RESUMEN
¿Para qué leemos? No importa cuál sea el concepto que se tenga de lo que es literatura y de los motivos por los cuales se lee. Así se expresa la ilustre maestra de maestras, la dominico-cubana Camila Henríquez Ureña (CHU), quien además también cree que en una cosa estarán de acuerdo todas las personas que leen, y por tanto todos sus oyentes: se leen obras literarias para adquirir de ellas cierta experiencia, para satisfacer en parte ese anhelo de algo más que sienten todos los seres humanos.
Leer obras literarias supone una serie de beneficios e incentivos incalculables para las personas, especialmente para la comunidad educativa en sentido general. Sin embargo, se ha vuelto una práctica recurrente históricamente la lectura de resúmenes de libros y de obras literarias, lo cual no aporta mucho al cultivo y refinamiento del acervo cultural y científico de quienes asumen este hábito. Es preferible, para no incurrir en esta mala praxis literaria, limitante del contenido en su totalidad, optar por los audiolibros, que se basan en la obra tal cual, aprovechando el último de los sentidos del ser humano, cuando está en la postrimería de su estadía en este mundo: el oído. (J. Colomé Reyes)
¿Qué es literatura? La palabra literatura como tal, dice CHU, está cargada de significados… por tanto, refiere a ese tenor, que una definición nos dice que literatura es, si no todo lo que se escribe, por lo menos todo lo que se imprime. Resalta que, según esta definición, entonces podría existir lo mismo la literatura novelesca, que la de la medicina o la del ajedrez.
Esta definición, insiste, no muy generalizada en nuestra lengua es, por su puesto, ajena al sentido que ella ofrecía en sus cursos sobre literatura. Asimismo, para la ilustre maestra, literatura es más que todo eso: es sinónimo de arte, es cultura general, es estética, conjuntamente con otras superioridades. La literatura es imaginación, es ficción, apunta.
Al referirse a la creación literaria como tal, CHU considera, empero, que, en toda creación literaria coherente se reconocen dos valores fundamentales: 1) el valor del significado o semántico, y 2) el valor formal o de expresión lingüística. Sin embargo, asegura que ambos están sujetos al principio rector común que es la intención.
Considera también que el valor de significado radica principalmente en la ficción, en el suceder ficticio. Sostiene, además, que el valor de expresión radica principalmente en el lenguaje (la lengua). Finaliza dejando por sentado, que, sin intención estética en el lenguaje, no hay literatura, porque no hay arte.
En conclusión, como se puede notar, para que una obra pueda alcanzar la categoría de arte literario, es condición sine qua non (condición sin la cual no es posible) que en ella estén presentes la estética, la ficción, la imaginación, la narración, la subjetividad, entre otros atributos que, en definitiva, vienen a constituir los rasgos esenciales que diferencian lo literario de lo no literario, esto es, la literariedad.
Por José Santana-Guzmán
