RESUMEN
En el sector asegurador dominicano, hay un problema silencioso que afecta directamente al bolsillo de miles de asegurados: el valor por el cual se mantienen asegurados los vehículos financiados por Bancos y Financieras.
Cuando un cliente adquiere un vehículo nuevo mediante un financiamiento, la entidad financiera establece como condición que el seguro se contrate sobre el valor total de compra. Hasta ahí, todo parece lógico: la institución quiere proteger el monto que prestó. Sin embargo, la dificultad aparece con el paso del tiempo.
Un vehículo comprado en 3 millones de pesos hace dos, tres o cuatro años no vale lo mismo en el mercado actual. Todos sabemos que el automóvil es un bien que se deprecia con rapidez, y el precio de reventa en ese lapso puede ser muy inferior al monto original. El problema es que el asegurado no tiene la libertad de ajustar ese valor asegurado a la realidad del mercado, porque dicha modificación debe ser autorizada por el banco o la financiera.
¿El resultado?
Primas más caras. El asegurado paga una póliza sobre un monto mayor al real, lo que encarece innecesariamente su seguro año tras año.
Deducibles más altos. Como el deducible se calcula en función del valor asegurado, este también se incrementa, afectando directamente al cliente cuando ocurre un siniestro.
Indemnización limitada. Aunque el cliente esté pagando como si su vehículo valiera 3 millones, en caso de pérdida total la aseguradora indemnizará según el valor real de mercado, es decir, lo que efectivamente cuesta ese vehículo en el momento del siniestro, nunca el valor histórico de compra.
En pocas palabras: el asegurado paga de más, asume más riesgos y, aun así, no recibe un beneficio mayor.
Esta situación debería llamar a reflexión a todos los actores del sistema. Los bancos y financieras cumplen su rol al proteger la garantía de un préstamo, pero ¿hasta qué punto es justo mantener un valor asegurado artificialmente inflado, cuando el mercado muestra otra realidad?
Un camino posible es establecer mecanismos más flexibles que permitan al asegurado solicitar la depreciación anual del vehículo asegurado, manteniendo el balance entre la protección del acreedor y la justicia financiera para el cliente.
Al final, el seguro debe ser un instrumento de protección, no una carga desproporcionada. Si el vehículo cuesta menos, debería asegurarse por menos. Eso es lo justo, lo lógico y lo que realmente protege tanto al dueño como a la institución que otorgó el préstamo.
Por Félix Correa
