RESUMEN
“Venezuela no es lo que pasa cuando el socialismo fracasa; es lo que pasa cuando el socialismo triunfa.” Garry Kasparov
Las razones de la detención y extracción de Nicolás Maduro para enfrentar la justicia norteamericana son hechos notorios y de conocimiento público. Que se haya declarado no culpable ante el juez federal de la Corte de Nueva York evidencia que ha iniciado un proceso de cooperación con las autoridades norteamericanas, lo que debe tener en alerta a muchos de sus antiguos colaboradores.
El retiro del expediente acusatorio contra Maduro, en el que se le señalaba como cabeza o líder del Cártel de los Soles, no implica negar la existencia del mismo ni refutarla. Podría ser, más bien, que haya comenzado a señalar a los demás implicados en los hechos punibles. Así como Ovidio Guzmán reveló los vínculos de Maduro y su esposa, la “primera combatiente” Cilia Flores, con el bajo mundo de los narcóticos, no resulta descabellado que Maduro acepte cooperar para salvar sus pocos años de libertad.
La narrativa de la izquierda sostiene que no existe dicho cártel, pero olvidan la detención de los “narcosobrinos” y la eventual negociación para su liberación. De igual forma, omiten el accionar del grupo criminal Tren de Aragua.
Sin obviar la violación sistemática de los derechos humanos de los venezolanos que enfrentaron a la dictadura en reclamo de su libertad.
La liberación de presos políticos al asumir la presidencia Delcy Rodríguez ha evidenciado el enfrentamiento interno con Diosdado Cabello, quien detuvo dicho proceso para ocultar el hecho de que muchos de los detenidos por razones políticas no volverán con sus familias, al haber sido vilmente asesinados en la mazmorra del Helicoide, antiguo centro comercial que pasó a ser sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), no más que verdugos al servicio del dictador.
En medio de todo esto, las fisuras internas del chavismo se han hecho evidentes. Delcy y Jorge Rodríguez han sido acusados de traicionar a Maduro, enfrentados a los ministros de Defensa e Interior, respectivamente, Padrino López y Diosdado Cabello, quienes, de igual forma, son señalados como traidores del usurpador del poder político en Venezuela. Ambos tienen acusaciones que reposan en el sistema de justicia norteamericano.
La caída del chavismo ha generado un efecto dominó en la región, ya que la administración Trump ha puesto sus ojos en la dictadura castrista, que ha sometido a los cubanos durante 67 años y solo ha logrado multiplicar la pobreza y las violaciones de derechos humanos.
De igual forma, la dictadura sandinista debe poner su barba en remojo. Daniel Ortega y sus acólitos podrían ser los siguientes.
La actitud asumida por el Departamento de Estado norteamericano respecto a América Latina parece una reivindicación de la Doctrina Monroe: en el pasado, para desplazar el predominio europeo en la región; en la actualidad, para detener el avance de China en Latinoamérica.
Dos casos han dejado esto en evidencia. En la primera visita del secretario de Estado, Marco Rubio, al pisar suelo panameño, el país rompió sus recién inauguradas relaciones con la República Popular China y su comunismo con peculiaridades chinas. De igual forma, se observa el apoyo abierto al candidato ganador de las elecciones de Honduras, el presidente electo Nasry Asfura, señalado por el presidente Trump.
El testimonio de quien fuera director de contrainteligencia durante los gobiernos de Hugo Chávez, Hugo “El Pollo” Carvajal, tiene en la mira a más de uno de los líderes de la región, desde apoyos monetarios y logísticos para campañas electorales hasta los mecanismos utilizados para fraudes electorales.
Para entender lo determinante que ha sido la pérdida de aliados naturales del chavismo en la región para su estrepitosa caída, podemos establecer un paralelismo con los momentos finales de la dictadura trujillista y el régimen instaurado por Hugo Chávez.
En las postrimerías de la dictadura de Trujillo, a partir de agosto de 1954, comenzó a perder aliados naturales en la región. Getulio Vargas se suicidó; en enero de 1955 fue asesinado el presidente panameño José Antonio Remón Cantera, quien gobernaba desde 1952; en Argentina, Juan Domingo Perón fue expulsado del poder en septiembre de 1955, tras ejercerlo desde 1946.
En junio de 1956, en Perú, el general Manuel A. Odría fue obligado a dejar el poder; en septiembre del mismo año, Anastasio Somoza fue asesinado, quien gobernaba Nicaragua desde 1936. En Haití, el general Magloire fue derrocado producto de una huelga general en diciembre de 1956. En Honduras, Juan Lozano Díaz también cayó ese mismo año.
En julio de 1957, en Guatemala, Carlos Castillo Armas fue asesinado. Ese mismo año, Gustavo Rojas Pinilla se vio obligado a abandonar el poder en Colombia. Finalmente, Marcos Pérez Jiménez fue depuesto el 23 de enero de 1958, siendo el último de los aliados de Trujillo. Todo comenzó a desmoronarse cinco años antes de su ajusticiamiento.
Si analizamos la región durante los 28 años en que el chavismo ha sometido al yugo opresor a los venezolanos, observamos que en Argentina Javier Milei desplazó al kirchnerismo del poder; en Ecuador, Rafael Correa se encuentra exiliado desde 2017 y sus delfines no han podido vencer ni a Guillermo Lasso ni a Daniel Noboa.
En Brasil, Lula da Silva ha dado la espalda al chavismo con sus acciones, incluso afirmando la ilegitimidad de las elecciones. En Colombia, Gustavo Petro claudicó en su apoyo a Venezuela ante la presión norteamericana, y probablemente no podrá impulsar la candidatura de su movimiento en la figura del senador Iván Cepeda, producto de la debacle de su gobierno y el retorno del partido Centro Democrático (CD) del expresidente Álvaro Uribe Vélez en las elecciones del 31 de mayo de 2026.
La derrota del camarada Ralph Gonsalves en las elecciones de San Vicente y las Granadinas ante Godwin Friday, líder de derecha, y el triunfo de Nasry Asfura en Honduras, derrotando a la candidata del gobierno de los Zelaya, Rixi Moncada, del Partido Libertad y Refundación (Libre), evidencian el desgaste de la izquierda latinoamericana.
En Bolivia, Evo Morales ejerció el poder desde 2006 hasta 2019. En diciembre de 2023, el Tribunal Constitucional Plurinacional anuló la posibilidad de la reelección indefinida, lo que significa que Morales ya no puede aspirar nuevamente a la presidencia. Con el rompimiento del actual presidente Luis Arce, marcando distancia de Morales e incluso renunciando al Movimiento al Socialismo (MAS), y con la victoria de Rodrigo Paz en las elecciones generales de 2025, no existen dudas del fracaso de la izquierda boliviana.
En Perú, con la caída de Pedro Castillo y su condena a 11 años de prisión, queda en evidencia el fracaso del comunismo en ese país y la pérdida de otro aliado chavista.
En 2012, con la salida del poder del expresidente Leonel Fernández, el chavismo perdió otro aliado preponderante, quien había expresado su apoyo abierto a la candidatura de Hugo Chávez en 1998. Con la salida del poder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el chavismo perdió otro partido aliado que hoy incluso condena la captura de Nicolás Maduro.
Uno de sus principales dirigentes, Juan Ariel Jiménez, señaló que el rapto del presidente viola el derecho, pero guardó silencio ante el fraude electoral y las violaciones de derechos humanos cometidas contra miles de venezolanos.
En Uruguay, José “Pepe” Mujica, con militancia de izquierda en el movimiento revolucionario Tupamaros, se distanció de la izquierda recalcitrante, reivindicando su condición de anarquista y sin imponer sus ideas a la población, creando un precedente de tolerancia poco común en la izquierda regional.
El primer aliado que perdió el mal llamado socialismo del siglo XXI fue Fernando Lugo en Paraguay. Siendo el primer presidente de izquierda en alcanzar el poder en ese país, se generó una crisis de inestabilidad política que culminó el jueves 21 de junio de 2012, cuando la Cámara de Diputados aprobó un juicio político en su contra por mal desempeño de sus funciones, siendo destituido por el Poder Legislativo.
En El Salvador, con el gobierno de Nayib Bukele, la izquierda ha perdido todo su espacio. Los gobiernos de Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén son hoy el recuerdo de un Estado fallido. En Chile, el gobierno de Gabriel Boric, que ha marcado distancia de la dictadura de Maduro, muestra, según la encuesta CEP, una aprobación del 28 % y un rechazo del 62 %, evidenciando que su gestión no va por buen camino.
Con la victoria de José Antonio Kast en Chile, la derecha desplazó a la izquierda, aunque Boric fue de los primeros presidentes de izquierda en condenar públicamente los desmanes de Maduro y sus acólitos.
Actualmente, al chavismo solo le queda Cuba, que parece tener los días contados; la mal llamada revolución sandinista, que no es más que la dictadura de Daniel Ortega, cada vez más debilitada; y el sexenio en México de Claudia Sheinbaum, que ha resultado un desastre.
Cito un fragmento del libro La dictadura de Trujillo, de Lauro Capdevila: “La dictadura se encuentra cada vez más aislada en la región y los regímenes hostiles reaparecen, lo que no deja de alentar a los exiliados. En la Casa Blanca son muchos los que piensan que se debe dejar de exhibir una solidaridad inoportuna con los antiguos servidores, cualesquiera que sean sus méritos pasados.”
Partiendo de esta premisa, y en medio del paralelismo entre la caída de Rafael Leónidas Trujillo en mayo de 1961 y la de Nicolás Maduro en enero de 2026, ambos perdieron primero a sus aliados naturales en la región. La diferencia es que Trujillo cayó en desgracia, irónicamente, con Estados Unidos de Norteamérica, que había sido su protector, mientras que el chavismo siempre estuvo en la mira de las águilas del norte.
Creo prudente concluir con la fórmula de Carl von Clausewitz: “La guerra es solo la continuación de la política por otros medios.”
Por: Jesús M. Guerrero.
