«En todos los debates, que la verdad sea tu objetivo, no la victoria o un interés injusto» (William Penn)
La sociedad se impone a sí misma sus tiempos y temas. Aunque en la era del cibermundo los niveles de manipulación son inmensos, la sociedad continúa imponiendo sus asuntos.
En la Grecia clásica surge una escuela llamada Sofistas: escuela de retórica ( del buen hablar), activa entre los siglos V y IV a.C. Con un enfoque en el arte de persuadir para poder gobernar, fue duramente cuestionada por Sócrates por cambiar el foco de la filosofía de la naturaleza (physis) al hombre (antropos), centrándose en las leyes, la moral y la sociedad (nomos). Entre otras posturas que no nos interesan en estos momentos.
En República Dominicana no existe la cultura de debate. Aunque hay intelectuales interesantes, no se ha formado esa práctica de pulir ideas en confrontaciones públicas. No fue sino hasta la campaña del 2024 cuando ANJE logró convencer a los candidatos presidenciales de medir sus ideas de país en público. Fue un hecho trascendental para nuestra querida República Dominicana.
En otros países del continente americano existe una cultura significativa de debate, donde una confrontación de ideas puede cambiar el curso de unas elecciones, aquí todavía no tenemos un caso como el de Gerald Ford y las elecciones de 1976 en los EE. UU., contra Jimmy Carter. Aunque es muy subjetivo, sabemos con certeza que quien domina el debate gana puntos en las encuestas posteriores.
También es pertinente recordar que en la República Dominicana hubo un debate que, aunque no decidió el destino de las elecciones del 20 de diciembre de 1962 ―porque ya se vislumbraba que el PRD y su candidato saldrían victoriosos― sí mejoraron su posicionamiento electoral. Obviamente, que nos referimos al famoso debate entre el profesor Juan Bosch, a la sazón candidato presidencial del PRD y el padre Láutico García, ocurrido el 17 de diciembre de 1962, es decir, tres días antes de los comicios, que ganaron Bosch y su partido.
Este es un momento oportuno para fomentar la cultura de debate. En los medios circulan varios temas con una alta atención social y carga ideológica: el debate sobre izquierda y derecha, y sobre la religión y sus actores.
Días atrás hablaba con un amigo de izquierda ―una persona muy ilustrada, con una formación impecable― sobre retar a un debate a los defensores de derecha. No entendí su postura y, de hecho, no la compartí.
Por otro lado, tengo un buen amigo de infancia, connotado economista de derecha ―y no tan de derecha― que sufre al ver la pésima defensa de su corriente. Pero cuando le propuse organizar un debate, escapó a toda carrera. Fue como si hubiese mencionado que el diablo estaba a sus espaldas.
He tenido que leer a Marx y Hegel, y también los tres tomos de Los enemigos del comercio de Antonio Escohotado, para contextualizarme.
Las instituciones educativas locales deben fomentar en su currículo el debate de las ideas. Crear premios motivadores para jóvenes y adultos en las universidades e instituciones privadas. Disponer de su capital social para impulsar las ideas y crear un país más capaz, donde podamos encontrar salidas conjuntas para una mejor nación, en la que la convivencia y el debate, sean la forja en que se enriquezcan dialécticamente las ideas, resultado de sus recíprocas interacciones.
De esta manera encontraremos: el ágora perdida.
