RESUMEN
Cualquier ser humano, hombre o mujer, con vocación de poder o que quiera ejercer el poder, no es necesariamente el más apto ser para un hombre o una mujer de Estado; no todos los que aspiran a dirigir tienen vocación para manejar adecuadamente el conflicto social, tanto el conflicto social interno entre grupos en cada nación como el conflicto en el plano internacional.
Kennedy parecía ser un hombre con una gran vocación de hombre de Estado. Bastaría ver como hace un enfoque holístico en que toca diferentes tópicos sociales que guardan relación con la paz mundial, ya que el eje temático es La Paz, en pleno periodo de guerra fría. Kennedy era un presidente que defendía el orden de la democracia burguesa de corte occidental, por lo tanto un hombre de Estado que se identificaba con el establishment capitalista, pero tenía una racionalidad como estadista que lo colocaba a la izquierda de cualquiera de los líderes de la socialdemocracia europea occidental.
Fue un hombre que vivió para la política y no que vivió de la política, en las tipologías de Max Weber contenidas en su obra: El Político y el Científico. Electo presidente de los Estados Unidos en 1960, con apenas 43 años (había nacido en 1917), durante varios años estuvo una curul en la Cámara de Representantes al llegar a ella 1947 cuando cumpliría los 30 años de edad y luego en 1953 fue senador hasta que fue electo Presidente de Estados Unidos. Resulta hoy un paradójico que, siendo el primer presidente católico de su país, el segundo lo fue Joe Biden, haya resultado ser el jefe de Estado más racional de los Estados Unidos de todos los tiempos en la historia de ese país. Es que Kennedy captó desde muy joven el rasgo esencial del hombre de Estado, la capacidad de manejar los conflictos sociales que se dan entre sujetos que integran fuerzas sociales importantes.
¿Cómo lograría Kennedy columbrar eso? Después de estudiar leyes en Harvard University, Kennedy ingreso a La Armada de Estados Unidos, ya que no pudo ingresar al ejército, de todos modos al parecer en ese cuerpo de las Fuerzas Armadas de EE. UU., aprendió por lo visto a disciplinarse mucho, pues durante la Segunda Guerra Mundial estando dentro de las Fuerzas Aliadas en el frente oriental en el Pacífico Sur, siendo un teniente o capitán, una lancha torpedera en la que se movían él y otros fue partida en dos por un destructor japonés. A él le tocó la proeza de salvar la vida de sus compañeros, logrando sobrevivir en una isla deshabitada donde encontraron cocos para alimentarse, hasta que fueron rescatados al ser avistados por un helicóptero. Fue una situación que pudo manejar con mucho valor y eso lo convirtió en un coloso.
Es que se podría decir que Kennedy entendería desde muy temprano en su vida que al asumir la política como ejercicio práctico se hace necesario el manejo adecuado del conflicto, ya que la sociedad es tan diversa. ¿Pretendía Kennedy construir una sociedad igualitaria? No lo creo, pero sí creo que ningún otro presidente de Estados Unidos, ni antes de él y ni después de él, ha pretendido en Estados Unidos y ni en Europa Occidental llegar a reformas sociales como las que pretendió John Fitzgerald Kennedy. Pretendió Kennedy establecer un tipo de orden político dentro de la sociedad capitalista que coexistiera con los regímenes socialistas, lo que suponía una tolerancia y un acuerdo mutuo entre las partes, pero la situación de guerra fría impedía esto y el primero que no fue tolerado por su política de tolerancia a los adversarios políticos fue el propio presidente de Estados Unidos por su política de coexistencia pacífica. Fue asesinado por sectores de poder norteamericanos que no estaban de acuerdo con su política, sectores que no estaban de acuerdo con su oposición al armamentismo y la proliferación de armas nucleares, por lo que se ha planteado que hubo una convergencia de intereses entre sectores de poder norteamericanos e israelíes que eran opuestos a la política del presidente John Fitzgerald Kennedy. Este se resistía a aceptar que los judíos poseyeran armas nucleares, porque Kennedy era opuesto a la guerra total y a la proliferación de las armas nucleares.
Un hecho que resulta muy curioso es que Kennedy es asesinado en Texas y su sucesor (el vicepresidente) Lyndon B. Johnson era de Texas, un Estado que casi siempre ha favorecido en las elecciones al Partido Republicano. El presidente Kennedy era opuesto a una paz impuesta por Estados Unidos, hablaba de una paz duradera y no solo paz para los estadounidenses si no para todos los hombres. La paz la veía como el fin racional de hombres racionales. La paz genuina debe ser el producto de muchas naciones. El presidente los Estados Unidos nacido en Boston y de origen irlandés, era católico por provenir de una familia católica de migrantes irlandeses, pero muy equitativo y tolerante como político porque en su gobierno tomó en cuenta hasta a los propios judíos; por otra parte, no era partidario del trato privilegiado a instituciones como el caso de la firma de los concordatos con El Vaticano. Esto último y sus recomendaciones de reformas sociales, como la reforma agraria y la atención a la educación, lo llevaría a la afinidad con los planes de Juan Bosch, Luis Muñoz Marín y José Figueres. Por tanto, hasta sorprende que gentes que son de izquierda y otros que fueron (porque murieron) han llegado a vincular a Kennedy con el golpe de Estado contra Juan Bosch y el derrocamiento de este con el gobierno del anterior. Esto me parece un gran absurdo. En política aseverar semejante cosa es el más ridículo aserto que se puede hacer.
Entonces, cabe preguntarse: ¿Por qué a menos de 60 días del golpe de Estado a Juan Bosch asesinan a Kennedy en Dallas? ¿Quiénes lo mataron o quienes fueron los que contrataron sicarios para matarlo? ¿Para qué Kennedy querría deshacerse de tener en El Caribe un colega como Bosch o un gobernador en Puerto Rico como Muñoz Marín? Hace muchos años le mencioné a un amigo (EPD) el asesinato o la ejecución de Aldo Moro en 1978, líder de la Democracia Cristiana en Italia, por el grupo Brigadas Rojas, la respuesta que escuché fue: eso fue lo más estúpido que ese grupo pudo hacer, porque ese era un hombre tolerante o que llegaba a acuerdos con sus adversarios. En el otro extremo, década y media antes, en el otro lado del Atlántico, es decir, en los Estados Unidos, ocurrió algo similar a lo ocurrido con Moro en el 1978 en el país que otrora tuvo sede de La Capital del Imperio Romano de Occidente.
Veamos fragmentos del discurso de Kennedy pronunciado en Washington D.C., en el recinto de la Universidad Americana (Metodista) en una investidura el 10 de abril de 1963, poco meses antes de su asesinato:
Ningún gobierno o sistema social es tan malo que su pueblo deba ser considerado como falto de virtud. Como estadounidenses, encontramos el comunismo profundamente repugnante como una negación de la libertad personal y la dignidad. Pero todavía podemos aclamar al pueblo ruso por sus muchos logros: en la ciencia y el espacio, en el crecimiento económico e industrial, en la cultura y en los actos de valentía.
Entre los muchos rasgos que los pueblos de nuestros dos países tienen en común, ninguno es más fuerte que nuestro mutuo aborrecimiento de la guerra. Casi único entre las principales potencias mundiales, nunca hemos estado en guerra entre nosotros. Y ninguna nación en la historia de la batalla ha sufrido más de lo que sufrió la Unión Soviética en el curso de la Segunda Guerra Mundial. Al menos 20 millones perdieron la vida. Incontables millones de hogares y granjas fueron incendiados o saqueados. Un tercio del territorio de la nación, incluyendo casi dos tercios de su base industrial, se convirtió en un páramo, una pérdida equivalente a la devastación de este país al este de Chicago.
Hoy, si alguna vez estalla una guerra total de nuevo, no importa cómo, nuestros dos países se convertirían en los objetivos principales. Es un hecho irónico pero preciso que las dos potencias más fuertes son las dos que corren mayor peligro de devastación. Todo lo que hemos construido, todo por lo que hemos trabajado, sería destruido en las primeras 24 horas. E incluso en la guerra fría, que trae cargas y peligros a tantas naciones, incluidos los aliados más cercanos de esta nación, nuestros dos países soportan las cargas más pesadas. Porque ambos estamos dedicando enormes sumas de dinero a armas que podrían dedicarse mejor a combatir la ignorancia, la pobreza y la enfermedad. Ambos estamos atrapados en un círculo vicioso y peligroso en el que la sospecha de un lado engendra sospechas del otro, y las nuevas armas engendran contraarmas.
En resumen, tanto los Estados Unidos y sus aliados, como la Unión Soviética y sus aliados, tienen un interés mutuamente profundo en una paz justa y genuina y en detener la carrera armamentista. Los acuerdos con este fin son de interés para la Unión Soviética y para nosotros, y hasta se puede confiar en que las naciones más hostiles aceptarán y cumplirán las obligaciones del tratado, y solo las obligaciones del tratado, que sean de su propio interés.
Por lo tanto, no seamos ciegos a nuestras diferencias, sino que también dirijamos nuestra atención a nuestros intereses comunes y a los medios por los cuales se pueden resolver esas diferencias. Y si no podemos acabar ahora con nuestras diferencias, al menos podemos ayudar a que el mundo sea seguro para la diversidad. Porque, en última instancia, nuestro nexo común más básico es que todos habitamos este pequeño planeta. Todos respiramos el mismo aire.
Todos apreciamos el futuro de nuestros hijos. Y todos somos mortales.
Tercero: Reexaminemos nuestra actitud hacia la guerra fría, recordando que no estamos en un debate, tratando de acumular puntos de debate. No estamos aquí distribuyendo culpas ni señalando con el dedo del juicio. Debemos tratar con el mundo tal como es, y no como podría haber sido si la historia de los últimos 18 años hubiera sido diferente….
Kennedy cometió errores como hombre político, incluso en el plano moral, pero fue el presidente más culto y más racional que Estados Unidos ha tenido. De no haber tomado la Guerra Fría el curso que tomó hoy no tendríamos tanto de que lamentarnos y un Kennedy no hubiese sido asesinado, ni la amenaza de guerra nuclear o de guerra total existiera las sociedades no tuvieran tan grandes desigualdades sociales y el medio ambiente estuviera más protegido, cuidáramos mas del planeta, viviéramos en mayor armonía con la naturaleza y mayor tolerancia hacia nuestros semejantes, lo que no quiere decir que se extinguiría por completo el conflicto.
Las injusticias de la sociedad dividida en clases sociales antagónicas son peor que nunca en Estados Unidos. Las grandes desigualdades sociales en los Estados Unidos son peores que nunca, fruto de las guerras. Kennedy era partidario del desarme total. El sueño de Mi Tío de América con el American Life se terminó, más ahora con Biden y Trump.
Por: Francisco Rafael Guzmán F.
