RESUMEN
La llegada al país de los primeros misioneros del PRD, aquel lejano 5 de julio de 1961, democratizó el trujillicidio y abrió cambios epónimos en la maltrecha sociedad dominicana. Fue un arribo bautismal. De repente, llegó una fuerza democrática instalada en el duro exilio antitrujillista y produjo una explosión democrática. Claro, el PRD maniobró, se alió al oficialismo y emprendió una cruzada por la libertad. Detrás del trío perredeísta -Ramón Castillo, Nicolás Silfa y Ángel Miolán- estaba el líder máximo: Juan Bosch. De hecho, él ordenó que los tres vinieran al país como exploradores del drama nacional. Él permaneció en Costa Rica, donde lo había sorprendido el hecho heroico del 30 de mayo. (Expando esto en mi libro.)
Los tres apóstoles del PRD fueron la avanzada de Bosch. Finalmente, el líder perredeísta llegó el 20 de octubre de 1961, después de muchas esperas y desplantes. Lo que encontró fue una locura revolucionaria: jóvenes inquietos y agitados produjeron un estallido social en la calle Espaillat, e hicieron su fugaz revolución callejera. Esa zona fue ‘el Primer Territorio Libre de América»: un remedo absurdo de la estremecedora Revolución cubana.
Pero el país no era Cuba, convertida por Fidel Castro y sus barbudos en el Gran Satán del Caribe. Estados Unidos, obsesionado con la gran isla, inyectó el área con una nueva estrategia de seguridad y defensa, y atizó las energías conflictivas de estas naciones. En República Dominicana tuvieron éxito: evitaron que se volviera ‘una segunda Cuba’. Sin embargo, ese fantasma conjurado por Washington era una seria amenaza en República Dominicana, donde la muerte del tirano había creado un vacío de poder. Ese hoyo histórico podría llenarse con el fantasma del comunismo atroz, y por ello debía ser aniquilado.
En efecto, lo fue. Un tropel de exiliados regresaron después de saborear un destierro amargo y terrible. Habían escapado de esa gran cárcel sin barrotes que era el trujillato perverso, y volvían ahora con más incertidumbre que esperanza. La avanzada boschista sembró el jacho blanco, animó a las masas y, sobre todo, le allanó el camino el gran líder. Bosch encontró la alfombra tendida, y caminó por ella con su prestigio bien ganado.
Lo recibieron como el gran esperado. Después de encontronazos en el PRD y de volteretas por América Latina, Bosch retornó, dio charlas radiales y le enseñó a la gente el lenguaje de la democracia. Fue el gran evangelizador de la libertad.
Su gran adversario era la Unión Cívica Nacional (UCN), ese grupo de intereses económicos que conquistó el poder. El PRD y la UCN se enfrascaron en una batalla político-electoral y culminaron en las urnas su enfrentamiento feroz. El triunfo se lo llevó don Juan, líder de masas, maestro popular, genio literario y alfabetizador de la democracia. (En mi libro habrá más.)
Ya debo concluir.-




