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16 de febrero 2026
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OpiniónRolando RoblesRolando Robles

El encargado de Negocios americano

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Los encargados de negocios de las embajadas norteamericanas, siempre fueron mis diplomáticos favoritos; desde que yo era un muchacho -hace bastante ya- he seguido su trabajo con cierta admiración y ahora que vivo en este país, me preocupo mas por su labor, que siempre me ha parecido trascendental. Aunque por lo general tienen funciones específicas, los EN’s se distinguen especialmente cuando los embajadores están ausentes o en el proceso de confirmación en el cargo por parte del Senado. Puede decirse que en general, trabajan “back of the house” (tras las cortinas) y que son verdaderos diplomáticos de carrera.

Este es el caso del veterano Robert Copley, un prestigioso especialista en políticas anti narcóticos, con 20 años de servicio en el Departamento de Estado; y que viene a Santo Domingo para complementar a la empresaria judía Robin Bernstein, nominada por el presidente Trump para encabezar la Embajada en República Dominicana; una novata que llega al cargo en pago por los servicios prestados en campaña. Lo mismo que su antecesor Wally Brewster, solo que mucho mas decente.

Esto de los “embajadores emergentes”, tan criticado en nuestro país por la oposición -hasta que no alcanza el poder desde luego- parece ser una antigua debilidad del sistema norteamericano, que paga con cargos diplomáticos algunos apoyos concedidos al candidato ganador durante la campaña electoral; lo mismo que hacen los gobiernos nuestros. Pero debemos admitir que hay ciertas diferencias en ambos casos.

Mientras los gobiernos dominicanos nombran cónsules solo para esquilmar la comunidad del exterior y luego repartir ganancias con el “padrino” de turno; los americanos -hasta prueba en contrario- mantienen un absoluto control de las entradas financieras de éstos, pues todos tienen sueldo previamente definido.

Sin embargo, no pasa igual con los embajadores, ni aquí ni allá; aunque también se use el cargo para devolver favores especiales. Obama nombró una docena de embajadores gays declarados, para impulsar la agenda “liberal” LGBT en el mundo; ese fue su compromiso con esa comunidad. Los dominicanos -en cambio- como no ejercemos esas influencias, nos limitamos a pagar favores mas personales y directos. Y en ese tenor, tenemos prestantes profesionales que, aunque no eran embajadores de carrera, ya lo son, por su extendido y a veces fructífero ejercicio.

Con este telón de fondo, me llama la atención el artículo que escribe Mr. Copley, en su primera asignación como EN. El aviso es evidente: “no admitiremos violaciones de derechos humanos ni actos de corrupción”, pero creo que falta algo en el mensaje. Bien pudo agregársele a la nota: “somos selectivos y nos reservamos el derecho de actuar, dependiendo de los intereses que sean afectados”. Y aun y cuando no es habitual que el Departamento de Estado sea tan preciso, en el caso dominicano, puede que hablar con mas detalles, pudiera producir mejores resultados para los países envueltos.

Porque eso de suspenderle la visa a un ciudadano que no necesita venir a Estados Unidos y congelarle unas cuentas que talvez ni existan aquí, como que manda una señal muy difusa, o quizás muy “alegre” a los que estén planeando violar, o seguir violando las leyes americanas, porque las nuestras importan un bledo.

Lo único que se conseguirá es importunar al señor Ángel Rondón, por parte de un histriónico Procurador General, que solamente hará de hazme reír de la gente -como ha sido hasta ahora- por los flojos, incoherentes y faltos de sustentación que han resultado los expedientes acusatorios que hasta hoy, él ha implementado.

Lo único que se conseguirá, repito, es aumentar el nivel de frustración de la sociedad, que ve impotente como “merenguean” la opinión pública con un show mediático que solo procura ganar tiempo en favor de la propuesta electoral del gobierno para el año 2020. Nadie cree al flamante procurador, como nadie cree tampoco que Ángel Rondón sea absolutamente inocente. El asunto es que no es lo que uno crea o deje de creer; es que a Rondón hay que demostrarle su culpabilidad. Y eso luce muy lejano, en el marco de este proceso.

Con quitarle la dichosa visa y señalarlo -porque no lo acusan formalmente- los americanos y el gobierno dominicano no les hacen ningún favor a la lucha contra la corrupción. Al contrario, abren una “puerta de escape” para que él se escabulla en la humareda, si es que “técnicamente” es culpable; algo que ya yo personalmente, no me atrevería a afirmar.

Porque pongamos las cosas en contexto. En todos los casos aireados en Latinoamérica sobre las andanzas de la constructora Odebretch, en el único país donde alguien ha dado un paso al frente es en el nuestro. De manera pública Rondón ha dicho: “si, ellos me dieron ese dinero, pero no fue para repartirlo; me lo entregaron en pago por servicios prestados a lo largo de quince (15) años y aún me deben”.

Pues acúsenlo y sométanlo; y demuéstrenle con pruebas válidas que él entregó dinero a funcionarios en condición de soborno; y condénenlo de acuerdo con las leyes vigentes en el país. Pero no lo desacrediten mas por Dios, que si no pueden condenarlo, lo convertirán en un paradigma.

Parece que mi pedido -que es el de la mayoría de los dominicanos, no importa en qué lado de la acera estén- se quedará solo en eso, en un clamor popular, porque nuestras autoridades nunca se tomaron el asunto en serio. Era solo una pantalla, una muestra de la lucha interna, con miras a la candidatura presidencial del PLD en el 2020.

Y ahora, con la inútil medida del Departamento de Estado, que mas parece un chisme barrial, una criolla “pela de lengua” y no un acto de Estado, solo tendremos otra temporada de shows mediáticos y sensacionalistas declaraciones de la “justicia” dominicana, para sublevar el ánimo de la población, ganar tiempo y lucir algo de buena intención en la lucha contra la corrupción. Es posible que hasta le hagan la vida imposible a Rondón, solamente para estar a tono con la Embajada. Y eso sería una tragedia para la herencia que pretendemos dejar a nuestros hijos.

Creo que en su primer turno al bate, el experimentado EN se “ponchó”, pero talvez no fue su culpa. Eso pasa en el beisbol cuando el manager te manda a tirarle al lanzamiento, para proteger al corredor que intenta robarse la base. Si te “ponchan” y el corredor es “out” en segunda, con el “doble play” matan la entrada y el posible “rally”, ese es el peligro.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

 

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