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18 de febrero 2026
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OpiniónLEONARDO CABRERA DÍAZLEONARDO CABRERA DÍAZ

El ciclo del poder

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RESUMEN

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El mundo se divide entre los buenos y los malos, los tibios y los sabios.

​Por un lado, los «buenos»: los que están en el poder, pero que antes fueron oposición; o aquellos que todos creen que son buenos porque aún no se han percatado de que, en realidad, son malos.

​Del otro lado, los «malos»: esos que antes estuvieron en el poder, al que llegaron porque todos creían que eran los buenos. Sin embargo, aunque tarde, la gente ya sabe que no lo son.

​En medio y debajo están los que siempre se han creído el cuento de las «manos limpias» o el de «una vez más, por necesidad».

​Son los que confían en que «soplarán los vientos», en «continuar lo que está bien y corregir lo que está mal», o se aferran al «manos a la obra», al «¡Se van, se van!», al «famoso cambio» o siguen esperando que «lo mejor está por venir».

​Allá, sentado en las gradas, están los mayores cómplices: los tibios. Los que se mantienen al margen y no se deciden, pero con su ausencia lo hacen, y terminan igual de afectados.

​Mientras tanto, en las torres, están los sabios: los que conocen el negocio. Son los que invierten y patrocinan a las tropas que enarbolan banderas y consignas de un bienestar que supuestamente sustituirá la miseria por el progreso esperado.

​Con gestos burlones y cínicos, esos «sabios» se ríen a carcajadas. Al final, la abundancia se queda en su redil, como un manjar a su antojo y sin temor a nada.

​Han comprado principios y honores de aquellos que no se atreven a hablar en voz alta, porque en sus palabras se delataría su desvergüenza y su moral perdida.

​Resulta, después de todo, un mal negocio en el que solo pierde la gente, el pueblo.

​Con Dios siempre, a sus pies.


Por Leonardo Cabrera Díaz

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