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3 de abril 2026
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OpiniónWALDY ASTACIO RUIZWALDY ASTACIO RUIZ

El Diálogo de Melos y el contexto geopolítico actual

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RESUMEN

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El discurso pronunciado por el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico de Davos el 21 de enero de 2026, donde describió de forma descarnada la situación actual del orden internacional, es una pieza de oratoria histórica. Su diagnóstico de la realidad actual es el más acertado de un líder internacional: “Estamos ante el fin de una ficción agradable y el inicio de una realidad brutal en donde la geopolítica de las grandes potencias no se somete a ninguna restricción”. Luego continúa: “Este aforismo de Tucídides se presenta como algo inevitable”.

El aforismo de Tucídides al que hace mención Mark Carney es el famoso “Diálogo de Melos”, el cual encontramos en el Libro V de la Historia de la Guerra del Peloponeso. Tras las Guerras Médicas, Atenas se había erigido como la principal potencia de las ciudades-estado griegas; su dominio era imponente, tenía el sistema político más avanzado de la época, destacaba en artes, teatro, filosofía, política y derecho, y poseía el dominio casi absoluto del mar. Tucídides nos cuenta que los espartanos se sintieron amenazados por el creciente poder ateniense y, hacia el año 431 a. C., fueron a la guerra. Este conflicto tendría una duración de tres décadas.

En el Libro V, el pasaje de mayor importancia es el diálogo de Melos. Escrito en forma dramática, Tucídides nos presenta dos formas de concebir las relaciones internacionales: una basada en el derecho y otra basada en el dominio de la fuerza. Los atenienses vieron la neutralidad de la isla de Melos como una debilidad para su poderío. Durante la guerra, esta isla, ubicada a 150 kilómetros de Atenas, había mantenido una neutralidad estratégica. Hacia el año 416-415 a. C., los atenienses tomaron la decisión de establecer su dominio en ella, argumentando lo siguiente:

Atenienses: “Porque vosotros habéis aprendido, igual que lo sabemos nosotros, que en las cuestiones humanas las razones de derecho intervienen cuando se parte de una igualdad de fuerzas; mientras que, en caso contrario, los más fuertes determinan lo posible y los débiles lo aceptan”.

Melios: “…Lo útil, decimos, exige que nosotros no acabemos con lo que es un bien común, sino que aquel que en cualquier ocasión se encuentra en peligro pueda contar con la asistencia de unos razonables derechos y obtenga provecho de ellos si, con sus argumentos, logra un cierto convencimiento de su auditorio, aunque sea dentro de unos límites estrictos”.

Los melios defienden que no deben renunciar a su «bien común, que es nuestra libertad», y preguntan: “¿Cómo puede ser tan provechoso para nosotros ser vuestros súbditos, como para vosotros ser nuestros señores?”. Los atenienses exponen entonces: “Más vale que seáis súbditos que sufrir todos los males y daños que os pueden venir a causa de la guerra; y nuestro provecho consiste en que nos conviene más mandaros y teneros por súbditos que mataros y destruiros”.

En sus razones contra los melios, los atenienses continúan argumentando: “Pensamos, en efecto, como mera opinión en lo tocante al mundo de los dioses y con certeza en el de los hombres, que siempre se tiene mando, por una imperiosa ley de la naturaleza, cuando se es más fuerte”.

Finalmente, no hubo acuerdo entre las partes. Tucídides relata que Melos fue sitiada y, una vez dominada por Atenas, los hombres adultos fueron aniquilados y las mujeres y niños esclavizados.

Dicho relato nos recuerda algo evidente: así como pretender la igualdad entre las naciones es una quimera, también lo es pretender que todas las acciones de los Estados se guíen por el derecho internacional. El sistema internacional de la posguerra fría ha colapsado, no por simple desgaste, sino por las mismas fuerzas humanas que son el motor de la historia. Con este relato se confirma el dicho “nada nuevo hay bajo el sol”, pues las acciones humanas, por inverosímiles que parezcan, suelen repetirse o ser copias casi exactas de lo ya vivido.

Tucídides nos ilustra en este magistral pasaje que la fuerza se impone al derecho. No es cierto que, 2,500 años después del diálogo de Melos, los imperios se conduzcan por razones jurídicas; pretenderlo es ignorar la historia. Las potencias no se guían por valores, sino por intereses. Lo que escribo puede sonar extremo, pero es la realidad de la acción humana: la ciudad de Melos, por no aceptar el dominio ateniense, pagó el duro precio de la aniquilación y la esclavitud.

Hoy las naciones se debaten entre ceder su soberanía o inclinar la rodilla. Nuestro mundo no es tan distante al de los griegos; el derecho internacional solo es vinculante cuando los iguales se ponen de acuerdo.

Hay una parte del discurso de Mark Carney en la cual difiero (no porque la considere inadecuada, sino por su viabilidad): cuando expresa “realismo basado en valores”. Si observamos la historia, las grandes potencias imponen su poder para hacer valer sus intereses. La realidad es evidente en nuestro hemisferio: los gobiernos de Cuba y Venezuela pagan el precio de no someterse a los intereses de los Estados Unidos.

Atenas fue una democracia con sus matices, pero democracia al fin. Sin embargo, su accionar se basaba en un profundo pragmatismo, al igual que el de Roma y otros grandes imperios. Todos se rigen por la misma lógica de poder: establecer un tejido de alianzas en función de sus intereses estratégicos.

 

POR WALDY ASTACIO RUIZ

El autor es egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en Educación Mención Filosofía y Letras, Máster por la Universidad de Castilla la Mancha Antropología Aplicada Entre la Diversidad y la Globalización.

 

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