Desde el 2 de febrero de 1999, día en que Hugo Chávez ganó las elecciones en Venezuela, nació el “chavismo” y, con él, el llamado “socialismo” del siglo XXI, inspirado en los Castro, dueños de la Cuba destruida. Para la época, ya los precios del petróleo comenzaban a caer, pero la patria de Bolívar todavía vivía con cierta facilidad, en democracia y libertad.
El chavismo no lo pensó dos veces para iniciar los mismos errores que se sucedieron a partir de 1959, cuando los Castro y su revolución tomaron las riendas de lo que en ese entonces le llamaban la Perla de las Antillas y que más tarde se iba a convertir en lo que es hoy: un cementerio de gentes buenas, evidenciando el fracasado modelo que más tarde el chavismo aplicaría en Venezuela, y ya ven en lo que han convertido a la que una vez fue la gigante de Sudamérica.
Estos bárbaros del socialismo del siglo XXI de inmediato comenzaron a implementar lo único que saben hacer, como es apropiarse de lo ajeno, sin detenerse a pensar en el fracaso de sus socios en Cuba; así que, mientras más rápido, mejor, y ahí se inicia la destrucción de la próspera Venezuela.
La gente envenenada con ese falso socialismo comenzó a ver cómo poco a poco su moneda iba cayendo, llegando incluso a tener que llevar un bolso repleto de bolívares para comprar un solo pan; pero todavía creían y tenían esperanza, y es bajo ese esquema que llegan nuevas elecciones y vuelve a ganar el mal llamado socialismo del siglo XXI. Pero, a pesar de ello, la población se estaba dando cuenta de que las cosas no iban bien, y entonces el chavismo apela al brutal terror aplicado por los Castro en Cuba.
Chávez enferma, muere y ahí las cosas se comienzan a complicar, por lo que a los socios de los Castro no les queda otro camino que reprimir, y es así cuando el nuevo dictador asume la Presidencia como presidente interino, siendo ratificado en las elecciones del 19 de abril de 2013.
Era obvio que Maduro no tenía las condiciones del mentor para lidiar con lo que venía, lo que quedó demostrado en las elecciones de 2019, cuyo proceso se consideró fraudulento, por lo que, para llegar a 2024, tuvo que reprimir a la población, encarcelando, montando, torturando y, lo peor, obligando a más de 8 millones de personas a salir corriendo de su propia tierra.
Aislado, sin dinero y con una industria petrolera en ruinas, llegan las elecciones del 28 de julio de 2024, donde recibió una contundente derrota, a pesar de que el chavismo y los Castro sometieron al pueblo de Venezuela a la más cruda represión; sin embargo, no lograron impedir que el pueblo acudiera a las urnas y recibieron la más grande derrota que un dictador haya recibido en los últimos cincuenta años de la región, gracias a la heroica decisión del pueblo venezolano, coordinado por doña María Corina Machado y don Edmundo González Urrutia. Es decir, la gente les dijo a los acabapaíses: “Basta ya” de sufrimiento que ustedes, los Castro y el mal llamado socialismo del siglo XXI, le han causado a nuestro país. Pero, a pesar de la victoria, ni el dictador ni su partido, siguiendo instrucciones de sus aliados internacionales, reconocieron su derrota.
Para que tengáis una idea de la gran magnitud de la derrota sufrida por el dictador y sus verdugos, y de la contundencia con que ganó González Urrutia, basta con ver los siguientes datos:
González Urrutia: 7.443.584 votos, para un 67,4 %
Nicolás Maduro: 3.385.155 votos, para un 30,49 %
La diferencia fue de: 4.058.429 votos.
Ahora me pregunto: ¿a qué se le llama derecho internacional?
¿Cómo se debe llamar a las cárceles llenas de hombres y mujeres solo por pensar distinto a un dictador?
¿Cómo se le llama a 8 millones de personas obligadas a salir de su tierra por el solo hecho de pedir libertad de los presos políticos y querer vivir en democracia?
¿Pero cuáles son los derechos que garantizan la libertad, la democracia y la libre expresión del pensamiento, además de qué se debe hacer para defenderlos y garantizarlos?
Y, por último, ¿dónde están los violadores, adentro o afuera?
Por Jesús María Hernández
jmqhnotarioo@gmail.com
