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10 de marzo 2026
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OpiniónRamón LeonardoRamón Leonardo

El futuro del Estadio de Béisbol en Santo Domingo

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RESUMEN

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Dominicanas y dominicanos,

En estos días ha comenzado a moverse nuevamente un tema importante para nuestro país: la posibilidad de construir un nuevo estadio de béisbol en Santo Domingo, que sustituya o complemente al histórico.

Es una discusión legítima.

El estadio tiene casi setenta años y el país ha cambiado. El béisbol dominicano ha crecido. Nuestros peloteros dominan las Grandes Ligas y nuestra liga invernal es una de las más vibrantes del Caribe.

Pero precisamente por la importancia del tema, debemos hablar con serenidad, con visión de país y con respeto por nuestro patrimonio.

Lo primero que quiero decir con absoluta claridad es esto:

El Centro Olímpico no se toca.

El es un legado deportivo del pueblo dominicano. Allí conviven múltiples disciplinas, miles de jóvenes entrenan cada semana y generaciones enteras han encontrado en ese espacio una puerta hacia el deporte y la salud.

Además, desde el punto de vista urbano, colocar un estadio moderno en ese lugar sería un error enorme.

Un estadio moderno atrae entre 25 y 35 mil personas en un solo evento.

Eso significa miles de vehículos, grandes áreas de parqueo, edificios de servicios y una presión enorme sobre un entorno urbano ya saturado.

Construir allí implicaría sacrificar áreas deportivas, reducir espacios públicos y provocar un caos vial permanente en el corazón de la ciudad.

Por eso, cualquier intento de construir un nuevo estadio en el Centro Olímpico debe ser rechazado con firmeza.

Un estadio moderno necesita espacio.

Espacio para crecer, para planificar, para generar actividad económica alrededor.

Las ciudades modernas construyen sus grandes estadios en zonas de expansión urbana, donde se pueden desarrollar distritos deportivos y de entretenimiento.

Santo Domingo tiene lugares adecuados para ello:
Áreas cercanas a la Circunvalación de Santo Domingo,
zonas de expansión hacia la Autopista Duarte,
el entorno de San Isidro,
o áreas con acceso directo a las grandes autopistas del país.

En lugares así puede levantarse no solo un estadio, sino un verdadero centro nacional del béisbol dominicano.

Ahora bien, también debemos discutir algo importante: cómo se financia un estadio de esta magnitud.

Un estadio moderno puede costar aproximadamente entre 250 y 300 millones de dólares, y su construcción tomaría entre tres y cuatro años.

Frente a ese reto existen dos caminos responsables.

El primero es un modelo netamente privado.

Los equipos, encabezados por los dos clubes capitalinos, podrían liderar la construcción del estadio junto a inversionistas privados.

Los demás equipos del país también podrían participar como accionistas secundarios, ya que ese estadio recibirá a todos los equipos, los eventos internacionales y actividades de toda la liga.

El segundo camino sería un fideicomiso público-privado, donde el Estado participe como socio minoritario y reciba beneficios proporcionales, sin cargar completamente con el costo del proyecto.

Ambos modelos son viables.

Lo importante es que el país discuta este proyecto con transparencia y con inteligencia económica.

Porque el béisbol dominicano no es solo pasión: también es una gran industria.

Nuestros peloteros generan más de mil millones de dólares al año en las Grandes Ligas.

El talento dominicano es uno de los pilares del béisbol mundial.

Y muchos de esos jugadores regresan al país, invierten aquí, construyen academias, apoyan comunidades y mantienen viva nuestra cultura deportiva.

Por eso debemos tratar este tema con respeto y con orgullo.

El béisbol dominicano no necesita improvisación.

Necesita planificación.

Un estadio moderno puede convertirse en un motor de turismo deportivo, en un centro cultural del béisbol y en un espacio donde el país celebre uno de sus mayores orgullos.

Porque cuando un dominicano se pone un uniforme de béisbol, no representa solo a un equipo.

Representa la historia de un pueblo que aprendió a soñar con un bate, una pelota y la esperanza de llegar lejos.

Cuidemos ese legado.

Y hagámoslo con la grandeza que merece el béisbol dominicano.


Por: Ramón Leonardo.

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