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16 de marzo 2026
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El despliegue militar en el Caribe: ¿Fin del narcotráfico o principio del fin?

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RESUMEN

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Por José Flández

 En relación con la crisis estructural que ha atravesado Venezuela por más de 25 años, producida por el régimen castro-chavista que instaurara Hugo Chávez Frías y ahondada por su sucesor Nicolás Maduro Moros, se incorporó un nuevo episodio; el cual ha despertado una gran alarma regional, pues se trata del despliegue naval y militar estadounidense en los mares del Caribe, cuyo objetivo oficial es el de poner fin al tráfico de drogas que, según lo que sostiene Washington, es conducido por el propio Maduro y sus compinches.

 Sin embargo, el ambiente de espera, tensión y especulación indica que el objetivo podría ser mucho más profundo.

Una dictadura narco-militar

 Desde hace años, el régimen venezolano ha sido considerado un actor fundamental en el narcotráfico regional desde Estados Unidos y las organizaciones internacionales. El país caribeño ha ido creando un narcoestado, puesto que hay generales sancionados, las rutas son controladas por el Cartel de los Soles y la estructura estatal apoya al crimen organizado.

 El Socialismo del Siglo XXI no solo arruinó las instituciones y la maquinaria productiva, sino que transformó a la nación en una base para el contrabando de oro prohibido, narcóticos y seres humanos.

 ¿Mediadores o encubridores?

 Mientras se despliegan buques y aeronaves en el Caribe, los falsos demócratas de siempre —Lula, Petro, Samper, Rodríguez Zapatero y Leonel Fernández— guardan silencio o minimizan la gravedad del asunto. Estos peones ideológicos del castrochavismo, que han servido de observadores complacientes en fraudes electorales y de voceros del diálogo inútil, ahora se ven descolocados ante una acción que no pueden maquillar como “proceso democrático”. Su complicidad con el régimen los descalifica como interlocutores válidos, y su falta de reacción ante el despliegue militar confirma que no están del lado de la libertad.

 ¿Solo contra el narcotráfico?

 La operación militar ha creado un clima de especulación. Detener el tráfico de cocaína no es el único objetivo, según algunos analistas; también se busca desestabilizar el régimen desde fuera, interrumpir sus canales de financiación y propiciar una transformación política. Muchos han entendido la presencia militar en aguas próximas a Venezuela como una advertencia directa al dictador: el tiempo se te acaba.

Sin embargo, Maduro sigue aferrado al poder, rodeado de una cúpula que no conoce otra forma de vida que la represión, el saqueo y el control absoluto. El Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y las Fuerzas Armadas están al servicio de su permanencia, y cualquier intento de transición pacífica ha sido saboteado desde dentro.

 No hay diálogo con narcos

 Como he sostenido en artículos anteriores, negociar con Maduro es perder el tiempo. No se dialoga con quien trafica drogas, encarcela opositores, reprime manifestaciones y destruye el país. Los dictadores no entienden de acuerdos ni de salidas institucionales. Solo entienden de fuerza, presión y aislamiento.

Ojalá este despliegue militar no sea solo un gesto simbólico. Ojalá no se repita el error de confiar en cómplices disfrazados de mediadores. Ojalá esta vez la comunidad internacional entienda que la libertad de Venezuela no se negocia: ¡se conquista! ¡Que ojalá me equivoque!

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