Una pequeña Gran Guerra.
En nuestro mundo interconectado, donde las tensiones geopolíticas se extienden como una plaga, el conflicto entre Rusia y Ucrania, que ha superado la marca de tres años, ha desatado un debate de una urgencia escalofriante. Aunque este enfrentamiento no cumple con las definiciones históricas de una guerra mundial, sería peligrosamente
miope ignorar el riesgo que representa. Como observador critico de este fenómeno, es evidente que el espectro de un conflicto global acecha a la humanidad. Este artículo no solo desafía la complacencia, sino que también subraya la urgencia de una diplomacia renovada y humana frente al armamentismo, el cual revela una profunda deshumanización en nuestra forma de aceptar el sufrimiento ajeno.
Por Qué el Conflicto Resplandece con Riesgo de Escalada
Históricamente, una guerra mundial se caracteriza por su escala masiva y la participación directa de potencias globales en multiples frentes. En este sentido, el conflicto ruso-ucraniano se ha mantenido contenido principalmente en Europa del Este, con operaciones militares centradas en Ucrania y avances lentos en regiones como Donetsk. La participación de las potencias mundiales ha sido, hasta ahora, mayoritariamente indirecta. La OTAN, por ejemplo, ha proporcionado un flujo constante de armamento y entrenamiento, como los misiles ATACMS de EE. UU., mientras evita el envío de tropas, una línea roja para Rusia. A su vez, Rusia recibe apoyo de Irán y Corea del Norte, con soldados norcoreanos incluso en territorio ruso, mientras que China ofrece respaldo económico y político.
Sin embargo, esta aparente contención es una ilusión fragil. Como documentan organizaciones como el Atlantic Council, la guerra híbrida —con ciberataques y sabotajes— ya se ha extendido a Europa, elevando el riesgo de escalada. La lógica detrás de la disuasión nuclear mutua parece mantener un equilibrio precario, pero la falta de un diálogo significativo lo hace insostenible a largo plazo. La ausencia de un choque directo entre los bloques, en lugar de ser un signo de estabilidad, es un síntoma de un sistema diplomático en coma. Los análisis de The Week y el Council on Foreign Relations coinciden en que el riesgo de una guerra nuclear global ha «aumentado significativamente» en 2025.
El Peligroso Camino de la Apatía y el Armamentismo
A pesar de su contención actual, el conflicto lleva las semillas de una escalada catastrófica. La «fatiga de la guerra» en la comunidad internacional, evidenciada por la división interna en la Unión Europea y una aparente falta de interés por una solución real, prolonga el estancamiento.
Si Rusia interpreta los ataques ucranianos en su territorio como una agresión respaldado por la OTAN, podría responder con ataques contra aliados europeos, arrastrando a más naciones a la guerra. Putin ha advertido explícitamente sobre el «riesgo de que el mundo se deslice hacia la Tercera Guerra Mundial», un eco de advertencias que muchos ignoran.
Las proyecciones de expertos, como las del Center for Strategic and International Studies (CSIS), estiman que el número de bajas rusas podría acercarse al millón. Cuando la desesperación y la fatiga de ambos bandos se combinen, el riesgo de un error nuclear se incrementa. De manera crítica, la priorización de armas sobre el diálogo hace que esta escalada no solo sea posible, sino plausible. El continuo flujo de armamento occidental y el ajuste de la doctrina nuclear rusa en 2025 solo exacerban esta peligrosa espiral, convirtiendo el conflicto en un juego de ajedrez donde las piezas son vidas humanas.
Un Llamado a la Razón Global: Más Diplomacia, Menos Misiles
Aquí, el argumento se vuelve crítico y urgente: los actores principales —Rusia, Ucrania, la OTAN y China— deben cambiar de rumbo. La diplomacia no es una señal de debilidad; es el pragmatismo más elevado en una era nuclear. Esfuerzos como las cumbres y propuestas de mediación deben ser el único camino. Esto requerirá concesiones difíciles: Rusia reconociendo la soberanía de Ucrania y Occidente limitando la expansión de la OTAN.
Ignorar la diplomacia invita a un ciclo vicioso donde la «paciencia estratégica» se convierte en una excusa para prolongar el sufrimiento. Este conflicto demuestra una profunda indiferencia selectiva de la humanidad, donde se acepta la catástrofe de un conflicto en el este de Europa, mientras se proveen armas para que las partes se destruyan, en lugar de soluciones para que coexistan. La historia nos enseña que las guerras mundiales comienzan con conflictos regionales ignorados, y es nuestro deber colectivo evitar repetir ese ciclo. De lo contrario, 2025 podría marcar el punto de inflexión hacia un futuro que nadie desea.
Por Iscander Santana
Zürich, Suiza.
