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4 de febrero 2026
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OpiniónGlenn DavisGlenn Davis

El drama detrás del desorden motorizado

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

No sé si a usted le ha pasado, pero a mí me ha tocado vivirlo con frecuencia: ir manejando, y de repente, aparece un motorista que se cruza por delante como si la calle fuera de él. A veces se te pegan al lado, te rozan el vehículo, y ni siquiera miran para atrás. Es como si no existieran normas para ellos.

Este problema lo estamos viviendo todos los días en calles y avenidas del país. Y ya no es solo un tema de desorden: es un asunto de vida o muerte. La mayoría de los accidentes fatales en las vías involucran motocicletas. Según cifras oficiales, más del 60% de las muertes por accidentes de tránsito tienen que ver con motores. Y esto va en aumento.

Yo no estoy hablando de los que usan una pasola para ir al colmado o los que tienen una Harley para pasear los fines de semana. No. Me estoy refiriendo específicamente a tres grupos: los motoconchos, los deliverys y los que echan carreras clandestinas.

Esos tres, aunque no todos, están generando un desorden y un peligro que no podemos seguir ignorando. Los motoconchos, por ejemplo, muchos andan sin casco, sin licencia, sin chaleco, y sin ningún tipo de identificación. Se meten por donde quieran, se paran donde les da la gana, cruzan en rojo, y cuando tú vienes a ver, ya están del otro lado de la calle. Y si uno les dice algo, hasta lo miran mal.

Con los deliverys pasa algo parecido. Andan con prisa, claro, tienen que entregar rápido, pero eso no les da derecho a violar todas las reglas. Algunos se suben a las aceras, se pasan entre los carros, no respetan semáforos ni pasos peatonales. Y lo peor: hay quienes se disfrazan de deliverys solo para asaltar. Le ponen una mochila de esas de comida a la espalda, y cuando te das cuenta, es un atracador que anda buscando a quién quitarle el celular o la cartera.

Y ni hablar de las carreras clandestinas. Jóvenes que en vez de estudiar o trabajar, están metidos en ese mundo de motores alterados, haciendo competencias ilegales en las noches. Calibrando, haciendo bulla, poniendo en riesgo su vida y la de otros. Muchos de ellos terminan muertos, o peor, dejan a otros lesionados de por vida.

Hace unos días, la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, habló del tema. Dijo que hay que ponerle control a esta situación, porque ya no se aguanta más. Y yo estoy completamente de acuerdo. El INTRANT y la DIGESETT tienen que actuar.

Aquí hay que implementar medidas claras: identificar a los motoconchistas y deliverys con chalecos numerados, exigirles licencia y casco, y sacar de circulación a los que no cumplan. Y a los que andan en carreras clandestinas, meterles todo el peso de la ley.

Este no es un asunto de persecución ni de clasismo. Esto es una realidad que todos vemos a diario. No se puede seguir permitiendo que cualquiera con un motor se convierta en una amenaza pública.

Yo creo que, si no se actúa, vamos a seguir perdiendo vidas. Y lo peor es que vamos a seguir normalizando el desorden, como si fuera algo con lo que hay que vivir.

Por Glenn Davis

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