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8 de enero 2026
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OpiniónJabes RamírezJabes Ramírez

El fetiche de las buenas intenciones: Un espejo roto en el Ministerio de Interior y Policía

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La desorganización y falta de planificación brota de nuestras autoridades, aun en el marco del conjunto de las buenas intenciones. El subdesarrollo de los países tiene marcas propias según las inclinaciones que persiga. En el caso de Republica Dominicana, nuestro proceso transitorio a una mejora como sociedad nos inclina a la toma de decisiones vacías, cargadas del fetiche de los buenos deseos. Queremos convertirnos en Suiza sin conocerla.

Aspiramos a evoluciones sin conocer tan siquiera las características que nos configuran como sociedad. En esta ocasión, los buenos deseos nos remontan al Ministerio de Interior y Policía.

En otro intento fallido de convertirnos en espejos de sociedades que desconocemos, volvimos a caer en la trampa de las buenas intenciones. Haciendo uso de la ignorancia y desconectados de la realidad social dominicana, el actual gobierno entendió loable que las navidades necesitaban de la potencialización de un cuerpo arbitrario, el cual ni siquiera ellos han mostrado capacidad alguna de control.

Una policía que se ha configurado sobre la base de conflictos con los civiles ahora es legitimada para dar persecución segmentada con el supuesto propósito de garantizar el orden del cual ellos mismos carecen.

A todo esto, la estrategia comunicacional ha girado en torno a señalar a los dominicanos como ajenos al orden social. Se nos tilde de carecer de sentido alguno del orden y el respeto a las normas sociales. Como si fuera poco, es el ciudadano el culpable de que ciertas situaciones hayan salido de manos. Según se comenta, somos los dominicanos quienes vamos a otros países a obedecer las leyes que aquí desobedecemos. Es esta la apuesta a una comunicación de crisis, de cara a justificar el primitivismo con el que se aborda al ciudadano.

Lo primero a tomar en cuenta cuando una norma entra en vigor es que la norma misma debe ir aterrizada con la sociedad que pretende regir. Es imposible que una norma se ejecute sin tomar en cuenta las características particulares de la sociedad a la cual quiere cohesionar en términos de orden. Una policía carente de legitimidad; carente del más mínimo orden institucional a lo interno; proclive a la ejecución de tragedias; propensa a estar más identificada con el desorden que con el orden, no puede ser equipada sin filtro alguno para semejante tarea. Es igual a concentrar poder en una persona desequilibrada.

Las propiedades distintivas que adornan a nuestro cuerpo policial es precisamente lo contrario al objetivo de la supuesta garantía de paz. Siendo la policía nacional de las entidades más desacreditadas, con un historial de violencia y salvajismo sin precedentes, capaces de romper sus propios límites, las medidas debieron tomarse teniendo conocimiento de su perfil institucional.

De continuar con estas iniciativas, el único orden que llegará a consolidar es el de una militancia ciudadana haciéndole frente y acentuando la distancia entre civiles y cuerpos de seguridad. La cuestión no se trata de que los dominicanos se resistan al orden, sino de entender la sociedad a la que se gobierna y que las iniciativas vayan acorde a la transformación, pero de forma paulatina y consensuada.

No existen éxitos en las sociedades que no crean consensos. Mas pronto que nunca, preparemos nuestro discurso de consuelo, porque lo próximo será una tragedia de marca mayor.

Por Jabes Ramírez 

 

 

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