RESUMEN
Como si se tratase de un mal antagónico o cultural, nuestra clase política se ha enfocado en presentar a modo de perspectiva un positivismo que supera toda dudas o, lo que es peor, todo raciocinio. En ciertos protagonistas como en el caso de Ulises Heureaux, dada su falta de formación académica era entendible y, en el caso de Trujillo (cuando el 8 de noviembre del 1941 hizo la declaratoria de guerra a Alemania y a Japón), con grandes dolencias mentales, les eran aceptables.
Cada gobierno ha logrado el poder amparado en esas promesas de cambio que les han favorecido el voto de confianza de la gran mayoría de la población, misma que, varios años después, decepcionada de las promesas incumplidas, dirige su atención a otra organización política que, bajo las mismas argucias, conquista el favor de las masas.
El liderazgo dominicano ha caído en el lado opuesto al positivismo de Augusto Comte, quien llegó a afirmar que: «los fenómenos son factibles de medición y conteo, por tanto, pueden ser investigados y contribuir a la ciencia». Aquí tenemos un exceso de razones, sólo razones, para que la economía marche bien, para abandonar el subdesarrollo, mejorar la salud colectiva, la educación, el déficit de viviendas, empleos y otros males que han sido la razón para quitar y poner gobiernos. El gran problema es, que no se realizan planes concretos, serios, abalados por los estudios correspondientes para superarlos y, sólo contamos con la ¨firme voluntad¨ del gobernante de turno y así, no se logran las cosas.
Manuel Arturo Peña Batlle fue partidario de una línea de pensamiento que coloca a los dominicanos en un punto muerto, es decir, que no superaríamos los males sociales como lo han hecho otros países. Sus razones estaban fundamentadas en la composición social y en esa capacidad, de no ponernos de acuerdo en nada.
Como principio natural, estamos evocados a superar nuestros males, así como nuestro pasado sin importar lo glorioso que haya sido, pero debemos hacer conciencia que, por el simple hecho de querer las cosas, estas no suceden. Es necesario un motor que las impulse, las mueva, las realice.
Recibo con mucha satisfacción que desde el gobierno central se promueva esa firmeza de voluntad de querer resolver las cosas, donde los primeros cuatro años no fueron suficientes y pidieron cuatro años más. Sabemos que, este segundo mandato tampoco lo será, pero nos preocupa que, al no cumplir sus promesas, las mismas masas que los llevaron al poder, los quiten. Nada nuevo significará en nuestra historia política, al menos que, eduquen al pueblo en que las dolencias, no se solucionan con una varita mágica, que hay factores económicos, políticos y sociales que contribuyen en la resolución o no de los mismas. En conclusión, eduquen al pueblo para que comprendan que, el fracaso es una posibilidad.
Por: Florentino Paredes Reyes
