El comportamiento motor es un aspecto fundamental en el desarrollo integral de los estudiantes, siendo un elemento clave en su formación física, cognitiva y social. Desde la perspectiva de la praxiología motriz propuesta por Pierre Parlebas, podemos entender el comportamiento motor como un conjunto de manifestaciones motrices observables que toman sentido en una situación praxiomotriz específica (Parlebas, 2001). Esta concepción nos permite analizar la motricidad desde una perspectiva sistémica, considerando las interacciones entre el individuo, el entorno y los demás participantes.
La importancia del comportamiento motor en el desarrollo integral de los estudiantes radica en su capacidad para promover la adaptación al entorno, la comunicación y la expresión personal. Según Lavega (2018), las situaciones motrices generadas en el ámbito educativo permiten a los alumnos desarrollar competencias sociales, emocionales y cognitivas a través de la acción motriz. Esto se debe a que el comportamiento motor no solo implica la ejecución de movimientos, sino también la toma de decisiones y la anticipación de las acciones de los demás.
El maestro de Educación Física juega un papel crucial en el trabajo con el comportamiento motor de los estudiantes. Para ello, debe diseñar y proponer situaciones motrices que favorezcan el desarrollo de las diferentes dimensiones del comportamiento motor. Según Parlebas (2001), estas dimensiones incluyen la gestualidad, el espacio, el tiempo, la comunicación y la estrategia. El docente debe ser capaz de crear un entorno de aprendizaje que permita a los alumnos explorar y experimentar con estas dimensiones de forma significativa.

Una de las estrategias que el maestro puede utilizar es la implementación de juegos motores y deportes sociomotores, que según Lagardera y Lavega (2003), promueven la interacción y la cooperación entre los participantes. Estas actividades permiten a los estudiantes desarrollar habilidades de comunicación motriz, toma de decisiones y adaptación a diferentes roles dentro del juego. Además, fomentan la creatividad y la resolución de problemas en situaciones de incertidumbre.
Para evaluar el comportamiento motor de forma correcta, el maestro de Educación Física debe considerar no sólo los aspectos cuantitativos del movimiento, sino también los cualitativos y relacionales. Parlebas (2001) propone el uso de instrumentos de observación y análisis como el ludograma y el ecograma, que permiten registrar las secuencias de acciones motrices y las interacciones entre los participantes. Estos instrumentos facilitan una evaluación más holística del comportamiento motor.
Asimismo, es importante que el docente tenga en cuenta la lógica interna de las situaciones motrices propuestas, ya que esta determina las conductas motrices que los alumnos deben desarrollar para adaptarse a las exigencias de la actividad (Lagardera y Lavega, 2003). La evaluación debe centrarse en la capacidad del estudiante para comprender y responder adecuadamente a esta lógica interna, más allá de la simple ejecución técnica de los movimientos.
El maestro también debe considerar la evaluación formativa como parte integral del proceso de enseñanza-aprendizaje del comportamiento motor. Esto implica proporcionar retroalimentación constante a los estudiantes sobre sus acciones motrices y fomentar la reflexión sobre sus propias experiencias. Según Dugas (2004), esta aproximación permite a los alumnos desarrollar una mayor conciencia de su propio comportamiento motor y de las estrategias que utilizan en diferentes situaciones praxiomotrices.
Es fundamental que el docente promueva la transferencia de los aprendizajes motores a diferentes contextos y situaciones de la vida cotidiana. Para ello, puede diseñar actividades que simulen escenarios reales o que requieran la aplicación de habilidades motrices en entornos variados. Esta transferencia contribuye al desarrollo de la competencia motriz, entendida como la capacidad de utilizar el comportamiento motor de forma eficiente y adaptativa en diferentes situaciones (Ruiz Pérez, 1995).
El trabajo con el comportamiento motor también debe considerar la diversidad de los estudiantes y sus diferentes niveles de desarrollo. El maestro debe ser capaz de adaptar las situaciones motrices y las estrategias de evaluación para atender a las necesidades individuales de cada alumno. Esto implica proponer tareas con diferentes niveles de complejidad y ofrecer opciones de participación que permitan a todos los estudiantes experimentar el éxito y el progreso en su comportamiento motor (Lavega, 2018).
Finalmente, es importante destacar que el comportamiento motor no se desarrolla de forma aislada, sino que está estrechamente relacionado con otros aspectos del desarrollo integral del estudiante. El maestro de Educación Física debe ser consciente de estas conexiones y promover un enfoque interdisciplinario en su práctica docente. Según Parlebas (2001), la acción motriz es un vehículo privilegiado para el desarrollo de competencias transversales como la cooperación, la empatía y la toma de decisiones.
En conclusión, el trabajo con el comportamiento motor en el ámbito de la Educación Física requiere una comprensión profunda de la praxiología motriz y sus implicaciones pedagógicas. El maestro debe ser capaz de diseñar, implementar y evaluar situaciones motrices que promuevan el desarrollo integral de los estudiantes, considerando tanto los aspectos observables del movimiento como los procesos internos que lo sustentan. Solo así se podrá aprovechar todo el potencial educativo del comportamiento motor en la formación de individuos competentes y adaptados a las demandas de la sociedad actual.
El autor es licenciado en Educación Física. Reside en San Cristóbal.
Por Ahismel Victorino Sierra.
