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20 de enero 2026
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OpiniónMiguel ColladoMiguel Collado

El carteo entre los esposos Salomé Ureña de Henríquez y Francisco Henríquez y Carvajal en torno a sus hijos

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RESUMEN

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En una carta fechada en la ciudad de Santo Domingo, el 20 de febrero de 1896, la eximia poetisa Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897) le informa, con indescriptible entusiasmo, a su esposo Francisco Henríquez y Carvajal (1859-1935) ―quien prestaba sus servicios médicos en Cabo Haitiano― una de las genialidades de su hijo Pedro. La madre le cuenta al padre:

Pedro Nicolás está empeñado en recoger mis poesías dispersas. Creo que las tiene casi todas. Es un literato que conoce casi todos los clásicos y en su espíritu  de crítica hasta á mí me ha señalado defectos. En la observación que me hizo con sorpresa mía, la razón está de su parte. 1

Pedro aún no había cumplido los 12 años de edad, por lo que ya daba inequívocas señales de precocidad intelectual, cualidad que le ha merecido un estudio del investigador puertorriqueño Otto H. Olivera: «La precocidad literaria de Pedro Henríquez Ureña». 2 Señala Olivera que:

Uno de los aspectos más interesantes de la personalidad de Pedro Henríquez Ureña es su precoz desarrollo literario, particularidad ésta que, aunque observada en varias ocasiones, y con énfasis especial en su niñez y adolescencia, no ha sido estudiada apropiadamente en cuanto a su labor crítica.

Y luego agrega: «Las referencias más frecuentes a la precocidad de Pedro Henríquez Ureña se refieren al temprano despertar de su vocación humanista». Pero ya antes, mucho antes, también el padre alcanzaba a ver en su hijo Pedro dones especiales. Francisco le dice a Salomé ―en carta datada en París el 18 de enero de 1888, cuando nuestro personaje aún no había cumplido los cuatro años de edad―: «Lo que me dices de Pibín me satisface, pero no me asombra». 3 Pibín era el apodo familiar de Pedro.

En otra carta escrita por Francisco nueve días después, le comenta a Salomé:

Veo con suma satisfacción los progresos de Pibín, pero desearía que al mismo tiempo se me marcaran los de Fran. Siempre creí que Fran sería el matemático y no Pibín. Sin embargo, creo que solo se diferencian en la expontaneidad, que es mayor en Pibín. 4

El discurrir epistolar entre estas dos figuras excepcionales de la cultura nacional ―de envidiable prestigio en ese momento― sólo llega a su fin con la muerte de la entrañable amiga y ferviente colaboradora del Apóstol Eugenio María de Hostos. En cada una de sus cartas era recurrente el tema referido a los niños, al modo en que los mismos iban progresando en sus estudios. Toda la atención de esos padres se centraba en los hijos. Eran padres y educadores ejemplares. «El 29 cumple Pibín sus 4 años. Ya le enviaré su regalo», 5 le recuerda Francisco a Salomé en carta fechada el 14 de junio de 1888. El padre de Fran, Pedro, Max y Camila permanecería en París, realizando estudios especializados en medicina, hasta 1891. Arribaría por el muelle del río Ozama el 6 de julio de ese año.

Francisco tenía tan presente el cumpleaños de Pedro que dos semanas después ―el 28 de junio― le escribe otra misiva a Salomé en la que le dice:

Mañana es el cumpleaños de Pibín, del gran Pedro Nicolás Federico. Anoche, viajando en un ómnibus, vi a un niño que leía las letras de anuncios que siempre hay inscritos sobre los vidrios. Pregunté á sus padres qué edad tenía y me respondieron que 4 años. Entonces, orgulloso, me acordé de Pibín, pensando que á tal edad sabe él mucho más. 6

Grato fue para nosotros descubrir, en el proceso de construcción de esta conferencia, la fecha en que fue tomada una foto de los tres varones de Salomé y Francisco que, por varios años hemos conservado y que no habíamos podido datar. Pudimos enterarnos del año por la descripción que de ella hace Salomé en una carta con la cual le envía la foto a su esposo todavía en Francia. Es una carta del 4 de agosto de 1888:

Por fin irán los retratos. Ya me mandaron la prueba, y están bien. Ahí verás a Pibín con su cara de mal genio. Me dicen que se impacientó, con la posición que le hacían tomar, y la contrariedad no ha podido menos que manifestarse en su semblante. El fotógrafo mismo lo despeinó como lo ves. Todos están bien; Fran muy natural, pero el que está admirablemente bien es Sillano. 7

La foto impresionó marcadamente al padre, quien, en carta del 27 de septiembre del citado año, le comenta a Salomé lo siguiente:

Los hijos de Salomé y Francisco

Yo los he hallado muy bien, tan bien que quería hacer aquí una reproducción en grande para enviártela. Desgraciadamente me piden algunos cientos de francos que andan escasos. Por lo mismo que Pedro Nicolás está enojado, está mejor porque se revela en su carácter generalmente enojadizo. Me gusta el despeinado  y te recomiendo que así le arregles su cabeza en adelante. Es lo que más ha llamado por aquí la atención en quienes los han visto. Todo el mundo los ha encontrado tres gentiles. Por fin, sobre mi cabecera los ha colocado Mdlle. Fatel y encima de ellos una imagen de Jesús que lo representa en aquel momento en que decía: ‘dejad  venir á mí los niños’. En fin, que Fran es el más buen mozo, Pibín el más simpático y Sillano el más bonito. Ya ves que no es poco encontrar. 8

Sillano era el apodo familiar del no menos brillante intelectual Max Henríquez Ureña (16 de noviembre de 1886 / 23 de enero de 1968), el autor de Panorama histórico de la literatura dominicana (1945) y de Breve historia del modernismo (1964). De gran valor espiritual habrá de ser su ensayo Hermano y Maestro. Recuerdos de infancia y juventud (1950), bellísimo homenaje a su amado hermano Pedro. Fran le llamaban a Francisco Noel, el mayor de los cuatro hijos de Salome y Francisco, que en Cuba destacaría como profesional del derecho especializado en el ramo de los seguros.

Lo cotidiano, el día a día y el bregar con las enfermedades epidémicas tan comunes en nuestro país para ese entonces ―como la difteria o crup, la lepra, la tuberculosis―, no escapaban a la atención de la distinguidísima pareja, que mostraba una constante preocupación por los asuntos inherentes a la salud de sus vástagos. Al fin y al cabo eran seres humanos con sensibilidades, limitaciones y preocupaciones:

«Los catarros ya no me preocupan. A Pibín le volvió a dar ligero en días pasados; pero yo creo que con el jarabe de rábano irá perdiendo esa predisposición. Me parece nota que le hace mucho bien», 9 le informa la insigne educadora a su esposo en carta del 7 de septiembre de 1888. Y continuará rindiendo, emocionada, informes sobre los progresos de su hijo favorito, al de sus mayores desvelos, al que le escribiría los últimos versos de su vida: «Mi Pedro».

Pibín lee muchísimo. Ya lee en cualquier libro que coge y yo quisiera una obrita bonita, de cuentecitos á su alcance, para presentársela el día de pascua como presente del ángel. Sillano seguirá las huellas de Pibín. 10

¡Cuánta visión tenía esa mujer excepcional! También supo profetizar el futuro de destacado hombre de letras de Max, casi a la altura de su hermano Pedro. Pero el más imperecedero de los recuerdos familiares que atan a Salomé con su hijo Pedro es la pieza poética citada, que a continuación leeremos:

 

Mi Pedro

 

Mi Pedro no es soldado; no ambiciona

de César ni Alejandro los laureles;

Si a sus sienes aguarda una corona,

la hallará del estudio en los vergeles.

 

¡Si lo vierais jugar! Tienen sus juegos

algo de serio que a pensar inclina.

Nunca la guerra le inspiró sus fuegos:

La fuerza del progreso lo domina.

 

Hijo del siglo, para el bien creado,

La fiebre de la vida lo sacude;

Busca la luz, como el insecto alado,

y en sus fulgores a inundarse acude.

 

Amante de la Patria, y entusiasta,

El escudo conoce, en él se huelga,

y de una caña, que transforma en asta,

el cruzado pendón trémulo cuelga.

 

Así es mi Pedro, generoso y bueno;

todo lo grande le merece culto;

entre el ruido del mundo irá sereno,

que lleva de virtud germen oculto.

 

Cuando sacude su infantil cabeza

el pensamiento que le infunde brío,

estalla en bendiciones mi terneza

y digo al porvenir: ¡Te lo confío!

 

NOTAS

 

1 Familia Henríquez Ureña. Epistolario. Compilador: Jorge Tena Reyes. Santo Domingo, Rep. Dom.: Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, 1994. Pp. 232-233).

 

2 Revista Eme-Eme: Estudios Dominicanos, vol. XI, (62): 25-48, septiembre-octubre, 1982; órgano académico de la Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM), hoy Pontificia.

 

3 Epistolario, p. 12.

 

4 Idem, p. 15.

 

5 Epistolario, p. 92.

 

6 Idem, p. 96.

 

7 Idem, p. 112.

 

8 Idem, p. 137.

 

9 Idem, pp. 128-129.

 

10 En carta a Francisco de fecha 13 de octubre de 1988. Ver: idem, p. 143.

 

*Fragmento de la conferencia que sobre Pedro Henríquez Ureña dictara Miguel Collado, el 29 de junio de 2011, en la ciudad de San Juan de la Maguana: “Pedro Henríquez Ureña visto a través de los recuerdos familiares”.

 

Por Miguel Collado

 

 

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