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6 de febrero 2026
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OpiniónJosé Santana GuzmánJosé Santana Guzmán

El Himno Nacional dominicano entre la métrica y la didáctica

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RESUMEN

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La semana pasada presenté el Himno Nacional dominicano desde una perspectiva discursiva, didáctica, lingüística y literaria, pero sin entrar en profundidad, o sea, de forma bastante superficial, ya que mi objetivo principal en ese ensayo, solo busca alertar a las autoridades educativas nacionales sobre la importancia de este texto como material para la enseñanza-aprendizaje de la Lengua Española. Sin embargo, en esta ocasión voy a advertir sobre tres aspectos lingüísticos importantes, a saber, el literario, el lexicosemántico y el etimológico.

El Himno Nacional dominicano es el canto dedicado a la patria. Esta magistral pieza musical es una composición que posee como finalidad principal rendir tributo a los ideales de libertad de nuestro pueblo.

Entre sus letras y sus notas se establece una relación causal entre los hechos bélicos que dieron origen a nuestra libertad, así como con la realidad y el sueño de nuestros patricios de convertirnos en una patria libre, independiente y soberana. Sus letras fueron escritas por Emilio Prud’Homme, sin embargo, curiosamente las notas musicales fueron creadas con anterioridad por el maestro José Reyes, quien, a su vez, se las entregó al primero para que este concibiera las letras.

Nuestra Constitución o Carta Magna consagra que el Himno Nacional es: la composición musical establecida por la ley No. 700 del 30 de mayo de 1934, y es invariable, único y eterno. Fue interpretado por primera vez en la ciudad capital de Santo Domingo el 17 de agosto de 1883, con motivo del vigésimo aniversario de la Restauración.

En cuanto a su estructura, este valioso texto está compuesto por 12 estrofas; 48 versos y 274 palabras. Se trata de serventesios decasílabos –forma poética originada entre los trovadores de la región de Provenza, en Francia, alrededor del siglo XI– por lo que su rima es ABAB, según análisis del maestro Orlando Muñoz Pineda, catedrático universitario y experto e investigador de renombre en asuntos literarios, especialmente en lo relativo a la Métrica (ciencia que estudia los versos o la versificación), por consiguiente, asumimos que esta composición poético-musical posee un inmenso valor literario. En su macroestructura podemos encontrar una cantera de figuras lingüísticas o literarias, con un alto valor metafórico, así como la existencia de al menos veintiuna categorías gramaticales o conceptos que resultan desconocidas por una buena parte de la población dominicana, incluido el estudiantado, lo cual bien puede servir de estudio lexicosemántico a todos los niveles de la educación nacional.

Entre las palabras a las que hago alusión están: alcemos, faz, ostentemos, pendón, intrépido, bélico, indolente, servil, templó, viril, indómita, dolo, ardid, desdén, las Carreras, Beller, baluarte, inconsulto, atónito, erguida, sierva, do, yergue y ecos. Conocer tanto el valor semántico, así como el etimológico de este corpus de palabras resultaría de gran ayuda y valía para la comprensión e interpretación verdadera de nuestro símbolo patrio, ya que el aprendérselo de forma memorística no posee tanto significado, o sea, en la medida que los estudiantes y las estudiantes dominen el significado profundo del Himno Nacional, podrán no solo dominarlo y pronunciar de manera adecuada algunos términos –que no pronuncian correctamente, como es el caso de confundir reto con “resto”, que aparece en el tercer verso de la segunda estrofa–, sino que además podrán valorar y apreciar en su justa medida las letras desde una óptica más concienzuda y analítica y al mismo tiempo refuerzan sus conocimientos lingüísticos de manera significativa, lo que a su vez les ayudará a la producción de sus propios textos y al desarrollo de la creatividad.

 

Por José Santana-Guzmán

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