RESUMEN
(Palabras de presentación al libro nuevo de Amaury Justo Duarte sobre El Consejo de Estado de 1962. Museo de La Altagracia, Higüey, RD, 29 de enero, 2016).
Señoras y señores:
El doctor Amaury Justo Duarte me ha distinguido sobremanera al solicitarme que le presente ante ustedes su último aporte a la literatura de la historia política contemporánea dominicana, que sin duda lo representa su nuevo libro sobre el Consejo de Estado de 1962, que hoy ve la luz pública.
El doctor Justo Duarte es, para quien les habla, un especialista sobre uno de los períodos más convulso y complejo de nuestra historia reciente, me refiero a los años transcurridos entre el final de la dictadura trujillista y la guerra civil de 1965.
En los inicios de la década de 1980, Amaury publicó, en dos tomos, un sustancioso y bien documentado estudio político, muy objetivo, yo diría pionero, sobre las luchas de las distintas fracciones políticas dominicanas, antes y después del derrumbe de la dictadura.
Ese texto viene siendo revisado y reforzado por su autor, quien nos ha prometido publicarlo en cinco nuevos volúmenes, el primero, Auge y caída de los trujillistas, ya publicado en el año 2004; el segundo sobre El Consejo de Estado, que ahora presentamos; el tercero será El régimen de Bosch de 1963; el cuarto estudiará El gobierno del Triunvirato y el quinto La guerra civil de 1965.
Si observamos bien, cada uno de los volúmenes que nos promete el doctor Amaury corresponde a los cinco períodos que abarca su primer libro, publicado hace más de 30 años.
El primer volumen, Auge y caída de los trujillistas, cubre los años de 1955 a 1962 y está muy bien concebido, porque sabemos que el régimen trujillista no terminó con la muerte del tirano, sino cuando los neo trujillistas, con Balaguer a la cabeza, fueron expulsados del poder político y militar el 18 de enero de 1962, es decir, casi ocho meses después del magnicidio.
El segundo período corresponde al Consejo de Estado, que va desde su instalación, el 19 de enero de 1962 hasta la jura del presidente Bosch, el 27 de febrero de 1963. Para una mejor comprensión, cada intervalo de tiempo es subdividido en períodos más cortos que podríamos llamar fases. En el texto que voy a comentar, se observa una correcta periodización, concebida en virtud de los cambios que van ocurriendo en la correlación de fuerzas entre las distintas fracciones políticas en pugna.
Creo que si se obvia una adecuada periodización de una época tan compleja, de continuos enfrentamientos causados por múltiples factores internos y externos, se le haría cuesta arriba a los lectores la comprensión de los fenómenos descritos, analizados e interpretados por Amaury Justo en su libro sobre el Consejo de Estado y los que vendrán después.
En sentido general, los años que discurren entre 1961 y 1966 se caracterizaron por un nuevo ambiente de apertura política, pero restringida; por la ingobernabilidad, fuertes tensiones, movilizaciones populares urbanas, huelgas nacionales, fuerte intromisión imperial, golpes y contragolpes militares, divisiones en las fuerzas armadas, revolución popular, invasión imperialista y contra revolución triunfante.
Para reconstruir aquel período tan escabroso se requiere de mucha visión, de teorías políticas modernas, de novedosos métodos y técnicas de investigación, de paciencia, disponibilidad de tiempo, de recursos y agudeza cuando hurgamos en las fuentes documentales, en las cuales sustentamos el proceso de investigación y sus conclusiones, que son las síntesis históricas a las que debemos arribar cada vez que emprendemos una investigación en el campo de las ciencias sociales.
El contenido del libro que presento está en medio de una época difusa. Pero puedo decir que es la historia política dominicana del año 1962. O más bien, la historia de un nuevo esquema de poder pactado desde arriba, donde están representadas determinadas élites políticas, económicas y religiosas, dirigidas y bendecidas por el poder imperial. Es, si se quiere, la historia de la primera transición fallida en la lucha por la democracia después de la muerte de Trujillo.
Esa primera transición se vio afectada por el protagonismo político de los militares trujillistas, por la voracidad de la oligarquía tradicional agrupada en la Unión Cívica Nacional, por el intervencionismo del gobierno norteamericano y por la incapacidad de las fuerzas políticas democráticas y de izquierdas de articular un polo del poder popular, en un momento de auge del movimiento social urbano.
Esa es la descripción general del cuadro político existente en el año 1962.
Después de la salida forzosa de la familia Trujillo en noviembre de 1961, las fuerzas armadas se dividieron en tres grupos, uno al servicio de Balaguer, otro al servicio de la oligarquía cívica anti trujillista y un tercero que era dirigido por los sobrevivientes al magnicidio. La división de las fuerzas armadas ocurrió porque, en vez de ser una institución profesional al servicio de la nación, siempre estuvo al servicio de Trujillo. Muerto el tirano, los jefes militares se sintieron huérfanos y se asociaron con las fuerzas políticas en pugna por el control estatal, perturbando la ansiada transición hacia la democracia política.
Otro factor de perturbación, según se lee en el texto comentado, era la voracidad de la oligarquía cívica, marginada de los circuitos de acumulación en tiempos de Trujillo. Ahora que los neo trujillistas habían sido expulsados del poder, la vieja oligarquía pensaba que había llegado la ocasión para alzarse con las enormes riquezas del tirano que habían sido traspasadas al Estado dominicano. Esa ambición sin freno empujó a los cívicos a cometer gravísimos errores políticos, en su doble rol de querer ser gobierno y oposición durante el año 1962.
El texto de Amaury es prolijo cuando resalta el intervencionismo de los Estados Unidos y sus agentes en la política dominicana de aquellos convulsos años. Se observa el continuo cambio de táctica de la política imperial, siempre ajustada a la cambiante correlación de las fuerzas políticas internas que peleaban por el control estatal. Todo el esfuerzo de la política exterior norteamericana se centró en impedir, al precio que fuere, el establecimiento de un gobierno pro fidelista en República Dominicana.
Era la época de mayor apogeo de la Guerra Fría en América latina y el Caribe. Amaury no se pierde cuando inserta su análisis de la situación dominicana en el contexto global de la región, aunque descarta que los factores externos sean los decisivos a la hora de analizar el rumbo de los acontecimientos nacionales. Es una vieja polémica de carácter teórico no resuelta del todo, pero yo creo que sí, que el rumbo de los acontecimientos estará determinado por los factores internos, sin olvidar jamás la influencia, en ocasiones determinante, que desempeñan los factores externos.
Yo me solidarizo con el autor cuando destaca, en el capítulo III, los múltiples errores tácticos de las fuerzas políticas de izquierdas, antes, durante y después del año 1962. El «espíritu de la época» era propicio para el crecimiento de esas organizaciones, pero fueron atrapadas por los ismos (copismo, puritanismo, individualismo, sectarismo, radicalismo y aventuralismo), que son las causas de su reconocida incapacidad histórica para constituirse en un polo de poder en República Dominicana.
Amaury hace muy bien cuando divide el año 1962 en dos fases bien diferenciadas por la dinámica de la lucha entre las distintas fracciones políticas. La primera va del 19 de enero hasta el 14 de agosto. En ella se evidenció el fracaso que resultó el pacto de poder representado en el Consejo de Estado, donde cohabitaron dos centros de mando, uno encabezado por Rafael F. Bonnelly, su presidente, y otro, por el general Antonio Imbert Barreras. La oligarquía cívica tenía mayoría en el gobierno interino, que siempre contó con el decidido respaldo político y económico de los Estados Unidos, mientras el «grupo Imbert» trabajaba para amasar más poderes con intenciones inconfesables.
En el seno del gobierno de los siete, ambos bandos coincidieron en que había que postergar la celebración de las elecciones constituyentes, previstas para mediados de agosto, provocando una breve crisis política que fue resuelta cuando el gobierno colegiado se vio forzado, por la presión pública, a tomar algunas decisiones relacionadas con las elecciones para elegir a los diputados que reformarían la Constitución de la República.
La convocatoria a las elecciones quedó revocada por el Consejo el 14 de agosto y la reforma constitucional la hizo el mismo Consejo, eliminado así los requisitos que la Constitución trujillista anterior exigía a los ciudadanos para ser Presidente de la República.
En la segunda fase, que va desde el 14 de agosto de 1962 hasta el 27 de febrero de 1963, el PRD desplazó a las demás organizaciones políticas y toda la opinión pública se enfocó en la celebración de las elecciones presidenciales pautadas para el 20 de diciembre.
Amaury resume las causas de aquel vertiginoso ascenso de la fracción política liberal que soñaba con una revolución democrática por la vía electoral. Esa fracción, capitaneada por Juan Bosch, derrotó en las elecciones a la oligarquía cívica y al clero católico cavernario que habían desatado una campaña de calumnias contra el entonces líder del PRD.
En resumen, todas las enseñanzas que arroja aquel período de transición son descritas, analizadas e interpretadas en este nuevo libro del doctor Amaury Justo, escrito en prosa ligera, de fácil comprensión y, sobre todo, muy bien sustentado en fuentes periódicas, documentales y bibliográficas.
Felicito a mi distinguido amigo por sus enjundiosos aportes a la historiografía política contemporánea de República Dominicana.
Muchas gracias.
Por Filiberto Cruz Sánchez




