RESUMEN
Hay lugares en el mundo cuya importancia es tan grande que parecen existir no solo en la geografía sino también en la historia.
Uno de esos lugares es el Estrecho de Ormuz. En los mapas parece apenas una delgada garganta de mar entre Irán y la península arábiga, pero en realidad es una de las válvulas principales por donde respira la economía del planeta.
Por ese estrecho pasa una parte decisiva del petróleo que alimenta a Asia, a Europa y a las grandes economías industriales.
Cuando algo ocurre allí, los mercados financieros del mundo reaccionan como si un nervio hubiera sido tocado.
En medio de la crisis militar que se desarrolla entre Estados Unidos, Israel e Irán, el presidente Donald Trump publicó un mensaje que resume con notable claridad el momento que atraviesa el conflicto.
Trump afirmó que si Irán hubiese colocado minas navales en el Estrecho de Ormuz, esas minas deben ser retiradas inmediatamente. Y añadió que, si no se retiraban, las consecuencias militares para Irán serían “a un nivel nunca antes visto”.
Es un lenguaje duro, directo, sin adornos diplomáticos. Pero al mismo tiempo contiene algo más sutil: una puerta abierta.
Trump dice también que si Irán retira lo que haya colocado, eso sería “un gran paso en la dirección correcta”.
Es la lógica clásica de la disuasión: una amenaza máxima combinada con una salida política.
En la historia de las relaciones internacionales, este tipo de mensajes ha sido frecuente en momentos de gran tensión. Los líderes utilizan palabras fuertes para evitar tener que usar las armas que esas palabras anuncian.
Sin embargo, detrás de ese mensaje hay una realidad estratégica que conviene entender.
Estados Unidos no puede permitir que el Estrecho de Ormuz se convierta en un campo minado.
Si Irán llegara a colocar minas navales en esa zona, el tráfico de petroleros podría detenerse o volverse extremadamente peligroso. El efecto inmediato sería una subida abrupta del precio del petróleo y una crisis energética global.
En ese momento la guerra dejaría de ser un conflicto regional para convertirse en una crisis económica mundial.
Por esa razón el Pentágono ha estado atacando, según sus propios informes, instalaciones navales iraníes, barcos capaces de colocar minas y depósitos donde podrían almacenarse esos artefactos.
Al mismo tiempo, los comandantes militares estadounidenses han mencionado la posibilidad de escoltar buques petroleros que atraviesen el estrecho si las circunstancias lo exigen.
}Todo esto muestra que el verdadero corazón estratégico de esta crisis no está únicamente en las ciudades iraníes que han sido bombardeadas ni en los arsenales de misiles que están siendo destruidos.
El corazón estratégico está en el mar.
Porque quien controle la seguridad de ese estrecho controla una de las arterias principales de la economía global.
La advertencia de Trump tiene además otro destinatario que rara vez se menciona de manera explícita: China.
China es hoy el mayor importador de petróleo del mundo y depende en gran medida del flujo energético que sale del Golfo Pérsico. Cualquier interrupción prolongada en Ormuz tendría un impacto inmediato en la economía china.
De modo que cuando Washington habla de garantizar la seguridad del estrecho, no está hablando solamente con Teherán. También está enviando un mensaje al resto del mundo: la estabilidad del sistema energético global sigue dependiendo del poder naval estadounidense.
Pero las guerras tienen una característica que la historia ha demostrado muchas veces.
Comienzan con discursos seguros y con planes que parecen perfectamente diseñados.
Sin embargo, una vez que empiezan, adquieren una dinámica propia que nadie controla completamente.
Por ahora Washington insiste en que la operación militar contra Irán es limitada, precisa y destinada únicamente a destruir las capacidades militares que podrían amenazar a Estados Unidos y a sus aliados.
Pero todos saben que si el Estrecho de Ormuz se convierte en escenario directo de combate, el conflicto cambiará de naturaleza.
La historia recordará entonces que, en un momento de tensión extrema, un mensaje publicado en una red social resumió la advertencia que intentaba evitar ese escenario.
Una advertencia que decía, en esencia, que el mundo podía continuar respirando con normalidad… siempre y cuando nadie intentara cerrar la garganta por donde pasa el petróleo del planeta.
Lo que escribió Trump la tarde del martes 10 de marzo 2025 en su web:
Versión en español (estilo directo de Trump):
Si Irán ha colocado minas en el estrecho de Ormuz —y no tenemos informes de que lo haya hecho— queremos que sean retiradas INMEDIATAMENTE.
Si por cualquier motivo se colocaron minas y no se retiran de inmediato, las consecuencias militares para Irán estarán a un nivel nunca antes visto.
Si, por el contrario, retiran lo que pueda haberse colocado, será un gran paso en la dirección correcta.
Además, estamos utilizando la misma tecnología y las mismas capacidades de misiles que se han empleado contra los narcotraficantes para eliminar permanentemente cualquier barco o embarcación que intente minar el estrecho de Ormuz.
Serán tratados rápida y violentamente.
¡ADVERTENCIA!
Presidente DONALD J. TRUMP.
Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
