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19 de febrero 2026
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El dilema de Pedro Sánchez, y del PSOE

Las pasadas elecciones generales del 20 de diciembre del 2015 en España, han dejado un panorama complicado para formar un gobierno estable. Como se esperaba, el Partido Popular (PP) ganó las elecciones de manera clara. El problema es que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), a pesar de haber obtenido los peores resultados de su […]

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RESUMEN

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Las pasadas elecciones generales del 20 de diciembre del 2015 en España, han dejado un panorama complicado para formar un gobierno estable. Como se esperaba, el Partido Popular (PP) ganó las elecciones de manera clara. El problema es que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), a pesar de haber obtenido los peores resultados de su historia, tiene la llave de gobierno. La caprichosa aritmética electoral ha provocado que los pactos políticos más lógicos no resulten suficientes. Para gobernar, el PP (123 diputados), además de Ciudadanos (40), necesita a otros posibles aliados. El inconveniente es que los escaños necesarios pertenecen a partidos independentistas, y a otros que se niegan a dar su apoyo al PP, como Podemos (69). El PP es el partido que defiende con más celo la unidad del Estado, y esto provoca que sus grandes aliados solo puedan ser PSOE (90) y Ciudadanos.

El resultado electoral ha provocado una consecuencia inesperada que coloca al PSOE, y a su líder actual, Pedro Sánchez, en un dilema difícil de resolver. Sánchez tiene en sus manos el desenlace de la situación política actual. El secretario general del PSOE, se encuentra atrapado entre la ambición personal y los intereses de partido. Numerosos varones socialistas, y sobre todo Susana Díaz, esperan el fracaso de Sánchez. Su apuesta territorial basada en una reforma federal de la Constitución, difícilmente contentaría a los que quieren independizarse, como Junts pel Sí (Democràcia y Llibertad y Esquerra Republicana) y Bildu en el País Vasco.

Ceder senadores socialistas para que Democracia i Llibertat (DiL) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) formen grupo en el Senado no puede ser gratis. La cortesía parlamentaria no se la cree nadie. Pedro Sánchez juega fuerte. Acusó a Rajoy de hacer crecer el independentismo. Presume de que su partido, cuando era presidido por Zapatero, resolviera el desafío del Plan Ibarreche con diálogo. Según él, pretende encabezar un gobierno «reformista y progresista» con el apoyo de Podemos y Ciudadanos. Podemos no le perdona al PSOE que permita a los independentistas catalanes tener grupo propio; cuando a ellos se les ha negado. Podemos quería cuatro grupos para disponer de más recursos (dinero) y más turnos de palabra en las negociaciones. La mayoría del PP en el Senado frenó esta pretensión. El problema de fondo es que Podemos no es un grupo homogéneo, sino una amalgama de partidos con diferentes sensibilidades, como su rama valenciana; Compromís.

El próximo 30 de enero es el Día-D para Pedro Sánchez, ya que se celebrará otra reunión del Comité federal del PSOE, el que verdaderamente puede autorizar la política de pactos. El exsecretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba tildó la oferta de Podemos de ofensa. En caso de tener que repetir las elecciones, no es seguro que Sánchez sea reelegido. Es humano que Sánchez piense que esta es su única oportunidad para llegar a la Moncloa. Esta es la razón por la que quiere jugársela, el todo por el todo, sin pensar el daño que puede hacer a su partido en las próximas elecciones. El actual secretario general está dispuesto a pactar con el Diablo si hace falta. En el momento actual, su intención de pactar con los nacionalistas es muy arriesgada. A la hora de negociar, todos los partidos han marcado su territorio con unas imaginarias líneas rojas que no piensan traspasar. En el caso de Podemos, la idea de celebrar un referéndum en Cataluña, y su defensa del «derecho a decidir» chocan con el núcleo duro del PSOE. Podemos pretende hacer el abrazo del oso al PSOE, aprovechando la inexperiencia y la ambición de Sánchez. Podemos exige a Sánchez la vicepresidencia y varios ministerios; entre ellos uno nuevo de plurinacionalidad.

Rajoy ha reaccionado tomando la decisión de ganar tiempo para dejar en evidencia las dificultades de un futuro gobierno de coalición entre PSOE-Podemos y los partidos independentistas. El Rey se ha visto obligado iniciar una segunda ronda de contactos para comprobar las posibilidades de formar gobierno. Felipe VI, el Jefe del Estado, está siguiendo el orden natural de los acontecimientos.

A Podemos le interesa volver a celebrar nuevas elecciones, ya que su objetivo principal es substituir al PSOE como principal partido de la izquierda española. Según algunas encuestas, es muy posible que Podemos supere al PSOE en caso de repetirse las elecciones. Si esto ocurriese, sería el PSOE el que se vería forzado a apoyar a Podemos, y su política radical poco capitalista. Casi todas la encuestas recientes advierten que el partido que más votos perdería, en caso de repetirse las elecciones, seria el PSOE. A Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, tampoco le interesa repetir los comicios, ya que mucha gente podría optar por el voto útil al PP. Consciente de este problema, el hábil Rivera intenta por todos los medios forzar una gran coalición a la alemana, forjada por partidos constitucionalistas. La otra posibilidad es convencer al PSOE de la abstención, pero éstos no están por la labor. Conviene recordar que el PSOE perdió con claridad las elecciones. En un país normal, lo lógico sería su abstención, no un intento desesperado por conseguir el poder a cualquier precio. Difícilmente se producirá una gran coalición PSOE-Podemos-Ciudadanos, ya que la línea roja del partido naranja es la unidad territorial.

Además de Podemos, el PSOE necesita el apoyo de Izquierda Unida (IU) y de los independentistas. Este apoyo no sería gratis. El PNV, por ejemplo, condiciona su apoyo a Sánchez si reconoce el derecho a decidir. Lo que hace Pablo Iglesias a Pedro Sánchez es un «jaque mate» en toda regla. Si quieres ser presidente, tienes que aceptar nuestras condiciones. Este gran pacto de izquierdas podría ser visto como un fraude democrático; ya que muchos votantes de Podemos le dieron su voto por el llamado «derecho a decidir». Renunciar a él, para gobernar, sería un engaño a los votantes. A los partidos nacionalistas (independentistas) les interesa un gobierno de izquierdas débil para continuar con sus reivindicaciones. Los contactos que se van produciendo entre los diferentes partidos tras el 20-D, se asemejan a una gran partida de póquer, en la que cada uno va desvelando sus cartas para influir sobre el contrario.

Vivimos un momento interesante desde el punto de vista democrático, ya que la elección del presidente del Congreso de los Diputados (el socialista Patxi López) y el detalle del rey Felipe VI, de no invitar a la presidenta del Parlament de Catalunya, Carme Forcadell, ni a Convergència (DiL) -esquerra ERC ha renunciado- hacen difícil que Pedro Sánchez pueda llegar a un acuerdo con ellos, y justificarlo al rey, y a los demás partidos constitucionalitas (unionistas). Si a este complidaco puzle le añadimos las presiones de Bruselas, de Ángela Merkel, de la Comisión Europea, del IBEX 35, del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial y del Banco Central Europeo, el tema se complica. Desde Europa se pide un gobierno estable, ya que los recortes, perdón, reformas, tienen que seguir.

En un momento delicado como el actual, en el que se comienza a salir de una de las peores crisis económicas que ha padecido España durante las últimas décadas, un gobierno de coalición «progresista» como plantea Sánchez, con tantos intereses contradictorios, sería un caos. Sánchez es un cínico cuando afirma que «los políticos tienen que saber leer el resultado de las elecciones». Como si la gente ya sabía que todo este jaleo ocurriría antes de ir a votar. Como dijo Felipe Gonzáles, se trata de «una Italia sin italianos». Los eufemismos de Sánchez solo provocan confusión en la opinión pública. ¿Qué piensa Felipe González de todo esto? Desde el PSOE acusan Rajoy de «irresponsable y trilero». Desde el PP han recomendado a Sánchez tomar tila para calmar los nervios.

En Cataluña, la elección «in extremis» del nuevo president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en sustitución de Artur Mas, sugiere que el desafío independentista continuará sobre Madrid. Para los independentistas catalanes, una reforma federal se queda corta. El objetivo final es ser un nuevo país, y los cantos de sirena de Sánchez no son sufiecientes. Algo similar ocurre con una reforma fiscal.

Sánchez quiere derogar la reforma laboral. Podemos propone aprobar un plan de emergencia social conocido como «ley 25», que consiste, básicamente, en un aumento del gasto público. Estas medidas pondrían en peligro la recuperación económica y el empleo. Este plan supondría gastar unos 20.000 millones más. El Estado acumula un déficit de más de 40.000 millones. España está creciendo a un ritmo superior a la mayoría de las grandes potencias, a un 2,7%, según el FMI.

Si los poderes fácticos tienen poder, como aprendimos en la universidad, Pedro Sánchez lo tiene difícil para llegar a la Moncloa en el contexto actual. Cuando Rajoy llegó a la presidencia, se encontró con un panorama dantesco, y se vio obligado a tomar medidas impopulares para la mayoría de la población, en forma de reformas y recortes. Una coalición de izqueirdas podría desenvocar en una situación similar a la griega.

Las pasadas elecciones plantean algunas dudas inéditas en una monarquía parlamentaria, que hasta la fecha, no se habían producido. ¿Puede el Rey no encargar formar gobierno a Rajoy alegando falta de apoyos? La democracia hay que pulirla, ya que presenta situaciones incomprensibles como la que vive España. El partido más votado, el PP, que ganó con claridad, puede verse avocado a la oposición si se produce un acuerdo entre PSOE, Podemos y otros partidos que tienen programas y objetivos muy diferentes. En lo único que parecen estar de acuerdo es en que no gobierne el PP. Los pactos post electorales a que llegan los partidos, son vistos en muchas ocasiones como un fraude democrático. Enmendar en los despachos lo que no has conseguido en las urnas no es ético, ni moral. En el contexto actual, puede producirse una situación surrealista. El Rey, símbolo de la unidad del Estado, proponiendo a un candidato a la presidencia, que para llegar a ella, está obligado a pactar con partidos que quieren romperla.

El partido que ha ganado las elecciones debe ser el que busque apoyos para gobernar, ya que acuerdos a dos o más bandas son interpretados como pactos de perdedores. Si se modifica la ley en este sentido, el ganador, pero también los demás, sabrían a que atenerse, terminando con este juego de tronos que se produce en el actual sistema.

España tendrá que hacer más reformas y controlar el déficit. Un ajuste adicional de unos 10.000 millones de euros. La otra alternativa sería subir los impuestos. La Unión Europea es poco flexible en estos temas. En caso de que se produzca una coalición de izquierdas, la figura del Rey quedaría muy debilitada de cara a la sociedad. Un jefe de Estado que en realidad no pinta nada, una institución desfasada que solo representa un gasto para los contribuyentes. Con la deteriorada imagen de la familia real, Felipe VI también se juega su prestigio y la continuidad de la monarquía. Es posible que para el «establishment» lo mejor sea repetir las elecciones para desencallar la situación actual. El problema es que tras unas nuevas elecciones se produzca un resutado similar, cuando el país necesita un gobierno estable para salir de la dura crisis económica en la que todavía está inmerso. Los intereses generales del Estado deberían estar por encima de los intereses de partido y de egocentrismos.

Por Alcides Pimentel Paulino