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9 de febrero 2026
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OpiniónJulio CasadoJulio Casado

El declive de la narrativa mediática del Gobierno y una ley para callar voces

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RESUMEN

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Contexto legislativo: La iniciativa del Gobierno

El Gobierno de la República Dominicana presentó recientemente al Congreso un proyecto de ley que busca regular la libre expresión y medios digitales, argumentando la necesidad de combatir la desinformación, proteger la privacidad y garantizar «estándares éticos» en el ecosistema informativo. La propuesta, según sus defensores, responde al crecimiento exponencial de plataformas digitales y su impacto en la opinión pública. Sin embargo, críticos señalan que el texto contiene ambigüedades que podrían limitar la libertad de expresión, como requisitos de registro estatal para operar, sanciones por difundir «noticias falsas» sin una definición clara, y facultades amplias para entidades gubernamentales supervisar contenidos.

El imperio mediático de A. Espaillat y su declive

En paralelo, el conglomerado RCC Media, propiedad del influyente empresario Antonio Espaillat enfrenta una crisis de credibilidad sin precedentes. Sus medios, tradicionalmente alineados con el discurso oficial, han sido acusados de sesgo político, prácticas monopólicas y difusión de narrativas favorables al Ejecutivo. Investigaciones periodísticas independientes revelaron irregularidades financieras en RCC Media, incluyendo contratos públicos opacos y una abrupta caída en su audiencia, especialmente entre jóvenes que migraron a plataformas digitales críticas.

¿Regulación o control? El debate subyacente

Analistas políticos vinculan la iniciativa gubernamental con el declive de RCC Media. Para algunos, el proyecto busca compensar la pérdida de influencia de los medios tradicionales afines al oficialismo, estableciendo barreras legales a competidores digitales independientes. «Es una estrategia para recentralizar el control narrativo», afirma Ana Rodríguez, directora del Observatorio Dominicano de Medios. «Al regular bajo el pretexto de la ética, se silencian voces incómodas».

El gobierno niega cualquier motivación política, insistiendo en que la ley protegerá a los ciudadanos de la desinformación. No obstante, organizaciones como Reporteros Sin Fronteras alertan que normas similares en otros países han derivado en censura. En República Dominicana, donde el 80% de la población accede a noticias vía redes sociales, la ley podría afectar a creadores de contenido, periodistas ciudadanos y medios alternativos.

Implicaciones para la libertad de expresión

El caso de A. Espaillat ejemplifica los riesgos de concentración mediática y colusión entre poder político y empresarial. Su caída, impulsada por la desconfianza ciudadana, refleja una demanda social por transparencia. Sin embargo, regular los medios digitales sin consenso multipartidista y salvaguardas contra el abuso estatal podría agravar el problema.

Entre la ética y el autoritarismo

La regulación de medios digitales es un desafío global, pero debe equilibrarse con garantías democráticas. En República Dominicana, el debate no puede desvincularse del contexto de RCC Media: una ley diseñada en opacidad, tras el colapso de un imperio mediático cercano al poder, alimenta sospechas de instrumentalización. Urge un diálogo inclusivo que evite repetir errores del pasado y priorice el derecho a informar y ser informado.

Por Julio Casado
Abogado
Santo Domingo

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