El “Caballo Mayor” cerró con broche de oro

Por Rolando Fernández

Sin importar credo religioso convencional alguno, ese merengue, intitulado “JESÚS ES LA LUZ”, que prácticamente al final de sus días terrenales, interpretó con la maestría acostumbrada, el “Caballo Ventura”, describiendo en parte, como alabando al amado Maestro Jesús, y cerrando con la pieza de referencia, parcialmente, su grandiosa carrera artística, se podría decir, merece una profunda e imparcial reflexión, asociada con los tiempos navideños presentes, en que la humanidad conmemora su nacimiento, la Navidad.

Evidentemente, muy loable se reporta esa producción musical y edificante, por el excelente mensaje que se trata de transmitir mediante la misma a los hombres (general); y sobre el que quizás, el mismo Johnny no estaba tan consciente del esoterismo envuelto; de la profundidad espiritual de sus palabras más bien.

Y eso, debido a que entendemos, que el “Caballo Ventura” solo profesaba creencias religiosas convencionales, no de orden esotérico propiamente.

Claro, también es digno de reconocimiento, al margen, el magnífico marco musical logrado que acompaña la composición de que se trata, no raro en la mayoría de sus otras producciones, que serán recordables siempre por supuesto.

En tenor de lo que se pretende exponer aquí, es preciso decir, a manera de complemento necesario, que todo aquel ser humano que se ha inclinado por investigar, o indagar con voluntad sentida, en el contexto esotérico correspondiente, sobre las razones por las cuales fue creada por el Gran Arquitecto de Universo la especie humana, como parte de Éste, de seguro ha logrado acopiar valiosas informaciones respecto del gran trabajo realizado por Jesús, terrenalmente, en favor de la humanidad.  Primero, como el Jesús Hombre, y luego durante su Ministerio terrenal, como Jesús el Cristo, desde los treinta a los treinta y tres años de edad.

Es preciso señalar en ese sentido, que según apuntan los que saben sobre numerología esotérica, el hecho de que, su ministerio como el Cristo se iniciara a los 30 años, y durara hasta los 33, significa que, multiplicando tres por tres, se determina, asociándolo con su trabajo, que el número 9 es el que corresponde, en ese contexto, a la evolución espiritual de la especie humana.

Y, que fue ése el sendero evolutivo consciente necesario a recorrer por todos hombres (general),  el que Él ejemplificó durante su tránsito terrenal; al tiempo de prescribir que, para todos los seres humanos poder regresar a su Fuente de origen, primero hay que hacerse Uno con el Cristo, tal se produjo en Él; y, ¡qué no hay atajo posible!

Se asocia dicha numeración, con el período de gestación femenino humano – mujeres, obviamente -, porque es ésa la que permite el ingreso al plano físico de la materia a las entidades espirituales sujetas a evolucionar sobre este planeta.

Se concretiza ese proceso de encarnación durante nueve faltas menstruales de 28 días cada una. Es decir, siguiéndose el mismo lapso de tiempo que dura cada ciclo lunar. ¿Por qué?

Según sostienen los entendidos, la Luna, es el elemento femenino de la Madre Naturaleza, con sus respectivos efectos, e influencias notales sobre los desenvolvimientos terrenales, en su mayoría, incluidos los concernientes a la humanidad propiamente; y, se toma ésa como marco de referencia, a los fines de asociar los periodos de gestación de las mujeres, qué son las que tienen a cargo la ampliación y conservación de la especie humana.

Ellas, las féminas, constituyen el medio a través del cual las entidades espirituales pueden encarnarse en este plano de la materia física densa, vale reiterar; y, convertirse en almas, para poder continuar con su proceso evolutivo a cargo, en la “escuela” de la Tierra. Lógica la asociación, ¿verdad? ¡A “cranear” entonces sobre el asunto! Intrincada temática, ¿no es cierto?

Continuando con el Maestro Ascendido Jesús, son muchas las cosas que se podrían decir con relación al mismo; y, entre ella están, de forma sucinta: el misterio de su nacimiento como ser humano, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, según las Sagradas Escrituras.

También, la preparación  previa,  a posteriori de su natalicio, de la cual  tuvo que ser objeto  el Mismo, en términos de estar en condiciones – prepararse -,  para poder alcanzar el nivel de evolución espiritual requerido,  y entonces así encarnar, terrenalmente, la Magna Conciencia del Padre en los Cielos, de forma tal que eso le permitiera llevar a cabo la misión que le fuera encomendada por el Padre Supremo entre los hombres: enseñar  a los mismos los   procederes debidos a observar por éstos, y ejemplificar sobre el qué hacer para recorrer el sendero de evolución consciente, necesario para toda la humanidad, en pos de   poder retornar luego a su Fuente de origen, el Supremo Creador.

De ahí que se diga en el contexto espiritual, entendemos nosotros:  “ Él es el tipo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre, para servirle de modelo y guía”. (Izaias Claro, obra “DEPRESION: Causas, Consecuencias y Tratamiento”).

Claro, para regresar al Padre en los Cielo, según afirman los entendidos, primeo hay que hacerse Uno con el Cristo; alcanzar la Magna Conciencia Divina que el encarnó, y que es el nivel de evolución necesario, el “Cristado”; qué no hay atajo posible fuera de Ésa, ¡Válida la repetición!

Por eso decía Jesús el Cristo, durante su Ministerio terrenal,Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14-6, Sagrada Biblia.  Obviamente, refiriéndose a esa Consciencia que él encarnaba, no al Jesús Hombre.

En adición además se expresa en dicha obra, “que constituye el mejor Amigo de la Humanidad; y, que es el Administrador Mayor del planeta”. ¡Qué trabajo!

No han sido roles tan sencillos los desempeñados por ese gran Maestro, sirviendo a la especie humana; como tampoco, el que actualidad lleva a cabo, por disposición divina superior, según afirman los que saben.

Por tanto, en estos precisos tiempos navideños, en que se celebra su Nacimiento – la Natividad – el alabarle, loar la misión terrenal del Maestro con respecto a los hombres, tal lo hace Johnny en su valiosa pieza musical merenguera, hacen merecedor al connotado artista de un cálido reconocimiento más, aunque sea póstumo ahora.

El “Caballo Mayor” cerró con broche de oro. ¿verdad que sí?

 

Autor: Rolando Fernández

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