RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Para compartir sus experiencias sobre la aleccionadora integración europea, está en el país un invitado especial e interesante: el español Andreu Bassols, exembajador de la Unión Europea y experto en temas diplomáticos.
Invitado por el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), ha llegado al país con un gran bagaje geopolítico, dispuesto a compartir 35 años de diplomacia múltiple. El señor Bassols también compartió su potaje diplomático con El Nuevo Diario, donde tuvo un diálogo fluido con el director del periódico, Persio Maldonado, y con este redactor.
Es un globalista veterano y consumado: en 2013 se convirtió en jefe de división adjunto para América Central, México y Caribe, en el Servicio Europeo de Acción Exterior; luego, en 2017, lo hicieron embajador de la Unión Europea en El Salvador y ante el SICA.
Su visita ha sido gratificante y fabulosa. Desde el Caribe desgrana la visión de un europeo experto, que mira sin remilgos hacia el otro lado del Atlántico, y observa los grandes desafíos que acechan a Europa. Ha tenido el enorme privilegio de seguir descubriendo América más de 500 años después. Su mirada trasciende el Caribe: no solo ha disecado la guerra Rusia-Ucrania, sino también otros retos punzantes, y se muestra consciente de que la crisis actual obliga a repensar al continente europeo.

Bassols reconoce que algunos países se resisten a ceder parte de su soberanía solo para ingresar en un club de integración regional. El sacrificio es más pesado que el beneficio. ¿Vale la pena? A pesar de esa reticencia, la integración centroamericana posee temas tan urgentes como los que jalonan a Europa: la migración, el cambio climático, lo energético, pandemias y epidemias, lucha contra las mafias internacionales.
«La Unión Europea tiene que apoyar una gobernanza multilateral, porque no vamos a conseguir nada sin que los países colaboren y cooperen. Sin Naciones Unidas, no vamos a conseguir nada», estima con claridad redonda.
La crisis de Europa
Para él, «Europa tiene tres vulnerabilidades importantes»: lo demográfico, lo militar y lo energético. Realmente «es un continente envejecido, que envejece menos gracias a la inmigración». Sin embargo, los inmigrantes desatan el nacionalismo de algunos que refunfuñan y rechan esa presencia «extraña», produciéndose así «choques culturales» en Francia, España, Alemania e Italia. Están resucitando los nacionalismos.

«Soy extranjero en mi propio país, esto lo piensan algunos», reconoce el entrevistado, que no oculta su rechazo feroz a los populismos desenfrenados que desgarran a Europa y otras latitudes.
En cuanto a lo militar europeo, Bassols piensa -como otros- que la Unión Europea tendría que reescribir su propio sistema de seguridad, «sin Estados Unidos o con Estados Unidos». La Unión Europea podría crear una fuerza militar conjunta que asegure todo el continente. Sería la llamada «autonomía estratégica» de Europa.
«Se cree que Europa no puede ser dependiente de la estrategia de otros países, por muy amigos que sean. No nos olvidemos que el 2016 fue el año del Brexit y fue el año de la victoria de Trump en las elecciones. Tradicionalmente, siempre se dice que la diplomacia, tarde o temprano, debe tener a su espalda un ejército, una disuasión militar; no hay diplomacia sin ejército».

Respecto de lo energético, indica que Europa explora otras opciones, incluyendo el «hidrógeno verde», para dividir ese elemento químico del agua y transformarlo en fuente energética. El costo de esta inversión va contra el tiempo: Europa depende en grado sumo del gas ruso y, si le cerraran el grifo, sufriría serios trastornos. Es una espada de Damocles desenvainada desde Moscú.
Bassols habla de la diplomacia soft o blanda de Europa, una ofensiva diplomática que apuesta al intercambio cultural, económico, sanitario.
Carrera diplomática
Nacido en 1957, Andreu Bassols se licenció en derecho por la Universidad de Barcelona y logró un máster por la Universidad Libre de Bruselas. A los 30 años, ganó en 1987 las oposiciones y se convirtió en funcionario de la Unión Europea, siendo parte de la Dirección General de la Unión Aduanera de la Comisión Europea en Bruselas.
Dos años después, en 1989, pasó a trabajar en la Dirección General de Relaciones Exteriores, ocupándose de las relaciones con Corea, China y, más tarde, los países del Golfo. En 1997 lo nombran primer consejero en la Delegación de la Comisión Europea en Túnez.
En 2001 volvió a Bruselas y trabajó en las relaciones euro-mediterráneas. Fue jefe de División adjunto. En 2011 se convierte en el director del Instituto Europeo del Mediterráneo, una sólida institución adherida al Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Generalitat de Catalunya y Ayuntamiento de Barcelona.
En 2013 se vuelve jefe de división adjunto para América Central, México y Caribe, en el Servicio Europeo de Acción Exterior. Luego, en 2017, se hizo embajador de la Unión Europea en El Salvador y ante el Sistema de Integración Centroamericano (SICA).
En 2021 retornó a Bruselas, ahora como consejero para América Latina de la División de planeamiento estratégico del Servicio Europeo de Acción Exterior hasta marzo del 2022.




