EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Radhamés Ramos, ‘el Poeta Quillao’, no es cualquier cosa: es un tipo chévere, inquieto y original. Lo ves en la Duarte bregando con libros y moviendo la cultura frívola de estos días. Vende a Coelho, el Rinoceronte de Scott Alexander, a Cuauhtémoc Sánchez y otros paquitos. La frivolidad no lo agota: lee lo mismo a Neruda que a Shakespeare, Saramago y Bauman. Con él hablas de todo: política, deporte, poesía, chicas. Corren por sus venas las canciones de Sabina, y saborea con ganas el delicioso vino que toma a copas.
Este poeta de calle no se embriaga. El licor lo baña a raudales: se lo bebe y se lo unta. Lo mismo da: solo basta un puro y un buen libro. Posee una alta temperatura política, solo comparable a su gran sensiblidad social. Le quilla todo: las injusticias, las brechas económicas y sociales, las vainas de este mundo extraviado.
Es un tipo probado, de una sola pieza. Inconforme y efervescente, anda en la malla de lo social como activista, locutor, escritor y comentarista deportivo. Desea una sociedad mejor. Imagina un país más desarrollado. Ansía paz y justicia. Es el Quijote de la Duarte.
Con su pluma inquieta ha escrito «Las décimas del Poeta Quillao», «Más allá de tu piel», «Hacer un pelotero», libros de valor. Entre todos sobresale uno, el más reciente: «Luis Abinader: el Gobierno del Cambio». ¿Más de lo mismo?

Esta obra se desliza por el tiempo presente atrapando esa magia de lo actual en un pedazo de papel. Es una ardiente y desenfadada crónica de los primeros 18 meses de este gobierno. El entusiasmo del autor vibra como un eco de su misma esperanza. Militó en la Marcha Verde. Gritó contra la corrupción. Apoyó a Abinader. Apostó al cambio. Ganó deslumbrado por el cambio.
Sin embargo, el entusiasmo por momentos se tambalea: el Quillao cuestiona, pregunta en voz alta, desata su resabio escondido. Este ciudadano rebelde vitupera y escupe al PLD, asqueado por la megacorrupción del gobiernazo pasado. Su ‘quille’ censura por igual a los desafinados funcionarios del Cambio. Nadie se escapa al látigo severo del autor.
En la crónica, que es un inventario oficial de medio tiempo, le pone tinta a otras lenguas. Destripa el pasado y el presente, lo de antes y lo de ahora. Desentierra ignominias y baldones tan recientes, que revive esas pesadillas para que nadie las olvide. ¡Nunca más! Así, con esa crispación política, el Quillao saca los trapitos de la corrupción peledeísta, rememorando los sonados casos de la Sun Land, Punta Catalina, Medusa, Pulpo, hasta Coral, Caracol y Coral 5G.
La fusta del Quillao restalla contra los escandalosos funcionarios de este gobierno. De este modo subraya los ruidos de esta administración: Adán Peguero, Luz del Alba Jiménez, el exministro Fulcar, Plutarco Arias, Ivelisse Acosta, Serafín Canario de la Rosa, José Sánchez, Cecilio Rodríguez, y muchos otros.
Su observación más incisiva es la desconexión del gobierno con las fogosas bases del PRM. ¿Fueron traicionadas? Según el Quillao, algunos perremeístas están tan disgustados que no quieren saber de la dirección del partido. A esa gente no le hablen de volver a votar por el oficialismo. No irán al carnaval de la reelección.
Sin embargo, en su balance primario del gobierno, el autor piropea al presidente y su nuevo estilo de gobernar. Lo elogia sin fingimiento, con real sinceridad y mejores deseos. Quiere que le vaya bonito y sea realmente el cambio prometido. De lo contrario, grandes días le esperan al país. El Quillao lo sabe y está al acecho para cuando eso ocurra.
A sus 62 años (nació en Angostura, Puerto Plata, en 1960) le queda mucho Sabina por escuchar, mucho tinto por tragar, mucha poesía por saborear, mucho puro por devorar. El Quillao está despierto y más avispado que antes. ¡Cuidado, necios del poder! ¡Joder!




