ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
31 de enero 2026
logo
OpiniónJosé Manuel JerezJosé Manuel Jerez

El Estado como actor central de la Política Internacional

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

La Política Internacional se articula históricamente en torno al Estado como su actor central. Esta centralidad no responde a una inercia teórica ni a una simple tradición académica, sino a una realidad estructural: el Estado es la unidad política que concentra soberanía, capacidad decisoria, recursos coercitivos y legitimidad jurídica para actuar en el sistema internacional. Aun en un contexto de globalización avanzada, el Estado continúa siendo el principal sujeto capaz de formular intereses, asumir compromisos internacionales y proyectar poder más allá de sus fronteras.

La noción de soberanía constituye el fundamento de esta centralidad. En términos clásicos, la soberanía implica autoridad suprema en el ámbito interno e independencia en el plano externo. En la Política Internacional, esta última dimensión resulta crucial, pues define la capacidad del Estado para decidir autónomamente su política exterior, celebrar tratados, establecer alianzas y recurrir —en última instancia— al uso legítimo de la fuerza. Aunque hoy la soberanía se ejerce de forma condicionada y relacional, sigue siendo el principio organizador del orden internacional.

El Estado no es un actor homogéneo ni monolítico. Su comportamiento internacional es el resultado de procesos internos complejos, en los que interactúan líderes políticos, burocracias especializadas, fuerzas armadas, actores económicos y opinión pública. La Política Internacional contemporánea incorpora esta dimensión doméstica al analizar cómo las estructuras institucionales, los regímenes políticos y las coaliciones gobernantes influyen en la formulación y ejecución de la política exterior.

La política exterior puede entenderse como el instrumento mediante el cual el Estado traduce sus intereses nacionales en acciones concretas en el escenario internacional. Estos intereses no son datos objetivos e inmutables, sino construcciones políticas que combinan consideraciones de seguridad, desarrollo económico, prestigio, identidad y legitimidad interna. La Política Internacional estudia cómo los Estados priorizan estos intereses, cómo los compatibilizan con restricciones externas y cómo ajustan su conducta frente a cambios en el entorno internacional.

Desde la perspectiva del poder, el Estado dispone de un repertorio amplio de recursos para incidir en la Política Internacional. Estos incluyen capacidades militares, peso económico, control tecnológico, influencia diplomática y capacidad normativa. El ejercicio del poder no se limita a la coerción directa; abarca también la persuasión, la negociación y la creación de reglas que estructuran el comportamiento de otros actores. En este sentido, la Política Internacional analiza tanto el poder material como las formas más sutiles de influencia estatal.

La centralidad del Estado no implica la negación de otros actores relevantes. Organizaciones internacionales, empresas transnacionales, organismos financieros, grupos armados y redes transnacionales participan activamente en la dinámica global. Sin embargo, su influencia suele estar mediada por los Estados, que crean, regulan o limitan su margen de acción. Incluso en escenarios de gobernanza global, el Estado conserva un papel decisivo como garante último de obligaciones y derechos.

El Derecho Internacional refuerza esta posición estatal al reconocer al Estado como sujeto principal del orden jurídico internacional. La capacidad de celebrar tratados, asumir responsabilidad internacional y participar en organizaciones multilaterales consolida su rol como actor central. No obstante, esta juridicidad no elimina la lógica política del sistema; por el contrario, interactúa con ella en una relación de mutua tensión y condicionamiento que la Política Internacional debe analizar con rigor.

En el contexto actual de interdependencia y multipolaridad incipiente, la centralidad del Estado se redefine, pero no desaparece. Los Estados enfrentan límites crecientes derivados de mercados globales, normas internacionales y presiones transnacionales, pero siguen siendo los principales gestores de riesgos, crisis y oportunidades. La pandemia, los conflictos armados recientes y las disputas tecnológicas han evidenciado que, en momentos críticos, el Estado reaparece como actor insustituible.

Para los Estados pequeños y medianos, la comprensión de su propio rol en la Política Internacional resulta especialmente relevante. Su desafío consiste en maximizar capacidades limitadas mediante diplomacia activa, alianzas estratégicas, uso inteligente del Derecho Internacional y participación multilateral. Desde esta perspectiva, el Estado no es un residuo del pasado, sino una herramienta política indispensable para la defensa de la autonomía, la estabilidad y el desarrollo en un sistema internacional profundamente desigual.


Por José Manuel Jerez

Comenta