RESUMEN
“El futuro del cooperativismo no se construye con recursos, sino con confianza bien gestionada e innovación al servicio del bien común.” — Anónimo
El cooperativismo dominicano ha sido, desde sus raíces, un movimiento de esperanza y transformación. No nació de los escritorios del poder, sino de los corazones del pueblo que decidió unirse para enfrentar la pobreza, el abuso financiero y la exclusión social. Hoy, más de 2.2 millones de dominicanos —el 41.5% de la población económicamente activa— forman parte de más de 2,300 cooperativas distribuidas en todo el país. Sin embargo, este crecimiento numérico no siempre se ha traducido en madurez institucional ni en sostenibilidad operativa.
El reciente Informe Técnico sobre el Análisis FODA del Sector Cooperativo Dominicano, elaborado por StartupEDU para el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), arroja luz sobre las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que definen el presente y futuro del cooperativismo nacional. Sus hallazgos son una radiografía clara de un movimiento que impacta profundamente la vida económica del país, pero que enfrenta desafíos estructurales urgentes.
1. Las Fortalezas: Un Movimiento con Alma Comunitaria
Las cooperativas dominicanas han demostrado una extraordinaria capacidad de resiliencia. Su fortaleza radica en el sentido de pertenencia que tienen sus socios, en la confianza comunitaria y en su contribución al desarrollo local.
En comunidades donde el sistema financiero tradicional no llega, las cooperativas han sido una tabla de salvación: fomentan el ahorro, financian microemprendimientos, facilitan el acceso a vivienda y apoyan a miles de familias que de otro modo estarían excluidas del sistema bancario.
Además, muchas cooperativas muestran un fuerte compromiso con la equidad de género, al promover la participación femenina en los órganos de administración y vigilancia. Esa inclusión no solo es un logro social, sino un motor de equilibrio y transparencia institucional.
Otro aspecto destacado es la diversificación sectorial. En el país coexisten cooperativas agropecuarias, de ahorro y crédito, de transporte, de vivienda, de producción y de servicios múltiples. Esta variedad refleja una vocación adaptativa que ha permitido al sector mantenerse relevante en distintos contextos económicos.
2. Las Debilidades: Falta de Profesionalización y de Cultura Organizacional
Pero detrás de estos logros palpables hay desafíos estructurales que amenazan la sostenibilidad del movimiento. El primero de ellos es la falta de gestión profesionalizada.
Muchas cooperativas aún operan de manera empírica, sin planes estratégicos claros, sin manuales operativos, sin indicadores de desempeño ni evaluaciones sistemáticas. Esto se traduce en decisiones improvisadas, dependencia excesiva de ciertos líderes y vulnerabilidad ante crisis internas.
El informe destaca que gran parte de las cooperativas no cuenta con sistemas contables modernos ni procesos digitalizados. Aún se utilizan hojas de cálculo y documentos manuales para manejar información financiera, lo cual aumenta el margen de error y reduce la transparencia.
A esto se suma la escasa formación técnica de algunos dirigentes, quienes confunden la misión social con la ausencia de rigor administrativo. Una cooperativa puede y debe tener corazón solidario, pero con disciplina, control interno y visión empresarial. El cooperativismo no se opone a la eficiencia; al contrario, la requiere para ser sostenible.
Otro problema señalado es la desconfianza interna. Casos de mal manejo, duplicidad de registros o préstamos no recuperados han deteriorado la imagen de algunas instituciones. La transparencia no puede ser un discurso, sino una práctica cotidiana: auditorías, rendición de cuentas y comunicación clara con los socios.
3. Las Oportunidades: El Futuro es Digital, Educativo y Colaborativo
El contexto actual presenta oportunidades históricas para el cooperativismo dominicano.
Primero, existe una política pública activa de apoyo al sector. El MICM, el IDECOOP y el CONACOOP han mostrado interés en fortalecer las capacidades institucionales, promover la educación financiera y conectar el cooperativismo con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).
Segundo, la digitalización abre un nuevo horizonte. Las cooperativas pueden incorporar sistemas tecnológicos que mejoren su contabilidad, control de cartera, atención al socio y toma de decisiones. Los sistemas ERP cooperativos y la banca digital solidaria son herramientas que pueden transformar la gestión interna.
Tercero, el capital humano dominicano tiene hambre de formación. La educación financiera y la capacitación en gobernanza son oportunidades para elevar el nivel del liderazgo cooperativo. Invertir en conocimiento es invertir en estabilidad.
Cuarto, las cooperativas pueden integrarse a las cadenas de valor agroindustriales y aprovechar los incentivos a la producción sostenible. Esto no solo generaría ingresos, sino que fortalecería su papel como promotoras de desarrollo rural.
Y, finalmente, existe una oportunidad clave: redefinir la narrativa del cooperativismo. Pasar de ser vistas como “instituciones financieras de los pobres” a “organizaciones inteligentes de prosperidad colectiva”. Esa es la visión del nuevo cooperativismo.
4. Las Amenazas: Entre la Usura, la Burocracia y la Pérdida de Identidad
El informe advierte que la mayor amenaza del sector no proviene del exterior, sino del interior. La pérdida de identidad cooperativa es un riesgo real. Cuando una cooperativa se comporta como un banco, pero sin la rigurosidad de un banco ni el corazón de una cooperativa, se convierte en un híbrido ineficiente.
A esto se suman factores externos:
- Competencia desleal de prestamistas informales y usureros que ofrecen crédito rápido, aunque destructivo.
- Supervisión insuficiente del IDECOOP, que carece de recursos para fiscalizar con profundidad a miles de entidades.
- Desigualdad de género y generación, pues los jóvenes no ven el cooperativismo como una opción atractiva de participación económica.
- Y el riesgo creciente del lavado de activos, que puede dañar la reputación y la credibilidad del movimiento.
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El Desafío Central: Gobernanza y Transparencia
Todo análisis serio del cooperativismo dominicano converge en un punto: la necesidad de fortalecer la gobernanza institucional.
Una cooperativa sin control interno, sin rendición de cuentas ni liderazgo preparado, está destinada a la fragilidad. No basta con tener buenos estatutos o reglamentos; se requiere cultura organizacional, ética y compromiso con los valores cooperativos.
La confianza —activo central del cooperativismo— se gana con transparencia. Por eso es urgente que las cooperativas implementen auditorías regulares, manuales de procedimientos, políticas de gestión de riesgos y herramientas digitales que garanticen la trazabilidad de cada operación.
6. Tecnología y Educación: Dos Ejes de Transformación
El cooperativismo del siglo XXI será digital o desaparecerá.
Las cooperativas deben adoptar sistemas de gestión modernos, plataformas contables integradas y herramientas para el manejo de datos y membresías. No se trata solo de “usar computadoras”, sino de gestionar la información estratégicamente.
Pero la tecnología no basta. Es necesario invertir en educación continua. Los socios deben entender conceptos financieros, los directivos deben manejar liderazgo y gestión, y los empleados deben ser parte activa del proceso de innovación.
Imaginemos un ecosistema digital cooperativo nacional, donde las cooperativas estén interconectadas entre sí, compartan buenas prácticas, realicen compras conjuntas, accedan a educación en línea y gestionen sus indicadores en tiempo real. Esa visión es alcanzable, pero requiere voluntad política y compromiso institucional.
7. El Impacto Social: Cooperativas que Transforman Comunidades
A pesar de sus debilidades, el cooperativismo sigue siendo uno de los movimientos sociales más poderosos del país. En comunidades rurales y barrios urbanos, las cooperativas han promovido la cultura del ahorro, reducido la dependencia de los prestamistas informales, impulsado el emprendimiento femenino y fomentado la solidaridad económica.
El informe evidencia que las cooperativas contribuyen directamente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Son motores de trabajo decente (ODS 8), promueven la igualdad de oportunidades (ODS 10), reducen la pobreza (ODS 1) y favorecen el consumo responsable (ODS 12).
Cada peso que circula dentro de una cooperativa genera un efecto multiplicador: se queda en la comunidad, fortalece los negocios locales y crea una red de apoyo financiero solidario.
Conclusión: El Nuevo Cooperativismo que el País Necesita
El cooperativismo dominicano está en una encrucijada: o se transforma, o se estanca. La buena noticia es que los cimientos son sólidos. Hay talento, hay historia y hay compromiso social. Pero se necesita un salto de calidad: de la improvisación a la estrategia, del papeleo al dato digital, de la rutina a la innovación.
El futuro pertenece a las cooperativas que combinen valores con gestión, solidaridad con transparencia y fe con profesionalismo.
El desafío ya no es solo ser cooperativa, sino ser eficiente, confiable y relevante para las nuevas generaciones. El movimiento que nació para unir a los humildes hoy tiene la oportunidad de liderar la economía solidaria del siglo XXI.
Y esa es, quizás, la mayor misión de todas: demostrar que se puede prosperar con propósito.
Por: Víctor Ventura, Presidente C.A. COOPEMIC
