“Pocos son los que tienen el coraje suficiente para reconocer sus fallos, o resolución suficiente para repararlos”. Benjamín Franklin
La traumática gestión de Waldo Ariel Suero al frente del Colegio Médico Dominicano (CMD), quien a la sazón dirige el principal gremio del país por quinta vez, no tiene luces que exhibir en materia de conquistas para los galenos ni siquiera ha podido modernizar dicha institución que debería ser un ente de equilibrio entre el principal capital que tiene el sector salud que es su recurso humano, es decir, los médicos y el Estado.
En los aspectos del día a día del CMD, los galenos que residen en el interior deben apersonarse en la sede principal en la ciudad capital, para solicitar un trámite tan sencillo como una simple certificación expedida por su colegio. Tan siquiera se ha modernizado dicho gremio.
Actualmente, la única asociación de profesionales que, a duras penas, puede catalogarse como funcional, producto de que el Colegio de Abogados de la República Dominicana (CARD), no es más que un botín de guerra de los mismos aspirantes de siempre; parecería ser que ese es el objetivo de Waldo Ariel Suero, porque luego de presidir el CMD en cinco ocasiones no puede exhibir una conquista de peso en favor de sus colegas.
La última estocada que le ha propinado a la maltrecha institucionalidad del CMD, ha sido la suspensión de la Asamblea General que sería celebrada en fecha 10 de mayo de este año, para seleccionar a los miembros de la Comisión Electoral para la elección de sus nuevas autoridades que tendrá lugar en noviembre del corriente año.
La única razón para comprender este desatino del actual presidente del CMD, se debe entender, que no es más que un intento de anular la institucionalidad en menoscabo contra la agrupación, producto de que los números no le dan con miras a noviembre; para lograr un sexto mandato que se traduciría en perjuicio de los médicos.
Dicha maniobra que busca retrasar lo inevitable, es una falta a la ley de colegiación médica, por igual, es una señal de alarma contra quien es capaz de secuestrar la institucionalidad al anular el derecho de los médicos de decidir el CMD que quieren. Sin lugar a equivocaciones, Waldo Ariel Suero es lo mismo para el CMD, que el centenar de abogados que desarticularon el CARD.
Por demás, la desconexión que exhibe con la clase médica, quien dirige el CMD, ante la realidad social evidencia su incapacidad para continuar dirigiendo tan importante gremio. Un señor que realizo un llamado a huelga en medio de la pandemia que nos recluyo durante tres años en nuestros hogares producto de un virus desconocido por todos.
Pero, ante las medidas migratorias del gobierno fue capaz de abogar por un humanismo del cual, él, carece de coherencia al enarbolar su condena a las mismas y olvida convenientemente, tal cual como si sufriera amnesia selectiva al no querer recordar aquel paro médico que convocó, la cual mencionamos con anterioridad.
Estas son las perlas que representan el fracaso de la gestión actual y las más longeva del CMD. No hay vías de diálogos, solo interrupción de los servicios de salud en menoscabo de los sectores más vulnerables del país.
Waldo Ariel Suero representa un letargo institucional y una retranca para el avance tecnológico del CMD, un sexto mandato al frente de dicho organismo gremial no es un perjudicial únicamente para los médicos, también para los usuarios del sector salud. Es decir, para la nación.
De continuar con la misma dirección, se debe hacer hincapié que el CMD, se volverá un gremio disfuncional. Sin capacidad de aportar políticas públicas para el sector salud, su única respuesta al gobierno son las huelgas sin exhibir ninguna clase de conquistas ni reivindicaciones.
Un sexto mandato de Waldo Ariel Suero seria la antítesis del juramento hipocrático y el final del único gremio funcional del país, que a decir verdad bajo su tutela funciona a duras penas.
Creo prudente concluir con el fragmento del poema del pastor alemán, Martin Niemöller, cito: “Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista, luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista, luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí, pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.”
Por: Jesús M. Guerrero, hijo.
