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10 de febrero 2026
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OpiniónJoaquín F. TaverasJoaquín F. Taveras

El Factor Silli: la consagración del eje Caribe-Mediterráneo

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RESUMEN

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En la diplomacia de alto nivel, las noticias más relevantes suelen viajar con el peso específico de los nombres que ocupan los organismos clave. La reciente renuncia de Giorgio Silli como Subsecretario de Asuntos Exteriores de Italia, para asumir el cargo de Secretario General de la Organización Internacional Italo-Latinoamericana (IILA), principal puente de cooperación entre Italia y los 20 países de América Latina, marca un punto de inflexión en la arquitectura de las relaciones ítalo-latinoamericanas. En ese nuevo escenario, la República Dominicana emerge como uno de los Estados mejor posicionados para capitalizarlo gracias a una política exterior sostenida, prudente y estratégicamente alineada.

En el ejercicio del poder exterior, las personalidades importan en la medida en que fortalecen las instituciones. En este sentido, Silli ha sido el catalizador de un relanzamiento pleno de los vínculos ítalo-latinoamericanos, transformando la afinidad histórica en una herramienta de Estado de alto calibre. Para el canciller Roberto Álvarez, la gestión de esta relación ha sido un ejercicio de realismo eficaz: el país ha pasado de la periferia del interés europeo a ser un socio con el que Italia co-preside mecanismos de diálogo político de alto nivel. Esta posición de prestigio se consolida hoy con Silli al mando del organismo que coordina un intercambio regional de 33 mil millones de euros.

Bajo esta nueva dinámica, y concretamente a través de la IILA y sus Secretarías Socioeconómica, Cultural y Técnico-Científica, la cooperación ítalo-dominicana ha consolidado una agenda de vanguardia. Esta colaboración abarca desde el desarrollo del primer nanosatélite nacional y la carrera espacial, hasta el fortalecimiento institucional mediante los programas de seguridad COPOLAD y Falcone-Borsellino. Asimismo, se han dinamizado los acuerdos universitarios, los intercambios médicos y la transferencia de alta especialización en arqueología, conservación y restauración del patrimonio, complementando estos esfuerzos con la tecnificación agrícola y la integración en proyectos de economía circular. Este sólido vínculo proyecta un bienio prometedor para la inclusión de nuevos proyectos dominicanos y de alcance regional que profundizarán el desarrollo compartido.

Estos logros no son aislados; forman parte de una agenda de cooperación que posiciona a Santo Domingo como un nodo estratégico para la implementación de fondos europeos en el Caribe.

Dentro de este engranaje de ejecución destaca la figura del viceministro de Política Exterior Bilateral, Francisco Caraballo, cuya labor ha sido excepcionalmente sólida al aportar un rigor analítico y una capacidad técnica que permite que las grandes declaraciones se conviertan en políticas de impacto real. El embajador Caraballo ha consolidado la ruta operativa de su predecesor, José Julio Gómez —hoy Jefe de Misión en China—, dando continuidad a la articulación de los intereses dominicanos con una inteligencia estratégica que otorga una credibilidad indispensable ante interlocutores de la talla de Silli.

Este historial de compromiso tangible se refleja en momentos clave, como su visita a Santo Domingo en marzo de 2023 para participar en la XXVIII Cumbre Iberoamericana, los dos últimos Diálogos Políticos bilaterales, o su presencia oficial en agosto de 2024 en la toma de posesión del presidente Abinader. En dichas ocasiones, Silli fue enfático al declarar que ambas naciones están unidas por vínculos indisolubles; una afirmación que, en la alta diplomacia, señala una alineación de intereses a largo plazo.

El proceso de acercamiento ha contado con columnas fundamentales en suelo italiano, destacando la gestión del actual embajador Rafael Lantigua, quien desempeña un rol esencial en la vigorización de estos vínculos. Lantigua ha gestionado con astucia la transición de las agendas, asegurando que la República Dominicana mantenga una voz prioritaria en los despachos de la Farnesina.

Como bien señaló Silli hace tres años a bordo del buque escuela Amerigo Vespucci en aguas dominicanas, nuestras relaciones atraviesan una fase de expansión hacia nuevos ámbitos. Esa es la gran oportunidad que el canciller Álvarez y su equipo, donde la agudeza del viceministro Caraballo y la eficacia de Lantigua operan en sincronía, tienen ante sí. La República Dominicana cuenta con un aliado probado en la torre de mando de la cooperación internacional. El interés nacional dicta que este momento se transforme en una era de estabilidad y crecimiento estructural. El puente está firme, la estrategia trazada y el futuro se escribe ahora en la confluencia del Caribe y el Mediterráneo.


Por: Joaquín F. Taveras Pérez.

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