiones has tomado desde el miedo y no desde tu verdad? ¿Cuántas veces te has detenido, no porque no podías, sino porque dudaste de ti? ¿Cuántas oportunidades has dejado pasar esperando una validación externa que nunca llega?

Mirar hacia adentro sin maquillaje emocional incomoda. Duele descubrir que muchas de nuestras acciones no nacen de la fortaleza, sino de una necesidad urgente de aprobación. Sin embargo, reconocer la sombra no es un acto de debilidad, sino de brutal honestidad. Es aceptar que no siempre somos nuestra mejor versión; que también fallamos, nos saboteamos y, sí, también herimos.

Pero ocurre algo liberador: cuando la nombras, deja de esconderse. Cuando la enfrentas, deja de mandarte.
La sombra no desaparece ni se borra; se integra. Se convierte en una alerta, en una maestra y en un espejo. El problema no es tener zonas oscuras, sino vivir una vida entera huyendo de ellas. Lo que no se reconoce, se repite; y lo que se repite, termina definiendo nuestro destino.

Tal vez no se trata de ser perfectos, sino de ser íntegros. De dejar de huir y hacernos la pregunta que no admite excusas: ¿Desde dónde estoy decidiendo hoy: desde mi conciencia o desde mis sombras?

Por Ana Mercy Otáñez

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