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5 de abril 2026
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OpiniónYelandra Sánchez CarbonellYelandra Sánchez Carbonell

El estado Gaslighter: Cuando las infraestructuras desmienten al discurso

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RESUMEN

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Por estos días, la República Dominicana vive algo peor que una crisis de infraestructura: vive bajo un estado Gaslighter. No se trata solo de techos que colapsan, tanques que explotan, tuberías que revientan o un país que queda a oscuras por un blackout histórico. Lo grave es que, frente a cada evento, el patrón oficial se repite con precisión quirúrgica:

1. La ciudadanía y los comunitarios advierten el riesgo.

2. El Estado minimiza, apela a “incidentes técnicos parciales”, “desgaste normal”, “no hay riesgo”.

3. Si la denuncia escala, la reducen a “politiquería de la oposición”.

4. Cuando ocurre la tragedia, el relato oficial gira hacia lo inevitable:

“Fue un hecho fortuito” o “es culpa de gestiones pasadas”.

Ese ciclo de negar, minimizar y desviar no es casual. Tiene nombre: gaslighting institucional.

Y 2025 lo expuso:.

Un año en que las obras hablaron más fuerte que los voceros

El 26 de diciembre de 2025, una parte de la losa del segundo nivel del Hospital Materno Infantil Simón Striddels, en Azua, colapsó mientras se vaciaba hormigón en plena obra de reacondicionamiento. Aunque el hospital estaba cerrado por remodelación, el riesgo fue evidente. Sin embargo, el Servicio Nacional de Salud (SNS) lo definió como un “incidente técnico parcial en una zona específica”. Nada sobre supervisión, fallas de diseño o control estructural.

El mensaje: Fue un tropiezo menor.

La realidad: Una alerta roja en infraestructura hospitalaria.

El 5 de noviembre de 2025, en Consuelo, San Pedro de Macorís, explotó un tanque de un millón de galones con más de 30 años de antigüedad, destruyendo entre diez y quince viviendas. El INAPA habló de “falla estructural localizada”. Se pagaron indemnizaciones y el evento se trató como un hecho aislado.

Pero la pregunta clave sigue en pie:

¿cómo llegó un tanque envejecido a ese nivel de deterioro pegado a viviendas sin evaluaciones serias?

El 25 de diciembre de 2025, en Sabana Iglesia, explotó una tubería del Acueducto Cibao Central. Miles quedaron sin agua. La población denunció primero; el Estado llegó después, en modo asistencialista. Otra vez, la emergencia opacó el diagnóstico estructural.

En el Gran Santo Domingo, desde mayo de 2025, los reportajes sobre drenaje sanitario colapsado, tuberías viejas e inundaciones crónicas son el pan de cada día. La CAASD responde con el discurso del “Plan de Zona”, que vende la crisis acumulada como si fueran casos puntuales en proceso de atención.

La frase repetida es: “Tenemos un plan”.

La foto real es otra: El plan llegó tarde a demasiados barrios.

Y en diciembre de 2025, la misma CAASD insiste en que los tanques de agua en sectores como Don Bosco, María Auxiliadora y Gualey “no representan situación de alerta”, mientras ejecuta una rehabilitación estructural millonaria.

Si no hay riesgo, ¿por qué intervenirlos masivamente?

El lenguaje de “mantenimiento preventivo” funciona como anestesia retórica.

Finalmente, el 11 de noviembre de 2025, el país entero quedó en tinieblas durante casi catorce horas. El Sistema Eléctrico Nacional Interconectado colapsó en cascada. El Metro y el Teleférico de Santo Domingo se detuvieron y miles de pasajeros fueron evacuados. Había meses de advertencias sobre fragilidad del sistema eléctrico. Tras el apagón, la narrativa oficial volvió al libreto:

“Error humano”, “falla en subestación”, “medidas urgentes” y destituciones puntuales.
El evento se presentó como excepción, no como síntoma de un sistema estructuralmente débil.

La constante: el estado Gaslighter

En todos los casos, el patrón es idéntico:

  • Se reconoce el hecho, pero se niega su significado estructural.
  • Se usan expresiones técnicas: “incidente parcial”, “falla localizada”, “mantenimiento preventivo” para suavizar la percepción de riesgo.
  • La responsabilidad se mueve hacia errores puntuales, hechos fortuitos o gestiones pasadas, evitando admitir deficiencias de planificación, supervisión y mantenimiento.

El estado Gaslighter no te dice que no se cayó el techo, el tanque o el sistema.

Te dice que no saques conclusiones sobre lo que eso revela del Estado mismo.

La infraestructura no miente

Un tanque de treinta años que explota no es fortuito.

Una losa hospitalaria que colapsa no es un simple tropiezo técnico.

Un sistema eléctrico que se desploma completo no es solo error humano.

La diferencia entre reconocer un hecho y aceptar lo que ese hecho revela, es la frontera entre gestión responsable y gaslighting institucional.

Y hoy, en la República Dominicana, las estructuras están hablando más fuerte que los discursos.


Por Yelandra Sánchez Carbonell

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